Un debate con pantalla dividida
Como en una película, la acción se desarrolló al mismo tiempo en dos lugares. Separados por unos escasos 30 metros, el oficialismo escuchó ayer en el salón Azul del Senado al secretario de Inteligencia Oscar Parrilli, autor del proyecto de ley que envió la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para disolver la ex-Side y crear la Agencia Federal de Inteligencia (AFI).
Como en una película, la acción se desarrolló al mismo tiempo en dos lugares. Separados por unos escasos 30 metros, el oficialismo escuchó ayer en el salón Azul del Senado al secretario de Inteligencia Oscar Parrilli, autor del proyecto de ley que envió la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para disolver la ex-Side y crear la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). La oposición se congregó en el salón Arturo Illia de la misma cámara y brindó una conferencia de prensa para justificar su ausencia en la cita con Parrilli, un funcionario que hasta la semana pasada todos querían interpelar. En cuanto al efecto mediático, los opositores lograron la atención de la prensa acreditada y lanzaron un mensaje efectivo y efectista para advertir que no estaban dispuestos a presenciar cómo el oficialismo retomaba las riendas de los hechos políticos "para tapar la muerte del fiscal Alberto Nisman". Pero se tuvieron que quedar con las ganas de fustigar a los altos funcionarios del Gobierno por haber usado los servicios de inteligencia durante 12 años para fines non sanctos , entre ellos, escuchar a dirigentes políticos. La estrategia de no dar debate no le ha sido útil a la oposición en otras ocasiones, como cuando se retiró del recinto de Diputados el día que se trató la ley de medios en 2009 o cuando no asistió a la discusión del nuevo Código Civil y Comercial el año pasado. El oficialismo, sin apelar a ningún recurso novedoso, aprovechó cada vez para acusarla de no respetar las instituciones que dice querer defender. Pero en todo el arco no K reina la certidumbre de que la muerte de Nisman es un hecho bisagra y, por lo tanto, exige gestos fuertes de posicionamiento en contra del oficialismo. Ante la imposibilidad de introducir cambios a la ley de Inteligencia, los opositores prefirieron apostar a la espectacularidad de sus actos. Si, como están convencidos, el caso Nisman implica un antes y un después, entonces influirá en el ánimo del electorado en los cada vez más cercanos comicios presidenciales.

