El camino hacia la integración
Barreras por vencer. El entorno de las personas con discapacidad debe procurar la inclusión, evitar el aislamiento y mejorar su calidad de vida.
La discapacidad es una condición que no implica aislamiento. Sin embargo, el entorno, nuestro medio, el lugar donde vivimos, el modo en que recorremos nuestro tiempo diario los que aíslan y, por lo tanto, interfieren en la calidad de vida. El problema no son las cosas que nos rodean, sino la actitud que tenemos como sociedad frente a lo diferente y, muchas veces, desconocido. Existen marcos regulatorios internacionales, nacionales, provinciales y municipales que promueven el desarrollo integral de las personas con discapacidad, con normativas que procuran su integración. "Pero aún queda mucho camino por recorrer", señala María Elisa Arrebillaga, presidenta de la Fundación Asociación para la Investigación y Asistencia Neurológica, Neuropsicológica y Psicopedagógica (Apinep).Con motivo de haberse conmemorado ayer el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, la especialista insta a reflexionar sobre que "somos normales, entre comillas –remarca–, hasta que en cualquier momento podemos pasar a ser discapacitados. Un accidente nos puede dejar con incapacidad y sería muy bueno que la comunidad tomara contacto con esta idea para logar una actitud mucho más humana y amorosa".En tanto, para Marianna Galli, profesora en Educación de Oligofrénicos y Secretaria de Grado y Proyección Social de la Facultad de Educación de la Universidad Católica de Córdoba, "las primeras barreras que suelen tener que vencer las personas con discapacidad, son las actitudinales: miradas, prejuicios y sentimientos muchas veces puestos en el desconocimiento de las personas, pero casi siempre encasillándolas en los lugares de desventajas y desde la lástima".Que las personas con discapacidad estén integradas a la vida social "impacta en su salud en forma integral, entendida como calidad de vida en tanto bienestar emocional, físico, material, relacional y en el desarrollo personal", dice Claudia Beles, profesora en Educación de Personas con Discapacidad Intelectual y experta en tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) aplicadas a la atención de la discapacidad."Esa calidad aumenta –acota– cuando tienen la posibilidad de asumir el protagonismo de su propia vida mediante una participación plena en la comunidad de pertenencia".En ese sentido, la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad no enfoca esta situación "como un problema médico, caritativo o de dependencia, sino que pretende que sea entendida en todo el mundo como un problema de derechos humanos", subraya.
Habilitar el desarrollo
La estrategia que conduce al bienestar de las personas con discapacidad es el respeto por sus derechos y todo lo necesario por parte de la sociedad para garantizarlos. Uno de los aspectos a trabajar es la reducción de la estigmatización y discriminación, ya que “a menudo se e ncuentran entre los motivos por los que los discapacitados se ven excluidos de la educación, el empleo, la salud y otros servicios”, señala Galli.
En tanto, Arrebillaga considera que “desde el gobierno y las distintas organizaciones se debe trabajar más en la empatía; es decir, en el ponerse en la piel del otro, aceptar a los demás con lo que pueden y no con lo que no pueden”.
Por su parte, Beles afirma que “la valoración de las competencias y posibilidades y la identificación clara de las necesidades son determinantes para dar lugar a la definición de estrategias de intervención, porque esto determina el sistema de apoyos y ayudas que es neces ario implementar”.
Desde una visión general de la discapacidad, es necesario que las personas tengan efectivo acceso a prestaciones de salud y conozcan sus derechos de cobertura integral y total.
Que puedan trabajar en puestos habilitados para su desarrollo; que puedan desplazarse con los dispositivos que necesitan, sin que la ciudad y el transporte sean barreras; que haya escuelas inclusivas desde el punto de vista edilicio y pedagógico; que se utilice un lenguaje que, al expresar lo que pensamos, no rotule ni sea discriminatorio.
Como ejemplo, Galli considera que “una escuela inclusiva debería garantizar que un docente que tiene una discapacidad motora no se sienta impedido de dar clase, de trabajar con sus alumnos, de enseñarles, de ofrecer propuestas motivadoras. También debería contar con todos los accesos edilicios para poder desarrollarse independientemente”. “Una sociedad –agrega– es accesible cuando construye facilitadores en todos los aspectos físicos y culturales”.
Sobre el mismo ejemplo, Claudia Beles añade que no le produce sorpresa ni admiración que un docente en silla de ruedas pueda dar clases. “Creo que es lo que debe ser: un profesor puede enseñar parado o sentado, desplazándose en silla de ruedas o caminando. Y no dudo de que los alumnos podrían fascinarse con una propuesta pedagógica impartida por un profesor que tiene restricciones motrices. La condición sería que sea buen profesor”.
De acuerdo con el Censo de 2010, a partir de los 80 años, más de la mitad de la población argentina tiene alguna dificultad o limitación permanente.
En Córdoba hay 402.512 personas discapacitadas visual, auditiva, motora o cognitivamente, de todas las edades, lo que representa un poco más del 12 por ciento de la población de la provincia. Hay muchas personas que no cuentan con el certificado de discapacidad y una de las causas es la falta de información sobre las vías para obtenerlo.

