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Lesiones con nombre de deporte

Movimientos con riesgos. El organismo puede acusar el impacto de la exigencia por peso o repetición aun sin que la persona sea atleta. Es necesaria la consulta temprana para evitar el malestar crónico.

02 de abril de 2014 a las 12:01 a. m.
Valia Yankilevich (Especial)
Lesiones con nombre de deporte
Movimientos con riesgos. El organismo puede acusar el impacto de la exigencia por peso o repetición aun sin que la persona sea atleta.

Si alguien que jamás hizo deporte plantea un día que tiene "codo de tenista", suena por lo menos extraño. Tanto como que un rugbier padezca rodilla de esquiador o un cajero, "codo de golfista". Se trata de lesiones que adquieren el nombre del deporte que comúnmente las origina, pero que las pueden padecer cualquiera de los mortales. Y así de raro suena decir que se tiene "espalda de ciclista" sin haberse acercado nunca a las dos ruedas. "En medicina del deporte existen entidades patológicas, o lesiones que, por la frecuencia que adquieren en los atletas que practican dichas disciplinas, son conocidas por el nombre del deporte en cuestión. Tal es el caso del codo de tenista, codo de golfista, espalda del ciclista, tobillo de futbolista, rodilla del esquiador, etc. Estas lesiones podrían ser consideradas como enfermedades profesionales, si aplicáramos un criterio laboralista", explica José Luna, especialista en Medicina del Deporte, del equipo del Instituto Traumatológico de Córdoba y médico del plantel profesional del Club Atlético Belgrano.

Tobillo de futbolista

Es una lesión del tobillo que se da muy frecuentemente en jugadores de fútbol con muchos años de práctica del deporte. No es una lesión aguda, sino crónica, que se va produciendo con el tiempo. “Podríamos decir que cualquier jugador de fútbol de más de 30 años de edad y que lleve más de 20 practicando este deporte puede presentar esta patología y con una simple radiografía se ven estos cambios patológicos, aunque existe la posibilidad de que no desarrolle síntomas. Vale decir que, si bien la lesión existe, no siempre puede manifestarse clínicamente y el deportista puede terminar su carrera sin haber sufrido problemas en el tobillo aunque haya desarrollado la patología”, explica Luna.

Se produce por el simple hecho de patear la pelota. Ese proceso genera una pequeña lesión en la cápsula anterior del tobillo, que es “como una bolsa ligamentaria que une la parte anterior de la tibia con la parte anterior del astrágalo”. Cuando la lesión es pequeña, puede ser pasada por alto o tolerada y el organismo intenta una reparación. Al no producirse el reposo, el organismo sigue intentando la cicatrización, y se produce una osificación de las inserciones de la cápsula, “que terminan desarrollando estos osteofitos (excrecencias óseas) o mal llamados sobrehuesos que son los que aparecen en las radiografías y que producen los síntomas de dolor y limitación para flexión dorsal del tobillo”. Cuando se mantienen y se hacen intolerables para el deportista deben ser resueltos a través una cirugía.

El tobillo de futbolista puede verse en personas que habitualmente someten a la articulación a las exigencias y lesiones diarias que prevalecen como causas de esta lesión.

Codo de tenista

La epicondilitis o “codo de tenista” es una expresión utilizada para describir una gran variedad de síntomas en la región lateral del codo. Es más frecuente en el jugador amateur que en los deportistas de élite y aparece, habitualmente, como consecuencia de una mala técnica del golpe de revés. Es una lesión por esfuerzo repetitivo en la que se inflaman los músculos que se insertan en la cara externa del codo. Al continuar expuestos a continuos movimientos forzados, provocan dolor e inflamación en el músculo en una primera etapa, y desgarros o alteraciones en la unión del tendón con el hueso en una segunda etapa. La aparición de la lesión también se ha relacionado con el peso y el material de la raqueta, con el grosor de la empuñadura y con el tipo y tensión de las cuerdas.

Produce dolor, inflamación, pérdida de fuerza de prensión en el epicondilo. El dolor puede desaparecer con el reposo, pero reaparece con el uso de la extremidad afectada.

Suele recomendarse el uso de epicondilera en el codo. Tratar de levantar los objetos con la palma de la mano hacia arriba para no utilizar innecesariamente la musculatura epicondílea, en general más débil que 
la de la región palmar del antebrazo.

Codo fijo y movimiento del antebrazo, por ejemplo, para utilizar frecuentemente sellos puede derivar en esta afección. “He visto en trabajadores de fábricas de golosinas que tienen que empaquetar (movimientos repetitivos) en cinta y a tiempo las golosinas, o en soldadores”, revela Oscar Salomón, médico traumatólogo, especialista en cirugía reconstructiva de miembros superiores del Instituto Modelo de Cardiología.

Codo de golfista

Se refiere a la aparición de dolor en la región interna del codo relacionada con un esfuerzo con el miembro extendido y la muñeca en flexión (golf, béisbol, etc.). Es más frecuente entre la cuarta y quinta décadas de vida, con un mecanismo de producción similar al de la epicondilitis, explica Salomón.

