Higiene. Cada cuánto hay que lavar las almohadas (y por qué casi todos lo hacen mal)
Aunque muchas personas cambian las fundas con frecuencia, pocas lavan las almohadas como corresponde.
Dormir sobre una almohada limpia parece una obviedad, pero hay un detalle que muchas personas pasan por alto: lavar la funda no es lo mismo que lavar la almohada. Y aunque suelen formar parte de la rutina de descanso todos los días, lo cierto es que muchas pasan meses e incluso años, sin una limpieza profunda.
Según especialistas en higiene del hogar, las almohadas deberían lavarse cada tres a seis meses, dependiendo del uso, del material y de factores como alergias, sudoración o si se duerme con mascotas. Sin embargo, pocas personas lo hacen con esa frecuencia, y ese es uno de los errores más comunes.
El motivo por el que tenés que lavar si o si tus almohadas
Con el tiempo, las almohadas acumulan sudor, grasa corporal, restos de piel muerta, polvo, humedad y ácaros. En algunos casos, también pueden concentrar bacterias e incluso hongos si están expuestas a ambientes húmedos o no se secan correctamente. Por eso, más allá de la apariencia exterior, la limpieza interna también importa.

El problema es que muchas personas creen que no pueden lavarse o que hacerlo las arruinará. Pero eso depende del relleno. Las almohadas de fibra sintética o plumas, por ejemplo, suelen poder lavarse en lavarropas, siempre revisando primero la etiqueta del fabricante. En cambio, las viscoelásticas o de espuma requieren otros métodos, generalmente limpieza puntual y ventilación.
Otro error frecuente es lavarlas, pero secarlas mal. Si quedan húmedas por dentro, pueden desarrollar mal olor, apelmazarse o generar moho. Por eso los especialistas recomiendan un secado completo, preferentemente al sol o en secadora, si el material lo permite, para evitar que retengan humedad.
Además del lavado periódico, también aconsejan airearlas con frecuencia y usar protectores de almohada, una capa adicional debajo de la funda que ayuda a reducir la acumulación de suciedad. Pero la limpieza no es el único punto importante. También hay un límite para su vida útil.
Aunque estén bien cuidadas, muchas almohadas deberían cambiarse cada uno o dos años, según su desgaste. Si perdió forma, quedó hundida, genera molestias en cuello o ya no recupera volumen, probablemente haya llegado el momento de reemplazarla.



