Novedad. El bar oculto de San Telmo con 500 especies de plantas que es furor en Buenos Aires
En una antigua construcción del siglo XIX funciona uno de los espacios gastronómicos más originales de Buenos Aires. Este lugar se convirtió en un refugio para quienes buscan una pausa en pleno centro porteño.
En una ciudad como Buenos Aires, donde el movimiento urbano parece no detenerse y la oferta gastronómica crece constantemente, todavía existen lugares capaces de sorprender por su historia, su estética y su concepto.

Uno de ellos es Atis Bar, un espacio ubicado en el corazón de San Telmo que combina arquitectura histórica, naturaleza y gastronomía en una propuesta poco habitual dentro del circuito porteño.

Cómo es Atis Bar
El lugar funciona en una construcción que data de finales del siglo XIX, específicamente de 1890, y que en sus orígenes fue utilizada como convento jesuita. Con el paso del tiempo, el edificio fue transformándose hasta convertirse en un café y restaurante que hoy atrae a visitantes que buscan algo más que una simple salida gastronómica.

La dirección, Perú 1024, es la puerta de entrada a este oasis urbano que alberga más de 500 especies de plantas distribuidas entre terrazas, balcones y distintos espacios interiores. La presencia de vegetación es uno de los rasgos más distintivos del lugar, ya que convierte al edificio en una especie de santuario botánico dentro del tejido urbano.
Al ingresar, la arquitectura original del inmueble sigue siendo protagonista. Los techos altos, los muros gruesos y los pisos históricos se mantienen como parte de la identidad del espacio. Sobre esa base patrimonial se desarrolló un proyecto de paisajismo contemporáneo que incorpora plantas de diferentes especies y tamaños, generando un entorno que cambia según la estación del año.

El nombre del lugar tampoco es casual. Atis proviene de la mitología griega y hace referencia a una divinidad vinculada con la vegetación y los ciclos de la naturaleza. Según ese relato, el dios muere durante el invierno y renace en primavera, una idea que dialoga con el espíritu del lugar, donde el verde se convierte en el protagonista principal.

Más allá de su estética, la propuesta busca integrar historia, naturaleza y gastronomía. Lejos de ser solo un espacio pensado para fotografías en redes sociales, el proyecto se plantea como una forma de revalorizar un edificio histórico y adaptarlo a nuevos usos culturales y gastronómicos.

Uno de los sectores más destacados del lugar es su terraza, a la que se accede a través de escaleras originales del edificio. En este lugar, la luz natural atraviesa las hojas de las plantas y crea un ambiente ideal para quienes buscan un momento de calma en medio del barrio.
La propuesta gastronómica comenzó a desarrollarse a fines de 2020 y está pensada para acompañar esa experiencia relajada. Durante la mañana y la tarde, el protagonismo lo tienen el café de especialidad, la pastelería casera y distintos jugos y licuados frescos, lo que convierte al lugar en un punto elegido para brunch o meriendas prolongadas.

Para quienes buscan platos más completos, la carta también incluye pastas, woks, hamburguesas y milanesas, en una propuesta variada que intenta adaptarse a distintos momentos del día.
El ambiente cambia cuando cae la noche. En ese momento entra en funcionamiento una parrilla ubicada en la terraza, donde se preparan diferentes cortes de carne al aire libre. Esta propuesta nocturna suma otro atractivo al lugar, combinando gastronomía con un entorno verde poco habitual en pleno casco histórico.

