Turismo. El café de Buenos Aires que parece sacado de Bridgerton y que visitaron Einstein y Eva Perón
A pasos del Congreso de la Nación, un histórico hotel porteño esconde un café de impronta francesa que conserva la estética de la Belle Époque.
En pleno centro porteño, sobre Avenida Callao y a solo dos cuadras del Congreso, funciona un espacio que parece suspendido en el tiempo.

Detrás de la fachada señorial de un hotel inaugurado en 1910, llamado Savoy, se encuentra un café que combina arquitectura academicista francesa, historia política y una atmósfera que remite a la elegancia de principios del siglo XX.

Cómo es el café de Buenos Aires en el hotel Savoy que se parece a Bridgerton
El ingreso ya anticipa la experiencia. Puertas giratorias conducen a un lobby amplio, con pisos de mármol pulido, columnas de capiteles ornamentados y una sucesión de arcos que ordenan el espacio con simetría clásica.

En ese entorno se integra el café, bajo techos altos decorados con molduras originales y detalles florales en yeso que refuerzan el espíritu Belle Époque.

El diseño interior privilegia materiales nobles: bronce, madera maciza y vidrio biselado dialogan con grandes arañas de cristal que distribuyen la luz sobre tonos marfil y crema.

Los espejos verticales amplían la perspectiva y los sillones tapizados en pana y terciopelo invitan a una pausa lejos del ritmo acelerado de la ciudad. Desde algunos sectores se observan balcones interiores y la luz natural que ingresa desde la avenida, completando una postal que remite a un palacio urbano europeo.

El edificio no solo destaca por su estética. A lo largo del siglo XX fue escenario de encuentros políticos y culturales. Por sus salones pasaron personalidades como Albert Einstein, Eva Duarte y el expresidente Arturo Illia. Incluso, en 1914, Lisandro de la Torre fundó allí el Partido Demócrata Progresista.

En la actualidad, el café mantiene una propuesta gastronómica clásica. La carta incluye espresso, cappuccino y medialunas, además de opciones de almuerzo como risotto de hongos u ojo de bife con papas rústicas.
La combinación de patrimonio arquitectónico y cocina tradicional convierte la visita en una experiencia que trasciende lo gastronómico y conecta con una parte esencial de la historia porteña.



