Un canalla cuya visión ve las cosas como son
Igual que sus primos multimillonarios de la CGT, también los piqueteros han sido formados en el estilo Vandor.
Al presidente Mauricio Macri le regalaron unas gafas de realidad virtual para que vea las obras públicas que cambiarán al país. Seguro será el mejor modo de imaginar lo que viene. Mientras no le nuble la mirada para ver lo que existe hoy.Creer que se discute en el Congreso un par de cambios en el Impuesto a las Ganancias, es una ilusión. Saber que se debate una reforma impositiva improvisada, impuesta por el peronismo unificado para desfinanciar al Estado y reposicionarse para 2017, es la realidad.Al menos en eso, Juan Schiaretti y acaso Juan Manuel Urtubey son excepciones.Pero pensar que el grueso de los gobernadores justicialistas conceden gobernabilidad por simple compromiso republicano, es candidez. El precio que cobraron este año en ese trueque con la Nación es tan elevado que ya habita el núcleo duro del déficit fiscal inmanejable para el gobierno de Macri.Suponer que las amenazas a la paz social disparadas en las redes sociales son nimiedades de Facebook, es un error. Luis D'Elía y Fernando Esteche no son gnomos de Navidad.Después de apretar con palo y capucha en la avenida 9 de Julio de la Capital Federal y pasar luego por la caja del Estado para obtener 30 mil millones de prebendas, los flamantes "gordos" del piqueterismo nacional ya afinan sus cuentas para manejar su obra social propia. Ese gasto será cualquier cosa menos imaginario.Por eso conviene advertir, para evitar desilusiones: allí donde se escriba emergencia social, debe leerse subsidio a piqueteros. Donde se lea institucionalización de la economía popular, debe interpretarse gasto estatal para comprarles gobernabilidad. Y con resultado virtual. Porque afuera de las gafas, los piquetes extorsivos continúan.En Córdoba, los gobernantes instrumentaron una tarjeta social. Al otro día, los pasajeros del transporte urbano se tenían que bajar de los colectivos en el Parque Las Heras para llegar caminando a la peatonal. La ciudad sitiada no fue simple imaginación.Igual que sus primos multimillonarios de la CGT, también los piqueteros fueron formados en el estilo Vandor. Juan Grabois cobra en la ventanilla de Carolina Stanley. Sale corriendo a Aeroparque, aterriza en Jujuy. Con prisa para no perderse una selfie con Milagro Sala.Por qué debería sorprender la coincidencia. Todos fueron peronistas con Carlos Menem y peronistas con Néstor Kirchner. Sólo les faltaba negociar con Emilio Monzó.Tampoco habrá muchas variaciones si el Gobierno mira sin las gafas hacia los tribunales de Comodoro Py. Nunca como en 2016 las evidencias de corrupción fueron tan ostensibles. El robo estaba filmado. En la financiera La Rosadita o en el monasterio de adoratrices de la obra pública.Están detenidos Lázaro Báez y José López. Y Ricardo Jaime, que fue en Córdoba un pionero del transporte ferroviario virtual.Pero sólo el juez Claudio Bonadio se animó a investigar a Cristina Fernández. Termina 2016 y la expresidenta concluye su año terrible sin mayores consecuencias. En pocos días más, ante cada citación judicial reclamará los privilegios de un candidato opositor.Y Macri, que invitó al país a sacarse las gafas para ver la pobreza tal cual es, tiene ante sí el desafío de no volver a usarlas para cumplir su promesa de llevarla a cero.Aunque puede parecer cínica la crítica, desde aquella ironía de Ambrose Bierce ya se sabe que el cínico no es sino un canalla cuya visión defectuosa ve las cosas como son, no como deberían ser.

