Constelaciones familiares: una práctica en crecimiento pero sin respaldo científico
Se han expandido por dos variantes: una cultivada por psicólogos como técnica de trabajo, y otra, por una corriente mística que actúa por su cuenta y riesgo.
Cuestionada por gran parte del ámbito institucional de la psicología nacional, la práctica denominada "constelaciones familiares" se ha posicionado dentro de las llamadas "terapias alternativas". Sin evidencia científica publicada en medios de reconocimiento que la avalen, ha ido creciendo en dos vertientes: una cultivada por psicólogos que la emplean como herramienta o técnica de trabajo, y otra, por una corriente mística que actúa por su cuenta y riesgo. La Federación de Psicólogos de la República Argentina, que nuclea a colegios y asociaciones o nucleamientos de la profesión, creyó necesario puntualizar que las prácticas incluidas dentro de las denominadas "terapias alternativas" "no se encuentran dentro de las reconocidas en el ámbito de la Psicología", aun las realizadas por psicólogos. "La aparente simpleza de las llamadas 'terapias alternativas', que incluso puede ser ejercida por personas sin título universitario, que detenten otra profesión o por cualquier individuo que se haya sometido a esa intervención, suele generar una cierta popularidad, confundiendo esa expansión con otorgamiento de alguna especie de reconocimiento y de validación públicos", continúan desde la Federación. Desde la entidad, concluyen: "Es deber de todo profesional psicólogo observar y ejercer una práctica en el plano y nivel científico propios de la Psicología y no deberá anunciar o hacer anunciar actividad profesional como psicólogo publicando falsos éxitos terapéuticos, estadísticas ficticias, datos inexactos; prometer resultados en la curación o cualquier otro engaño, considerando que descuidar estos deberes atenta contra los derechos de los receptores de los servicios profesionales".
Criterios
“La normativa ética exige que se apliquen técnicas validadas por un ente de conocimiento reconocido”, aclara Jorge Cáceres, presidente del Colegio de Psicólogos de la Provincia de Córdoba.
Por su parte, Angélica Dávila, expresidenta de esa institución y profesora Titular de la Cátedra de Psicología Sanitaria de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), se pronuncia por el rechazo absoluto. “No es una terapia científica y, aunque haya ganado adeptos en distintas partes del mundo, está siendo también descalificada por varias razones, sobre todo en Alemania”, enfatiza. Señala que no posee el sustento teórico necesario, sino que toma elementos de distintas teorías, como la sistémica o el psicoanálisis. La califica de una terapia autoritaria e inductiva, que parte de una concepción de familia patriarcal que no se corresponde con las configuraciones familiares actuales, que cae en un determinismo de un destino ineludible, marcado por los antepasados y que hace una mala aplicación del “inconsciente colectivo”, expresión acuñada por el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung.
“Pensar que las representaciones de familiares realizadas en las constelaciones por cualquier participante –sin conocimiento ni preparación previa– son realidades, consiste en una creencia y no una construcción científica que pueda ser validada por los métodos de la psicología”, agrega. Y considera, a partir de descripciones realizada por pacientes que dijeron haber participado de constelaciones, que muchos buscan en esa práctica resultados casi milagrosos. “La Psicología ha sido declarada “de interés público’; por lo tanto, hay que tener recaudos para no perjudicar ni dañar a las personas aplicando prácticas no validadas”, considera.
Matices
En tanto, Jorge Berraondo, psicólogo y constelador, sostiene que las constelaciones, al igual que el psicoanálisis o la psicología vincular, o sistémica, introduce en el escenario a los ancestros. “Lo novedoso aquí es la forma en que lo hace, cómo muestra el inconsciente individual y colectivo. Se ingresa a un mundo atemporal y se ve cómo el pasado sigue firme en el presente. Y que, con algunos movimientos, se puede lograr que ese pasado no se repita”, defiende.
“¿Cómo medimos lo inconsciente? Sólo a través de sus efectos. No podemos medir el inconsciente con aparatos y técnicas. Pero existe lo que se llama ‘efecto analítico’, ‘terapéutico’ y, por qué no, ‘efecto constelaciones’”, afirma. “Todo lo nuevo necesita tiempo para ser aceptado en su plenitud, despierta desconfianza, sumado a que está lleno de personas que realizan constelaciones con poca formación o sin ser profesionales de la salud o lo psi. Es un tema complejo”, añade.
Existen centros formadores de “consteladores” que no exigen una profesión de base o título universitario. Guiada por la curiosidad, una psicóloga cordobesa –cuya identidad pidió preservar–, asistió a un taller y dijo haber quedado impresionada por el grado de vulnerabilidad con que se retiraban los participantes. “Si no hay un profesional que los contenga, considero que se convierte en algo verdaderamente peligroso”, asevera.
“Conocemos profesionales, de orientación gestáltica, que aplican esta herramienta dentro de su marco terapéutico. Lo tomamos con reparos, pero también sabemos que muchas técnicas, incluso el psicoanálisis, no fueron inicialmente validadas y fueron ganando terreno con la práctica. Creo que, en todo caso, nos encontramos en un momento en el que debemos abrir una etapa de debate. Pero siempre hablando entre profesionales de la psicología”, apunta Cáceres.
Tiempos
A favor de este procedimiento, se afirma que cualquier técnica terapéutica requiere tiempo, así como ningún padecimiento mental se resuelve de un momento para otro. “Con las constelaciones pasa lo mismo. No son mágicas, ni resuelven en sí mismas los problemas. Sólo te permiten ver las cosas de otra manera y, moviendo algunas piezas, podrás comenzar a elaborar tu propio cambio”, asegura Berraondo quien, a su vez, suele derivar asistentes a los talleres a terapeutas convencionales, o recibir pacientes derivados por alguna causa especial. “Nadie puede prometer un resultado, y menos inmediato”, explica.
Berraondo asegura que las constelaciones han tomado el concepto de fenomenología de la corriente gestáltica y el inconsciente del psicoanálisis y que, si quien las lleva adelante no es un profesional psicólogo, no puede interpretar lo que le sucede a la persona y no lo pone en palabras, limitación que permanece una vez realizada la constelación.
“La persona debe estar capacitada para poder contener a la gente si esa técnica despierta algo”, subraya Cáceres, quien afirma que no duda en llevar casos a la Justicia y denunciar penalmente a personas que llevan adelante prácticas terapéuticas propias de la Psicología sin contar con título habilitante.
Qué son
Una constelación familiar es un método sistémico y fenomenológico de trabajo, desarrollado por Bert Hellinger, quien después de haberse formado en Psicoanálisis, Gestalt, Programación Neurolingüística (PNL), Análisis Transaccional, y otros métodos, encontró un modo particular de hacer visible lo inconsciente y, de esta manera, tomar conciencia de que la familia nos ata al sufrimiento y la repetición. A partir del desarrollo de su método sistémico, Hellinger halló la forma de entrar en un mundo que se encuentra más allá del lenguaje verbal. Ese mundo es, a la vez, espacial y atemporal, y es capaz de mostrar en una imagen lo que el lenguaje no alcanza a expresar.
Cómo se desarrollan
No es psicodrama. No se actúa. Se trabaja con representantes que asumen el rol de personas de la familia y la situación planteada por quien consulta.
Lo esencial de la práctica denominada “constelaciones familiares” es el acceso de los representantes a una información que desconocen.
Acceden a ella a través de las sensaciones que perciben puestos en el lugar de la persona que representan, lo que brinda información de lo que está sucediendo en el alma familiar (es decir, el sistema) de quien consulta, y, a la vez, sugiere el camino a la solución.

