Una discusión que esconde el problema real
Lo que dijo hace unos días el ministro de Defensa de la Nación, Agustín Rossi, está lejos de haber sido una revelación.
Lo que dijo hace unos días el ministro de Defensa de la Nación, Agustín Rossi, está lejos de haber sido una revelación. Fue, en realidad, la aceptación gubernamental de una realidad que lleva por lo menos 10 años en el país. Desde comienzos de la década de 2000, con la crisis económica, se consolidó una dinámica "narco" que había comenzado a mediados de la década menemista. De ser un país "sólo de tránsito", Argentina empezó a convertirse también en un foco activo de "producción" y "consumo" de clorhidrato de cocaína a nivel mundial. Un engranaje importante dentro del mapa internacional del tráfico de la droga. La cercanía a los principales países productores de la hoja esencial (la coca), una industria química descontrolada, un ejército de desesperados excluidos de los sistemas formales de trabajo y educación, y unas fuerzas de seguridad altamente corrompidas, sumados a una clase política miope, son parte del conjunto de explicaciones a la génesis de este fenómeno. Ahora, los discursos oficiales en torno del narcotráfico, discutiendo si se trata de un país de "producción" de la cocaína, esconden toda una falacia. Se observa, detrás de la pirotecnia verbal entre miembros del oficialismo, poco sustento, una discusión estéril. Rossi calificó al país como "productor", en el sentido de que la pasta base de cocaína (elaborada en Bolivia o Perú con la hoja de coca) era introducida al país para que, ya en territorio nacional, se la transformara en clorhidrato de cocaína (la droga que verdaderamente se consume), en un proceso que incluye los precursores químicos. Proceso que en la mayoría de los casos se sustancia en precarias "cocinas", aunque algunas investigaciones lograron, también, desarticular laboratorios más sofisticados. A estos dichos, Sergio Berni contestó que el país no es "productor", porque las condiciones climáticas no permiten el cultivo en el país de la hoja de coca. Llevó la discusión a un plano semántico, tratando de esconder que Rossi se había referido a otra escala en el universo del narcotráfico. No hablaba de producir la hoja de coca sino la cocaína, lo que significa trasladar la pasta base fronteras adentro, para generar el clorhidrato de cocaína. Detrás de estas contradicciones con poco valor para una discusión seria sobre narcotráfico aparecen supuestos operativos antinarcóticos con personajes de la farándula involucrados, una parodia para distraer a la sociedad sobre quiénes son los verdaderos traficantes, aquellos que hoy continúan, en todo el país, gozando de una impunidad que alarma. Mientras tanto, en el mayor silencio, el Gobierno continúa librando una fría interna para determinar quién controla la inteligencia interna: si se reavivan los lazos rotos con la ex-Side o, bajo la excusa del narcotráfico, se habilita al Ejército para que comience a operar dentro del país.

