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Volver a las aulas y enfrentar las dificultades

Momento clave. El comienzo del año escolar suele provocar sensaciones encontradas tanto en los pequeños como en sus papás. Cómo integrar a niños con necesidades especiales.

27 de febrero de 2014 a las 12:01 a. m.
Romina Martoglio*
Volver a las aulas y enfrentar las dificultades
El verano va llegando a su fin y todo indica que niños y adultos deben prepararse para retomar sus rutinas.

El verano va llegando a su fin y todo indica que niños y adultos deben prepararse para retomar sus rutinas. Los más pequeños deben iniciar un nuevo año escolar con todo lo que supone enfrentar las situaciones propias del primer día de clases: la ansiedad que les genera reencontrarse con sus amigos, conocer compañeros y docentes nuevos, y la incertidumbre que pueden provocar los cambios académicos. Iniciar las clases implica dejar la diversión para volver a cumplir horarios y esto les puede generar sentimientos encontrados. Cada uno vive de una manera especial sus expectativas, temores y ansiedades frente a las nuevas responsabilidades. "El comienzo de clases tiene tantas particularidades como alumnos hay en la escuela", asegura Paola Navalón, psicopedagoga y coordinadora del Centro de Integraciones Educativas Privado (CIEP). Por su parte, Eugenia Patiño, neuropediatra del Servicio de Neurología Infanto Juvenil (Cetes) de Córdoba agrega: "Frecuentemente, los niños no disfrutan del colegio y, por lo tanto, no quieren retomar las clases". "Este rechazo podría generarse por la sensación de imposibilidad para tener un rendimiento académico satisfactorio, una buena socialización o un adecuado control de su conducta", añade. "Y esta sensación de imposibilidad podría ser causada por situaciones personales, familiares, escolares o sociales", completa. Para aquellos niños que tienen necesidades educativas especiales, y se están integrando a la escuela, estas sensaciones no son diferentes. Por ello, todas las situaciones que puedan generar el rechazo de los chicos a iniciar el ciclo lectivo deberían ser detectadas y resueltas de manera conjunta entre ellos y sus padres, docentes, maestros integradores y equipo terapéutico, si lo hubiese. "Mientras mayor sea la capacidad para planificar conjuntamente, mayor será la posibilidad de que los alumnos resuelvan situaciones problemáticas del ámbito escolar de manera eficaz", afirma Patiño.

Escuela y diversidad

La escuela hoy se compromete a trabajar con la diversidad, lo que supone abordajes diferenciados para poder cubrir las necesidades individuales de los alumnos. En este sentido, las especialistas opinan que desconocer las diferencias sería 
erróneo.

Sin embargo, la mayoría de las escuelas aún no está preparada para incluir la diversidad. “Una maestra que tiene que estar a cargo de 30 niños –seguramente todos diferentes entre sí– no puede por lo general hacerse cargo, además, de quienes tienen dificultades específicas y necesitan adaptaciones permanentes a las actividades”, afirma Romina Luc, psicóloga y maestra integradora de niños con trastorno generalizado del desarrollo (espectro autista), en las escuelas María Saleme de Burnichón (Córdoba), Gastón Vergongeanne (Villa Allende) y en la escuela rural Domingo French (Cabalango).

Por eso existen maestros integradores que se ocupan de mediar entre los requerimientos escolares y las posibilidades que estos niños tienen en su entorno educativo.

“El aprendizaje es una construcción social por el cual cada individuo realiza su aporte y se enriquece en el intercambio con otros. Creemos que la clave es el trabajo conjunto y la aceptación de la diversidad, y cada paso que damos en esa dirección es un logro que nos permite crecer y aprender a todos”, dice Navalón.

Existen diferentes causas por las cuales algunos niños necesitan un proceso de integración escolar. “A veces son cuestiones académicas, y se vuelve necesario que el maestro integrador adecue la currícula a sus posibilidades. Otras veces se trata de dificultades conductuales y el integrador es un nexo, entre los niños y sus pares, para mejorar la socialización”, resume Andrea Abadi, jefa de la sección de psiquiatría e interdisciplina de salud mental pediátrica del Hospital Italiano de Buenos Aires.

Los maestros integradores deben ser un sostén para que estos alumnos puedan tolerar el ingreso a la escuela y a la clase, facilitar su relación con la docente y sus compañeros, así como protegerlos de situaciones que les puedan generar angustia, frustración o estrés.

En este sentido, Abadi aconseja que tomen contacto con su maestro integrador antes del primer día de clases. El docente puede acercarse al hogar para merendar y jugar con su alumno, a los fines de ir estableciendo un vínculo de afecto y confianza. “A su vez, el maestro integrador debe conocer previamente a la docente de la escuela con el fin de acordar objetivos de trabajo”, agrega Navalón.

Durante los primeros días de clases, la mejor forma de acompañarlos es siendo flexibles para que expresen lo que sienten.

“Es muy importante confiar en los niños, saber que son capaces, no ponerles un techo de antemano ni atarlos a su diagnóstico; centrarnos en sus capacidades, que seguro son muchísimas”, indica Luc. E insiste: “Debemos observarlos mucho y estar a disposición de ellos para escucharlos y apoyarlos. No juzgar sus conductas como malas o inapropiadas, ni atosigarlos desde un principio con límites, normas y prohibiciones”. Dice que si los chicos se expresan con angustia o enojo es porque lo necesitan. “Entonces, con mucho amor y respeto, debemos ofrecerles conductas más apropiadas para lograr lo que están necesitando”, agrega.

El amor de los padres

La anticipación y organización por parte de los papás para el regreso de los chicos al colegio es fundamental.

“Unos días antes de retomar las clases, deberían hablar con sus hijos sobre la importancia de regresar a la escuela, así como también determinar lo que se espera de ellos. Es decir, hacer centro en los objetivos y metas a lograr y no en el esfuerzo que ello conlleva”, dice Patiño.

También es beneficioso que los niños puedan organizar y cumplir con un cronograma, el cual debe estar colocado de manera tal que verlo sea sencillo (en primera hoja de la carpeta o pegado en la puerta de la heladera de la casa), donde figuren todas las actividades que van a realizar durante la semana, con sus respectivos horarios.

“Sería bueno que todos los días tengan tiempo para dedicar al estudio, al ocio, a la recreación y a dormir”, remarca Patiño.

La compañía de los padres el primer día de clases es fundamental para que los niños se sientan más seguros y confiados, tanto respecto al entorno como a sus posibilidades. Sin embargo, los adultos muchas veces también experimentan temores, más aún cuando sus hijos tienen necesidades educativas especiales.

Las especialistas indican que es necesario que traten de “mantener la calma, confiar en las capacidades de sus niños y de los profesionales que los asisten” y, sobre todo, que “puedan acompañarlos con mucho amor”.

“Los padres de alumnos con necesidades especiales deberían permanecer en constante comunicación con los maestros integradores, atendiendo sus sugerencias e indicaciones para favorecer el proceso de adaptación”, afirma Luc. Además, estar a disposición por si es necesario ir a buscarlos antes los primeros días.

Si el niño es nuevo en la institución, se recomienda conocer previamente la escuela, su docente y también a la persona que lo retire cuando no vayan sus padres.

Tanto los papás como los maestros tienen la misión de transmitir a los niños que la escuela es un espacio de aprendizaje, pero también de mucho juego.

*Especial