Bienestar. ¿En qué influye la hora que elegís para irte a dormir?
Especialistas aseguran que no solo importa cuántas horas se duerme, sino también a qué hora comienza el descanso. La regularidad, la profundidad del sueño y los hábitos nocturnos pueden marcar la diferencia.
En una época en la que las pantallas permanecen encendidas hasta altas horas de la noche y el trabajo suele extenderse más allá del horario habitual, cada vez más personas retrasan el momento de acostarse. Sin embargo, los especialistas advierten que la hora elegida para dormir tiene un impacto directo en la calidad del descanso y en el funcionamiento del organismo.
Aunque muchas personas se enfocan únicamente en alcanzar las ocho horas recomendadas, la fisiología del sueño demuestra que el descanso depende de varios factores. La especialista Jana Fernández, autora del libro Aprende a descansar, explica que la duración es solo uno de los pilares fundamentales. También influyen la continuidad, la regularidad y la profundidad del sueño.
Por qué es importante la hora en la que dormís
Uno de los errores más frecuentes es cenar demasiado tarde. Según explica el divulgador Gregorio Mora, cuando una persona realiza una comida abundante cerca de la medianoche, el organismo continúa trabajando en la digestión durante las horas en las que debería concentrarse en los procesos de recuperación física.

Esto puede alterar la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, y reducir el tiempo de descanso profundo. Las consecuencias suelen aparecer a la mañana siguiente: sensación de pesadez, falta de energía, dificultades para concentrarse e incluso la percepción de haber dormido muchas horas sin sentirse realmente descansado.
Los expertos destacan que el sueño humano está diseñado para ser continuo. Aunque pueden existir pequeños despertares nocturnos, el cerebro necesita atravesar distintas fases sin interrupciones para completar correctamente los procesos de recuperación. Por eso, dormir pocas horas o hacerlo en horarios irregulares puede afectar el bienestar general.
Otro aspecto importante es que las malas noches no pueden compensarse completamente durmiendo más al día siguiente. Fernández señala que cada ciclo de sueño cumple funciones específicas y que aquello que no ocurre durante una noche no puede recuperarse exactamente igual días después.
Además, factores como el estrés, el consumo de alcohol, ciertos alimentos o la actividad física intensa antes de acostarse pueden dificultar el acceso al sueño profundo, la etapa en la que se produce gran parte de la regeneración física del organismo.
Para mejorar la calidad del descanso, los especialistas recomiendan mantener horarios estables para acostarse y levantarse, evitar el uso de pantallas en el dormitorio y generar una rutina que ayude al cerebro a reconocer cuándo es momento de desconectarse.
En definitiva, la hora que elegís para irte a dormir influye mucho más de lo que parece. No solo determina cuánto tiempo descansás, sino también cómo funciona tu cuerpo durante la noche y la energía con la que enfrentarás el día siguiente.



