Compromiso intelectual y emocional
Historia. Consecuencias de la enfermedad cerebrovascular. Y casos que cambiaron el escenario mundial.
Escribo esta columna desde Berlín, asisto al Congreso del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología a unos pocos kilómetros de Potsdam, donde los principales líderes aliados consolidaron en una famosa conferencia el fin de la Segunda Guerra Mundial y marcaron el comienzo de la Guerra Fría, para luego terminar de rubricar el acuerdo en la Conferencia de Yalta, Crimea.
No puedo menos que pensar en las vidas de referentes de la historia mundial, con su poder, sus decisiones y también la declinación de sus capacidades. Pienso por ejemplo en Franklin D. Roosevelt, quien murió de un ACV y fue sucedido por Harry Truman. También en Winston Churchill y Joseph Stalin. Estos tres protagonistas de buena parte de la historia occidental del siglo 20 murieron a consecuencia de accidentes cerebrovasculares. Y más interesante aún es adentrarse en la historia clínica de estos políticos y advertir que sus facultades mentales ya habían empezado a menguar tiempo antes.
La enfermedad cerebrovascular tiene un abanico de presentaciones clínicas muy amplio. La presentación de los síntomas depende de la personalidad previa del individuo, pero también de las características de la o las lesiones cerebrales: cantidad (no es lo mismo una lesión que múltiples), tamaño, localización, origen (las lesiones pueden ser causadas a distancia, por ejemplo en el corazón, o por el contrario en el lugar del daño), manejo de causas subyacentes (enfermedad cardiaca, hipertensión, diabetes, tabaquismo, sedentarismo, dislipemias, entre las principales). Asimismo, las lesiones se pueden deber a causas congénitas, como rupturas de aneurismas (dilataciones de arterias en las que las paredes están adelgazadas) o malformaciones arteriovenosas (ovillos anormales de arterias y venas extremadamente frágiles).
Las manifestaciones clínicas se presentan en diferentes grados de severidad y complejidad.
Una de ellas es la demencia vascular (conocida con el concepto antiguo y erróneo de “arteriosclerosis”). Es un deterioro intelectual severo, caracterizado por pérdida de memoria, alteraciones en la atención, concentración, capacidad de juicio y orientación. Si las lesiones vasculares afectan la región frontotemporal izquierda, zona que aloja al centro del lenguaje, el paciente presentará dificultades en el habla, la comprensión y la escritura. Generalmente, hay lesiones vasculares pequeñas y profundas asociadas. Esto produce el denominado “estado criboso” (múltiples perforaciones como si fuera un colador) de centros de control motor, emocional y de la micción. A esto se debe que estos pacientes tengan el aspecto similar a un paciente con parkinson sin temblor: rígidos, encorvados hacia adelante, lentos motriz e intelectualmente. A esto se lo denomina “parkinsonismo vascular”, y es parte del cuadro clínico de la demencia vascular. Asimismo, es muy frecuente la incontinencia urinaria, como consecuencia de la disrupción de las fibras de control miccional.
Otra de las consecuencias de la enfermedad cerebrovascular, íntimamente relacionada con lo antes mencionado, es la dificultad progresiva en la atención, el juicio de situaciones y la capacidad de planificación. Esto se denomina “disfunción ejecutiva”. De hecho, esta afección es generalmente anterior clínicamente a la aparición de la pérdida de memoria (a menos que el paciente presente una demencia mixta, es decir, un proceso combinado entre enfermedad de Alzheimer y enfermedad cerebrovascular).
Finalmente, el componente clave en este cuadro es la depresión asociada a todos los síntomas antedichos. El grado de depresión puede ser leve, algo más parecido a un estado melancólico, pasando por un cuadro de depresión mayor, con franca dificultad para comenzar actividades, una profunda sensación de incapacidad de seguir viviendo con tendencia a permanecer inactivos, tirados en la cama, o sentados en una silla, viendo pasar la vida. La depresión se asocia en estos casos con apatía, que se define o falta total de iniciativa.
Tratable
En la actualidad, la mejor comprensión de estos síntomas por parte de los médicos, las campañas de prevención de enfermedad cardiovascular, los nuevos métodos diagnósticos neurocognitivos y por imágenes, así como nuevos fármacos ya disponibles para el manejo de los síntomas, hacen de estas enfermedades procesos tratables, especialmente si los síntomas son tomados a tiempo. Los chequeos preventivos cardio-cerebro-vasculares, y los manejos de los factores de riesgo, son fundamentales para que estos eventos no desarrollen su máxima expresión.
El profesor Vladimir Hachinsky, neurólogo pionero en daño cognitivo vascular, de la Universidad de London (Ontario, Canadá), acuñó el concepto de que la demencia vascular es producto del fracaso de un tratamiento para combatir las causas.
Concluyo pensando en la Conferencia de Yalta en Crimea y luego en la de Potsdam, Berlín, 1945. Pienso cuál hubiera sido el destino del mundo si Roosevelt, Churchill y Stalin no hubieran padecido enfermedad cerebrovascular.
*Neurólogo, director del Instituto Privado Kremer.

