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La adaptación, una generadora de soluciones

Tuvo un ACV y la rehabilitación la motivó a crear una línea de ropa fácil de colocar, ideal para personas con discapacidad.

26 de junio de 2017 a las 12:10 a. m.
Miriam Nujimovich (*)
La adaptación, una generadora de soluciones
Ropa adecuada. Más sencilla para utilizar y accesible.

En 2010 vivía en Estados Unidos y me dedicaba a la representación de artistas plásticos, hasta que sufrí un ACV isquémico que me hizo regresar a mi país, Argentina, después de dos meses de internación en el hospital Jackson Memorial.

Nací y vivo en Buenos Aires, donde hace siete años comencé mi rehabilitación, que continúa hasta hoy. La neurorrehabilitación es un proceso que tiende no solo a recuperar funciones dañadas por una lesión, sino también a minimizar o compensar aquellas perdidas.

En mis primeras vacaciones después del accidente, descubrí que, para algo tan simple como sacarme y ponerme una campera en pleno invierno, necesitaba de la ayuda de mi hijo un sin fin de veces. Al principio, no pasaba nada, pero al final del día ya era algo molesto para los dos. Fue en ese momento cuando juntos iniciamos el proceso de investigar dónde se vendía ropa adaptada para personas que tienen alguna discapacidad. Así nació, entonces, la idea de Handy.

Antecedentes

Los primeros años después del ACV no fueron fáciles. Cuando aún estaba internada en Estados Unidos, tuve neumonía, infecciones y permanecí durante todo un mes en terapia intensiva. De ahí pasé a terapia intermedia, y eso fue peor porque empecé a compartir cuarto con muchas personas que estaban sufriendo mucho.

Tiempo después me llevaron a otra habitación y, luego, me trasladaron a otro edificio. Tenía medio cuerpo totalmente paralizado. También se me había borrado todo de la cabeza, solo sabía cómo se llamaba mi hijo y su día de nacimiento; no hablaba, no tenía palabras. No sabía nada.

Es muy difícil explicar cómo lo viví, porque solo lo puede entender alguien que lo haya experimentado. Estar en un hospital es una experiencia dura. El médico venía todas las mañanas; cuando llegaba, me pedía que le indicara dónde estaban el piso y el techo y yo no sabía responder. Pensar esto ahora me resulta aterrador.

A los tres días de salir del hospital volví a Argentina. Salí en silla de ruedas, sin poder caminar, y comencé mi recuperación en Buenos Aires. Llegué de Miami con mi hijo y mi expareja.

Lo primero que hice fue dormir y, a los días de llegada, comencé las terapias de neurorrehabilitación en Fleni. Iba todos los días: un remisero me buscaba.

Me costó adaptarme: era complejo entender algunas cosas y me “armaba” para no pasarla mal. Estaba rodeada de personas con muchos problemas, como jóvenes que, por algún accidente de auto o doméstico, habían quedado hemipléjicos. Decidí no absorber eso y procuré encarar la rehabilitación como un paseo y, mientras iba en el auto, miraba una revista. En ese entonces, podía tardar tres cuadras para decirle “gracias” al conductor por cerrarme la puerta del auto.

Dormía mucho (dicen que al cerebro le hace bien dormir mucho y por eso las personas que han tenido un ACV lo hacen más). El recorrido desde Recoleta –donde vivía, en casa de mi madre– a la sede de Escobar de Fleni era largo, me llevaba toda la mañana hacerlo y era una rutina que me cansaba también.

Todo lo que implicaba mi recuperación me fastidiaba un poco, pero mi familia creía que era lo mejor. El entorno no sabe qué hacer con una persona que debe hacer una rehabilitación. Fue una etapa dura, pero la hice. Trataba de pasarla bien, o lo más parecido a “bien”.

Proyecto

Al volver de las vacaciones con mi hijo, seguí con la rehabilitación y decidí dedicarme a tiempo completo a desarrollar una marca de ropa para personas que tuvieran una discapacidad.

Recuperé el habla muy lentamente y con mucho esfuerzo, recuperé la pierna derecha después de hacer rehabilitación, de operarme, ponerme bótox y de usar por un año y medio un aparato especial, y el brazo derecho no lo recuperé aún, pero estoy convencida de que voy a poder mover la mano con movimientos más finos de los que puedo hacer ahora. Todos los días la ejercito.

Ya pasaron siete años del ACV y creo que eso quedó atrás. Me acuerdo todo lo que sentí y viví, pero quedó atrás. Soy una persona normal, si bien no tengo la mano que funcione como la de cualquier otra.

No me siento que soy una persona discapacitada. Tuve que hacer una vida nueva por completo, eso es verdad, y esta es más linda y soy más feliz que antes. Siento que aprendí muchísimo y que amo muchas cosas a las que antes no le daba importancia (así como a cosas que antes daba importancia ahora siento que no la tienen).

El proyecto de Handy me encanta y tiene mucho por crecer. Además, tengo una pareja hace casi seis años, estoy muy contenta, y todos los días digo que me encanta y aprecio la vida desde la vida misma. Valoro poder levantarme de la cama y salir a hacer cosas. Me emociona lo que me dice la gente a través de la página de Facebook de la marca Handy.

Lidero el equipo de la empresa, que desde hace un año tiene su sitio Web, a través del cual se venden las prendas. Ahora estamos presentando ropa para niños y estamos muy felices por eso.

(*) Miriam tiene 50 años y es diseñadora gráfica. Fue representante de artistas plásticos en Miami hasta que tuvo un ACV y regresó al país. Es divorciada, tiene un hijo y está en pareja. El sitio de Handy es www.handyinclusiva.com/