Un contexto menos favorable
Con Estados Unidos mirando más hacia su mercado doméstico, es posible que el dólar se fortalezca y, asociado a ello, que los precios internacionales de las materias primas caigan y las tasas de interés mundial suban.
Es aventurado predecir cuáles serán las políticas económicas que adoptará Donald Trump como presidente de Estados Unidos. Si bien sus promesas electorales fueron profusas en proteccionismo, fundamentalmente contra Asia y México, y en la idea de incentivar el retorno de capitales norteamericanos a la economía doméstica, cierto es que Estados Unidos es una nación con instituciones muy sólidas y asentadas, y que además la mitad de los votantes están en contra de Trump, lo que hace pensar que tendrá espacios acotados para impulsar cambios drásticos o radicales. De todas formas, sin llegar a excesos, si la economía norteamericana tiende a volcarse con énfasis hacia su mercado interno, el comercio mundial se resentirá porque se trata del país que representa un cuarto de la economía mundial. Si hay menos comercio internacional y más capitales que retornan a Estados Unidos, Argentina sentirá el impacto.Con Estados Unidos mirando más hacia su mercado doméstico, es posible que el dólar se fortalezca y, asociado a ello, que los precios internacionales de las materias primas caigan y las tasas de interés mundial suban. El panorama no necesariamente es dramático para la Argentina, porque la bonanza de precios producida entre 2002 y 2012 fue tan enérgica que los precios internacionales hoy son mucho más favorables que a comienzos del presente siglo, aun cuando vienen cayendo desde el 2012. Actualmente, los costos internacionales de las materias primas que exporta Argentina son el doble que en el año 2000. Lo mismo con las tasas de interés internacionales, que son muy bajas, aun cuando para Argentina son más altas. Por eso, sin llegar al dramatismo, sería de alta madurez política que todos los actores que forman los poderes del Estado –Ejecutivo, Legislativo y Judicial– y los tres niveles de gobierno –nacional, provincial y municipal– tomen conciencia de que el contexto externo no va a ser favorable.Esto exige mayor responsabilidad en el manejo del Estado y, en particular, de los recursos públicos. Tener un gasto del sector público muy excedido de los ingresos fiscales, como ocurre en la actualidad, y financiar dicho exceso con deuda externa, en dólares, ya era riesgoso antes de Trump. Y ahora es mucho más riesgoso. Por eso, es tarea de todos los que dirigen el sector público trabajar por un Estado más moderno en su gestión y equilibrado en sus finanzas.
*Economista – Idesa

