Un planeado ícono de la moda internacional
La magnética imagen de la primera dama estadounidense es resultado de una cuidada estrategia.
En un extremo, la figura de compañera dócil, hogareña y abocada en exclusiva a sacar lustre a la imagen de su marido que con tanta naturalidad cultiva la primera dama local, Juliana Awada. En el otro, la poderosa independencia de los liderazgos femeninos con brillo propio, al estilo del de la expresidenta Cristina Fernández o de la aspirante a suceder a Obama, Hillary Clinton. En medio, Michelle Obama, debutando en estas tierras con su eficaz alquimia de esposa dedicada pero con vuelo propio; un cóctel construido en base a cualidades personales y a una maquinaria de marketing que comenzó a rendir al comando de una capitana: Kristina Schake. La brillante asesora –hoy fichada por Hillary– comenzó a tallar la imagen de la señora Obama en 2011 y entre sus movidas de arranque la puso a hacer cola changuito en mano en la masiva tienda Target. Por ese camino y paso a paso, Michelle logró cercanía con la gente y cimentó una popularidad envidiable para su marido.
Mrs. Obama es esposa, madre y ama de casa cuando difunde videos cultivando la huerta orgánica que montó en la Casa Blanca –por Instagram, supimos que Juliana hace lo mismo en Olivos. Y se calza el traje de líder inspiradora cuando motoriza causas propias, como el programa Let Girls Learn. En medio, camina en los Oscar o baila con el popularísimo conductor Jimmy Fallon y deja a todos encantados. Su vínculo con la moda es uno de sus rasgos más poderosos y admirados, y le da protagonismo global, además de ser un fuerte impulsor de esa industria en su país. ¿Acaso sus vestidos no roban titulares desde que inició la actual gira latinoamericana? El Carolina Herrera que usó en Cuba se agotó en una hora, y éxito similar se vaticina para el del modisto Narciso Rodríguez con el que aterrizó acá. Su certero guardarropas prioriza marcas norteamericanas y despliega estilo propio aunque con "pies en la tierra": combina etiquetas de lujo con prendas de tiendas de bajo costo, y le dice a la americana promedio que puede vestirse como ella.

