Una oportunidad construida
En esta Argentina transicional, que apenas se ha sacudido el polvo de los años de mitos mal curados que el populismo exacerbó en su provecho, el simple gesto de cortesía de una bandera extranjera frente al histórico Cabildo porteño es motivo de controversia.
A nadie sorprendería en Boston, Massachusetts, ver en el histórico Faneuil Hall una bandera albiceleste ante la llegada de un presidente argentino. Quien visita ese edificio donde Samuel Adams y otros arengaron por la independencia de las colonias estadounidenses percibe en el aire el mismo clima libertario que se respira en el Cabildo de Buenos Aires, donde los discursos de emancipación los pronunciaba Juan José Castelli. En esta Argentina transicional, que apenas se ha sacudido el polvo de los años de mitos mal curados que el populismo exacerbó en su provecho, el simple gesto de cortesía de una bandera extranjera frente al histórico Cabildo porteño es motivo de controversia.Si un país se limitara a esas discusiones, su destino sería tan breve como la infancia. Argentina está ante un desafío que excede esas fruslerías. La visita de Barack Obama es una oportunidad más –pero para nada la menor– que el país se construyó al votar un cambio de rumbo.Nada garantiza que Argentina saque provecho de esa oportunidad. Lo seguro es que nada obtendría si no la tuviera. Los empresarios que hoy se reunirán con funcionarios norteamericanos y argentinos lo dicen con precisión: el destino de las inversiones se decide en un contexto de competencia entre países.A mejores condiciones institucionales y socioeconómicas, más son las posibilidades de captarlas. Y no hay empleo genuino sin inversión.Una economía en recesión, y desde hace años habituada a saquear los bolsillos de sus asalariados con el impuesto inflacionario para solventar exorbitancias del gasto público, necesita de la estabilidad interna, la confianza externa y la inversión productiva como si fuese agua en el desierto. Esa chance que el país se juega hoy, con Macri frente a Obama, es el resultado de un giro sustancial en la diplomacia argentina, ejecutado por la nueva cancillería. Ya fue dicho, y con acierto: hasta diciembre pasado, la diplomacia nacional estaba orientada por la ímproba tarea de acercar el mundo a las convicciones de Cristina. Susana Malcorra busca acercar el país a las escasas certezas del mundo. La coincidencia del viaje de Obama con el tratamiento parlamentario del pago a los holdouts no debería magnificarse sin recordar antecedentes. Lo dijo en el Congreso nacional el economista Mario Blejer, cercano al excandidato Daniel Scioli: la coalición kirchnerista hubiese hecho lo mismo.El resto es literatura.