Produce fuerte dolor al extender el codo (como al cargar bolsas u otros elementos pesados). Al igual que en el caso de la epicondilitis, el dolor puede desaparecer en reposo y reaparecer con la actividad. Es importante evitar la sobrecarga de pesos (bolsas de compra cargadas, maletines).

También se la denomina “epitrocleitis”. “Las he visto en metalúrgicos que manipulan llaves de fuerza a repetición (codo extendido y mano flexionada)”, afirma Salomón.

Rodilla de esquiador

Los deportistas que practican esquí tienen una mayor probabilidad de desarrollar lesiones a nivel de sus rodillas más que en otras articulaciones. Por la característica de la posición que presentan los esquiadores al desarrollar su deporte (tobillos fijos, y rodillas libres con una tendencia a mantener las mismas en semiflexión, leve valgo y rotación interna del fémur sobre la tibia: algo así como “las patas de catre”) las rodillas presentan una mayor probabilidad de romper el ligamento cruzado anterior; como lesión base y principal que además se puede acompañar de distensión o ruptura de ligamento lateral interno y lesión de menisco externo; esa triada compone lo que se conoce como “rodilla del esquiador o triada fatídica”.

Habitualmente los deportistas manifiestan claramente síntomas de dolor intenso en la rodilla, acompañado de 
sensación de inestabilidad y también puede sumarse edema (hinchazón) como síntomas principales.

En función de la gravedad de las lesiones, el tratamiento varía desde la inmovilización y el reposo con procesos de fisioterapia y kinesiología, hasta la posibilidad de una cirugía artroscópica de rodilla que consiste en una plástica del ligamento cruzado anterior.

Cualquier deporte de campo, en el que haya frenos y giros, básicamente con presencia de campos blandos y tapones puede predisponer al desarrollo de cualquiera de estas lesiones en forma aislada. “La tríada completa la he visto en jugadores de rugby”, acota Luna.

Otra lesión del esquiador

La lesión del esquiador, también conocida como de Stener, se debe a un traumatismo con estiramiento excesivo de los ligamentos del pulgar producida por el impacto del bastón al caer. La lesión es directamente proporcional a la intensidad del traumatismo: los casos van desde un esguince leve hasta una ruptura ligamentaria completa. Deriva en la dificultad para tomar u oprimir objetos entre el pulgar y los dedos. “Puede darse por caídas en las que queda enganchado el pulgar en algún objeto fijo”.

El tratamiento de esta patología varía desde la inmovilización, hasta la cirugía, dependiendo del tipo de lesión.

Ciclistas

Aunque el uso de la bicicleta fortalece los músculos de las piernas, no hace mucho por los ubicados alrededor de la columna vertebral. Flexionar la columna lumbar hacia delante mientras se arquea la parte superior de la espalda por largos períodos puede sobrecargar los músculos de la espalda y el cuello. El ciclismo de montaña en superficies irregulares puede causar sacudidas y compresiones repentinas en la columna vertebral.

Uno de los motivos de consulta más frecuente de los ciclistas es el dolor de la columna, reconoce el especialista en Medicina del Deporte, Mariano Cocco. El dolor lumbar representa un 45 por ciento y el dolor cervical y dorsal un 33 por ciento del total de consultas médicas relacionadas con el ciclismo. Son dolores que puede presentar cualquier ser humano que realice tareas en forma continua en posiciones similares a la adoptada sobre la bicicleta, sin necesidad de ser ciclista profesional, amateur u ocasional.

Agudas o crónicas

Las lesiones se pueden clasificar en agudas y crónicas. En las primeras, lo habitual es sentir un dolor grave repentino, hinchazón, imposibilidad de apoyarse en algún miembro, tener dificultades en el movimiento normal de una articulación o inclusive puede haber alguna articulación fuera de su sitio.

Tratamiento precoz

Sea cual sea la dolencia, es importante consultar tempranamente ante la aparición de síntomas, con el fin de evitar la cronificación del problema.

Si se realiza alguna actividad deportiva o esfuerzos reiterados en forma habitual, no se debe continuar –es recomendable suspenderla temporalmente y aguardar la indicación del médico– cuando se presenta una molestia permanente o más aún si existe un dolor limitante.

Tampoco hay que aplicar estrategias de compensación, como alterar el mecanismo para la ejecución de determinados movimientos, ya que eso traerá aparejado la alteración de la biomecánica del miembro implicado pudiendo producir mayores lesiones de otras articulaciones y grupos musculares.

Sin el tratamiento adecuado, se generarán afecciones e incapacidades de diverso grado.

En conclusión, además de la prevención y la incorporación de hábitos y conductas saludables, una vez que la lesión aparece y se manifiesta por dolor y otras molestias en los miembros es indispensable la consulta con un traumatólogo especialista quien orientará sobre el tratamiento más adecuado para revertir la situación y mejorar la calidad de vida presente y futura del paciente.