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Una elección más parecida a su tiempo que a su historia

Cristina y Macri comparan con el pasado y ejecutan con el presente.

26 de junio de 2019 a las 12:00 a. m.
Una elección más parecida a su tiempo que a su historia
Fórmula. Pichetto, candidato a vicepresidente de Macri.

El acuerdo sellado entre Mauricio Macri y Miguel Pichetto terminó con los que reclamaban un consenso al estilo de los Pactos de la Moncloa, que condujeron la transición de salida de la España fascista.

La idea de un amplio acuerdo nacional en el que los actores políticos deponen sus diferencias y acuerdan acciones cooperativas de largo plazo para salir de la crisis venía siendo utilizada con más frecuencia que precisión.

En ocasiones, como una simple excusa política para sacarle el traste a la jeringa del ajuste. Imaginando que una mesa de consenso derramaría mágicamente los recursos para volver, si no a la cena de la distribución, al menos al postre del gradualismo.

En otros casos, el recurso bíblico a la Moncloa ha sido sólo la variante entre perezosa y cobarde para evitar una confrontación dialéctica inevitable con el modelo institucional y económico del kirchnerismo.

El asunto es que a todos aquellos que le impugnaban a Macri la insolvencia para articular acuerdos con opositores y ampliar las bases de su coalición, la fórmula con Pichetto los dejó sin letra.

Como la incorporación de Pichetto al oficialismo sinceró el mapa de la polarización, se dispararon dos vertientes interpretativas.

Algunos analistas asimilan esta elección presidencial con el dilema de 1983. De un lado, un conglomerado plural de opiniones comprometidas con las instituciones democráticas. Del otro, un bloque de poder consistente y corporativo, cuya principal enunciación hasta el momento ha sido la idea de una autoamnistía de los procesados por corrupción.

Otros, con el repliegue de Cristina, utilizan la comparación con 1973. Esta variante se afianzó tras el cierre de listas. El voraz predominio de La Cámpora agigantó sobre Alberto Fernández la sombra de ese fantasma.

Armando las listas, Cristina ha ejecutado su propia estrategia setentista.

No es que reniegue ahora de los antagonismos propuestos por Ernesto Laclau. Al contrario: remontó el río hasta las nacientes. Hará que el peronismo la vote como hizo ella con Juan Perón en la boleta de Jorge Abelardo Ramos, el lejano maestro de Laclau.

Unidad Ciudadana se quedará con las bancas que aporten los votos del PJ.

Pero hay una tercera variante de análisis posible: que la elección argentina de este año se parezca más a su tiempo que a su historia.

Si se observan las movimientos de Cristina, parece seducida por el fenómeno del populismo actual, más que por aquel de 1973, del cual sólo aplica recursos tácticos.

Debería observarse el elogio que le hizo a Donald Trump. A su economía fortalecida con proteccionismo. Y sobre todo a la imitación que hace de su estilo provocador e irritativo, apto para movilizar a los desencantados por la crisis.

Es una cita incompleta sólo decir que Cristina confesó sus delirios de amantazgo con Manuel Belgrano. Porque completó la idea con el aditamento que le es electoralmente útil: anticipó que el establishment mediático la criticaría por decirlo.

Busca señalarse a sí misma como la única voz que se anima a provocar a los poderosos.

No fue un paso involuntario. Tampoco fue impensada la reunión de Máximo Kirchner con el antisemita Santiago Cúneo. Es la convocatoria explícita al voto del fanatismo.

El actor Dady Brieva parece haberse subsumido en un personaje siniestro que protagonizó en el cine. Subiendo al ciudadano ilustre a la caja de su camioneta para cazarlo de noche. Pero el escritor Mempo Giardinelli salió a respaldarlo. El error, cuando es insistencia, es línea de conducción.

Frente a esa Cristina que quiere hacer campaña como Trump por su reelección, el acuerdo Macri-Pichetto parece orientarse tímidamente hacia otra tendencia de este tiempo.

En Europa, comienzan a aparecer síntomas tibios del reflujo populista. Ocurrió en España con la diáspora de Podemos. Sucedió en Turquía con una derrota clave del presidente Recep Erdogan.

Y en la última elección europea asomó la cabeza la coalición de los liberales demócratas. Los "lib-dems" que se oponen a los discursos excluyentes de los populismos, cuya única e iracunda propuesta es recuperar una difusa identidad perdida.

La vida –aconsejaba Bob Dylan– no es sobre encontrarse a sí mismo. Es sobre crear algo nuevo.