Las aulas también sanan
Proyecto de vida. La posibilidad de terminar el ciclo primario o secundario aporta a los pacientes un incentivo que mejora el estado anímico y la adhesión a los tratamientos.
Las propuestas alrededor del concepto de salud siguen brotando en las instituciones. En el hospital Oncológico se desarrolla un programa que apunta a la calidad de vida de los pacientes y sus familiares cercanos, en cuanto a brindarles la oportunidad de realizar o terminar sus estudios primarios y secundarios.
Los primeros pasos se dieron en septiembre y en cuanto se lanzó la convocatoria, tuvieron 30 inscriptos para secundaria y dos para primaria.
“Me inscribí porque me interesa terminar el secundario”, contó Sandra Pérez, paciente oncológica.
También asistió Miriam, reikista, muy delgada, de grandes ojos celestes, paciente de larga data del hospital. Lleva un rótulo en el reverso de su celular y se lo muestra a quien le pide el número. “Estoy aquí porque mi nieta me dijo: ‘abuela, por qué no hacés el primario”.
La iniciativa surgió en el grupo de psicoterapia de la institución, donde los pacientes manifestaron la necesidad de estudiar, expresando que a pesar del problema de salud, la idea de formarse es un proyecto de vida, que implica comenzar de nuevo y cerrar asignaturas pendientes.
“Creemos que brindamos una experiencia innovadora en cuanto a educación de adultos, al facilitar otra oportunidad para terminar el primario o el secundario. Esto significa brindar más recursos, más estrategias, más herramientas a la hora de hacer frente a los problemas del cuerpo y del cáncer”, manifestó Martín Alonso, director del Hospital Oncológico. “Además, hay un importante componente de desarrollo personal, fortalecimiento de la autoestima, establecimiento de nuevas relaciones interpersonales, que también contribuyen a facilitar este nuevo camino”, añadió.
En la gestión del programa y facilitación de docentes, participa el Ministerio de Educación de la Provincia, que designó a Noelia Farías como coordinadora pedagógica. Farías remarca que con estos alumnos deben tener en cuenta el contexto y explicó que trabajan con módulos de matemáticas, lengua, inglés, ciencias sociales y naturales y del área técnico profesional.
“Nos vamos a adaptar a cada uno en su proceso de alfabetización”, dijo la docente Bárbara Rocha Kernolj, en relación con los alumnos de primaria. Es una enseñanza más personalizada, según explicó, porque cada estudiante puede estar en distintas etapas. “Puede que algunos manejen números, pero no escriban”, ejemplificó.
La educación es a distancia, flexible y se tiene en cuenta los tiempos de cada estudiante ya que al ser adultos, trabajan, hacen su tratamiento oncológico y tienen varias obligaciones. Incluye la modalidad de tutorías y clases de apoyo presenciales.
Pedagogía
Desde lo pedagógico, el equipo educativo también tiene presente que los alumnos “suelen perder la memoria por la quimioterapia y por lo tanto, hay que contenerlos y apoyarlos”.
“El estudiante de secundaria va desarrollando los módulos en su casa y, cuando hay algo que no entiende, viene y consulta”, explica Farías.
Para quienes tuvimos la oportunidad de educarnos en el momento indicado, los rituales de la formación se fueron absorbiendo con naturalidad y es llamativo cómo cuestiones como izar la bandera o arriarla, forman parte de un folclore ligado a la educación temprana y para estos estudiantes adultos es necesario reactivarla en esta etapa de sus vidas. “Muchos dejaron la escuela hace un buen número de años y al reinsertarse, demandan ese tipo de actividades o la realización de actos, lo cual no está contemplado, pero vamos haciendo consensos”, cuenta Rocha Kernolj.
Otra característica distintiva es que los alumnos pueden ingresar al programa cuando lo deseen. Como el proceso es individual y a distancia, cada uno lo inicia en el momento que le convenga y luego tiene tutorías presenciales y las respectivas evaluaciones.
“Creo que para muchos es una materia pendiente y realmente se ve que tienen deseo de aprender”, añade Rocha Kernolj.
En tanto, Noelia Farías considera que “lo ven como una gran oportunidad”, y agrega que “tenemos que trabajar para que sigan viniendo y que sea un grupo permanente”.
Proyecto de vida, esa es la consigna.
Para los niños, un derecho
“Los niños hospitalizados o convalecientes son un alumno para nosotros. Vamos evaluando su potencial para adquirir conocimientos, según su situación particular. Asimismo, debemos dar lugar al silencio, a sus tiempos, y saber esperar”, dice Liliana Camargo, directora de la Escuela Hospitalaria y Domiciliaria Atrapasueños, ubicada en el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad. La escuela hospitalaria y domiciliaria es una modalidad que garantiza el derecho a la educación del niño enfermo y el objetivo es garantizar la igualdad de oportunidades. Incluye el nivel inicial, primario y secundario para niños hospitalizados o convalecientes y también se realizan actos escolares.
La enseñanza es “a medida” para niños con patologías agudas, crónicas y de difícil resolución. Si el alumno está en cama, el docente le da clases al lado.

