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Un bote para los candidatos

Kicillof ha generado un peso en rojo por cada cinco pesos que ingresaron por impuestos.

04 de junio de 2015 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Un bote para los candidatos

El gobierno de Cristina Fernández llegará al 10 de diciembre con una Argentina exhausta. La quema de naves nunca cesó desde que, en 2011, la Presidenta cambió la "sintonía fina"–su versión del ajuste– por el "vamos por todo". Su costosa hegemonía política ya había requerido que el ahorro previsional comenzara a gastarse como si fuera un ingreso impositivo; que las reservas del Banco Central se empezaran a usar no sólo para pagarle al FMI, sino a cualquier acreedor; que una porción cada vez menor de los ingresos fuera a las provincias (para que la Nación pudiera gastar cada vez más), y que la presión impositiva alcanzara un récord histórico (por la negativa a permitir el ajuste por inflación de los balances y las deducciones de Ganancias).Después vino la emisión lisa y llana de pesos. El Banco Central comenzó a proveer al Tesoro. Pero, para que eso no generara tanta inflación, el BCRA los absorbía por otra ventanilla, tomándolos prestados a los depositantes de los bancos.Esa capacidad de endeudamiento del Central al 27 por ciento anual también tocó un límite. Así que tuvieron que poner al propio Tesoro a endeudarse en vivo y en directo (también al 27 por ciento en pesos y al 9 por ciento en dólares).La devaluación de enero de 2014, aunque fue el reconocimiento callado de una pésima gestión, no sirvió para nada. La inflación se comió la momentánea ventaja competitiva dada por el peso barato. Porque, finalmente, se quemó la nave del saldo positivo del comercio exterior. Allí también estamos en rojo, por más que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) dibuje las cifras del comercio exterior.Todo eso sucedió pese a que, al mismo tiempo, se impuso el cepo para evitar que alguien más que no fuera el Estado usara los dólares del Central. Consistió en restringir importaciones, impedir que empresas giraran utilidades al exterior y limitar a otras el pago de importaciones ya realizadas. Es toda deuda en dólares no reconocida, que se suma a las divisas prestadas que se tomaron con China y que no son otra cosa que anticipos de ingresos por exportaciones futuras.Hoy, la deuda pública nacional, medida en dólares, bordea los 200 mil millones. Récord histórico. El argumento de que su enorme mayoría está en pesos y se debe a acreedores internos delata las intenciones no explicitadas del Gobierno de que, llegado el caso, se podría licuar con inflación o con alguna variante de los "ahorros forzosos" que ya se impusieron en otras crisis. Como si eso no tuviera costos políticos o no fuera otra variante del default . Cinco por uno Los números fiscales del primer trimestre del año mostraron el abismo. La gestión de Axel Kicillof ha generado un peso en rojo por cada cinco pesos que le ingresaron por impuestos. Y no tiene fuentes de financiamiento genuino o razonable para cubrir la diferencia. Porque la Argentina está en default selectivo.A menos que Kicillof y Cristina Fernández encuentren otra nave para quemar, ha quedado expuesta una lógica: desde 2005, cuando echó a Roberto Lavagna para no ajustar las tarifas de los servicios públicos, el kirchnerismo se fue poniendo al país de sombrero en pos de un proyecto de poder faccioso y con pretensiones milenaristas. Lo hizo en un contexto internacional soñado, que desde hace dos años está en reversión.Ahora están ahí, frente a nosotros, Daniel Scioli y Mauricio Macri. Ambos se hacen los distraídos, por distintas razones. A una de esas razones la comparten: la enorme mayoría del electorado no quiere escuchar que la fiesta, finalmente, terminó. Pero ambos saben que, de ser presidentes, necesitarán encontrar un bote lo suficientemente grande para que quepan 42 millones de argentinos.