El deporte como práctica de inclusión
Integración. Para las personas con discapacidad, la consigna es divertirse y practicar actividad física en red.
El deporte se destaca entre las formas de habilitar la inclusión de personas con discapacidad, y Córdoba tiene exponentes de lujo que, más que la competencia, remarcan el hecho de que, cualquiera sea la disciplina, se constituye en una red que potencia habilidades físicas, emocionales, intelectuales y sociales. Con ese espíritu, el ex entrenador de Atenas y de la Selección Argentina de Básquetbol, Walter Garrone, hoy coordina una escuela de básquet para niñas y niños ciegos.Con otra forma, pero manteniendo la esencia de los beneficios del deporte para la inclusión, el ex jugador de rugby que quedó cuadripléjico por un accidente que sufrió en la cancha, creó la fundación que lleva su nombre: Guillermo Bustamante.
Pelota naranja
La idea parecía descabellada, pero Garrone aceptó el desafío ocho años atrás de enseñar básquet a personas ciegas. Con varias experiencias de encuentros con no videntes de todas las edades en distintos puntos del país, este año decidió dedicarse a los niños.
Al instante de hablar con él, se nota que tiene empatía con los chicos, quizá por los 45 años que lleva como profesor en la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano, la misma que ahora acoge el proyecto de integrar a chicas y chicos con discapacidad visual de entre 8 y 16 años.
Dice que quiere ver cómo progresan e ir armando proyectos más ambiciosos en la medida de su evolución. Sabe que los estímulos que reciben allí les sirven en otros ámbitos y lo mismo sucede con las experiencias que desarrollan en sus vidas.
“Nuestro primer objetivo es que los chicos se diviertan, y el segundo, que desarrollen patrones motrices y, si son muy pequeños, que afiancen lo que es derecha, izquierda, delante, detrás, arriba, abajo, todos los conceptos del movimiento e incluso del objeto (a la derecha de la pelota, etcétera). Tratamos de que todo eso les sirva para la vida y, aparte, que conozcan los fundamentos del básquet. Nuestro objetivo no es formar jugadores de básquetbol, pero a lo mejor, algún día formamos la selección argentina”, se entusiasma.
“Estos chicos, por lo general, son ciegos de nacimiento y usan mucho el tacto para conocer cómo es la red, cómo es el aro, cómo es el lanzamiento de la pelota, cómo están los pies, y sorprende cómo aprenden pronto”, agrega.
Los pequeños jugadores tienen que abrir los brazos hacia los costados para poder tomar la pelota cuando hace contacto con alguna parte del cuerpo, porque de lo contrario, se les escaparía constantemente. Otra de las diferencias con el básquet tradicional es que el tablero y la pelota tienen sonido y la red es de cadena para que puedan escucharla.
A las reglas de este basquetbol Garrone las escribe sobre la marcha, “ya que nada está inventado”. Cuenta que, por ejemplo, cuando un jugador decide lanzar, anuncia “tiro” y la defensa hace un paso atrás para que pueda ejecutar el movimiento, y tiene 5 segundos para tirar.
Garrone parece un imán al que se le pegan sus alumnos del Manuel Belgrano para colaborar como guías en la escuelita para ciegos, y los que terminaron de cursar lo siguen de cerca como Guillermina Reyna, que estudia profesorado de educación física y es su colaboradora más cercana. Entre todos, preparan los implementos en la cancha y cuidan a los niños. “Por ahí pienso que los más beneficiados son mis alumnos-guías, porque hacen su experiencia”, reflexiona.
Pueden asistir chicos y chicas con visión normal, pero usan antifaz para incluirse en las mismas condiciones que los demás. Así hace Nahuel, que corre y tira con sus ojos tapados y llega a jugar acompañado por su abuela no vidente.
Anita, una alumna que vive en Alta Gracia, aprendió el saludo deportivo de choque de manos que le enseñó el entrenador y lo hace sin falta en cuanto llega a la cancha. “Cuando uno trabaja con niños y con personas con discapacidad, inmediatamente hay una devolución, siempre están muy agradecidos”, comenta el profesor.
Asegura que todo esto lo obliga a estudiar y aprender de nuevo; camino que, en gran parte, va andando con los ojos “vendados” para hacer su propia experiencia y poder transmitirla. “Tuve que estudiar metodología, cómo enseñar, porque con ellos es diferente”, apunta.
Piensa en las futuras generaciones registrando la planificación de cada clase, la modificaciones que realiza según cómo se presenten las cosas en los encuentros, escribe lo que hizo, lo que dio resultado y lo que no. “Si no hago así, cuando me vaya, quién va a seguir”, reflexiona.
Después de tantos partidos, de tanta cancha, ¿qué lo lleva a hacer esto? “Lo mío es devolver un poco todo lo que el basquetbol me ha dado, que ha sido un montón”, asegura.
Potencialidades
“Con el deporte, volví a compartir con mis amigos de igual a igual”, dijo Guillermo Bustamante en la presentación de la fundación que lleva su nombre y que se propone desarrollar las capacidades de las personas con discapacidad.
A diferencia de quienes nacen con una discapacidad, Guillermo quedó cuadripléjico a los 17 años, cuando jugaba un partido de rugby. Como tantas otras personas, sabe lo que es la experiencia de estar en ambos lados de las “capacidades” y cuenta que desde el mismo día de su lesión, el 3 de septiembre de 1994, quiso ayudar y mostrarle a su mamá que el mundo no se acababa.
“No entiendo otra forma de encarar la vida que mirando hacia adelante, cómo, no sé, pero voy”, comentó aludiendo al proceso que atravesó. El presente le permite asegurar que la fundación “es un sueño colectivo para llevar a cabo acciones de impacto”, en un propuesta en la que colabora mucha gente.
“No quiero una Marianita, sino todas las Marianitas posibles de Córdoba y la Argentina”, dijo refiriéndose a Mariana Berenice Pérez, de 25 años, quien se maneja en silla de ruedas desde los 8 años e integra la selección argentina de básquet.
Cuando a Mariana le tocó hablar en la presentación de la fundación, contó que de chica nadaba y que no pudo triunfar, pero que la vida le dio una segunda oportunidad y desde hace 5 años juega al básquet en silla de ruedas en el Club Sica. “Llegué un día de jeans y zapatillas y ahí mismo me puse a jugar”, dijo. “Es la primera vez en 28 años que el básquet femenino llega a una competencia olímpica y yo estuve ahí”, agregó sobre su participación en los Panamericanos de Toronto.
Contó que fue Guillermo Bustamante el primero que la tiró a una pileta después de su accidente, a pesar del medio de su madre. Con una sonrisa que nunca dejó su rostro, agregó: “El deporte nos cambió la vida a todos los que podemos practicarlo”.
Guillermo Bustamante aclaró que la fundación “no es sectaria y por lo tanto, no es exclusiva de personas con discapacidad”.
De hecho, estuvo Anahí Sosa, ocho veces campeona argentina en gimnasia rítmica, para quien el deporte “es todo” y destacó que aplica la disciplina que adquirió en otros ámbitos de su vida.
Sobre Guillermo Bustamante otros participantes destacaron su capacidad para generar redes y motivar a la acción. El entrenador en liderazgo Israel Cinman dijo que “es un gran conector” y que “una de sus habilidades es ponerse a hacer cosas, es difícil decirle que no, es un himno al ‘sí”. “La capacidad de resiliencia es clave y el deporte es una excusa de disciplina para la vida”.
Luis Ulla, director del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria, agregó que “Guille te puede hacer pechar un acoplado con la goma desinflada”. “Descubrió su capacidad de promover valores, de sacar la capacidad de las personas”.
La fundación está integrada por un equipo multidisciplinario que promueve el deporte adaptado, y ofrece planes de desarrollo físico, apoyo psicológico individual y familiar, talleres y charlas, además de consultorías.
Una devolución
La escuela de básquetbol para niñas y niños ciegos o con baja visión, de 8 a 16 años, funciona en la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano (La Rioja 1450), los jueves de 15.30 a 17.
El profesor es Walter Garrone, licenciado en Educación Física y exentrenador de la Asociación Deportiva Atenas, la selección cordobesa y la selección nacional de básquetbol. Garrone es casado, tiene cinco hijos y diez nietos, y siente que así devuelve a esa disciplina deportiva parte de lo que le dio.
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