A tres semanas de la muerte de Nisman
La crisis por el caso Nisman profundiza el conflicto político que tenía la Presidenta con la mayoría de los jueces.
Cuando se esperaba un último año de Cristina en el que pudiera surgir desorden económico y social, el conflicto central inesperadamente se instaló en el plano político e institucional con la crisis del caso Nisman. Su denuncia que acusa a la propia Presidenta de encubrir a Irán en el atentado contra la Amia y su posterior muerte crearon la peor crisis político-institucional del kirchnerismo en casi doce años de gobierno.El intento del oficialismo de imponer en las horas posteriores a la muerte del fiscal la hipótesis del suicidio –como lo afirmó la Presidenta por Facebook en la noche de ese día y el secretario de Seguridad a los medios en la mañana– se derrumbó al día siguiente, cuando un testigo y un peritaje contradijeron la tesis del oficialismo, que vio afectada fuertemente su credibilidad desde entonces.La Presidenta asumió en su segunda manifestación por Facebook que había sido asesinado y denunció una "conspiración" de sus enemigos, a los que siempre asigna la responsabilidad por los fracasos políticos del Gobierno. Esta vez incluyó como nuevo enemigo a los "servicios de inteligencia" y excluyó a los fondos buitres, elegidos como adversario principal desde junio del año pasado hasta ahora.Una semana después, la Presidenta ensayó un contraataque político que tuvo como ejes sus dos mensajes por la cadena nacional del 26 y 30 de enero. De acuerdo a su estilo, que deriva de su personalidad, Cristina redobló la apuesta. En su primer mensaje por cadena nacional dijo que no tenía miedo ni se sometía a ninguna extorsión, denunció que el único imputado en la causa era hermano de un socio del Grupo Clarín –lo que resultó inexacto– y anunció la reforma de la Secretaría de Inteligencia, donde ubica ahora a sus nuevos enemigos.El proyecto de reforma comenzó a debatirse el martes 3 de febrero en el Congreso y dos días después tuvo despacho de Comisión y obtendrá media sanción en la segunda semana del mes y aprobación definitiva antes de que finalice. En realidad, se intenta crear un organismo mucho más poderoso, dado que se integra a la nueva Agencia Federal de Informaciones, además de toda la actual Secretaría de Inteligencia, la Dirección de Inteligencia Criminal del Ministerio de Seguridad, que reúne a los servicios de inteligencia de las cinco fuerzas de seguridad federales (Policía Federal, Gendarmería, Prefectura, Policía Aeronáutica y Servicio Penitenciario Federal). La intención de que las escuchas telefónicas pasen a depender de la Procuradora implica, en el actual contexto político, un mayor control del oficialismo sobre el sistema.En el segundo mensaje por cadena nacional, Cristina puso especial énfasis en refutar a la fiscal del caso Nisman por haber contradicho sus afirmaciones. Ni una sola vez en una hora que duró la cadena nacional nombró a Nisman.
Estrategia
La crisis por el caso Nisman profundiza el conflicto político central que tenía la Presidenta antes de aquel, que es con la mayoría de los jueces.
La estrategia judicial del oficialismo en la crisis por el caso Nisman es que la causa que investiga el atentado de la Amia, a cargo del juez federal Rodolfo Canicoba Corral, pase a unificar tanto la causa de la denuncia de Nisman sobre el encubrimiento de Irán, que investiga el juez Daniel Rafecas, como también la que lleva la jueza Fabiana Palmaghini sobre la muerte del fiscal. Este mecanismo le permitiría no sólo que las tres causas queden a cargo de un juez más afín, sino también crear una “megacausa” en la cual no será fácil avanzar.
Al mismo tiempo, la Presidenta ha iniciado una ofensiva para dejarle una Corte kirchnerista al próximo gobierno. Lo ha hecho al proponer a un jurista públicamente kirchnerista para la vacante que deja Eugenio Zaffaroni y al reiniciar presiones para provocar la renuncia de Carlos Fayt.
Pero el aspecto internacional de la crisis Nisman es la faz más compleja y la que el Gobierno parece manejar con menos conocimiento del terreno. El oficialismo –recurriendo al nacionalismo como hizo con los
holdouts
– ha rechazado no sólo la posibilidad de una investigación internacional, sino también que organismos extranjeros realicen peritajes. Explícitamente, el jefe de Gabinete rechazó el pedido del senador republicano Marco Rubio al presidente Barack Obama de que influyera para una investigación imparcial. Pero la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que funciona en el ámbito de la OEA, la ha pedido.
La dirigencia de la resistencia iraní desde París elogió a Nisman como un mártir. Frente a ello, el partido proiraní que funciona en Francia elogió a Cristina Kirchner por su lucha “contra el sionismo”.
El nuevo embajador de Estados Unidos estuvo presente en el sepelio del fiscal, envió una carta de condolencias a su madre, visitó la Daia y en la reunión en la cual inició su gestión en la propia Embajada, volvió a reclamar que continúen adelante las investigaciones que Nisman llevaba. Las entidades judías de Argentina decidieron no conmemorar con el Gobierno el día del Holocausto.
Puede discutirse si Nisman ha probado que la Presidenta ha encubierto a Irán, pero sin duda ha demostrado la penetración de los servicios de inteligencia iraníes dentro del Gobierno a través de figuras como D’Elía y Esteche. Mientras tanto, la Presidenta, en su visita a China, confirma que la potencia asiática es su opción estratégica.
¿La crisis Nisman dejará rápidamente el centro de la escena o, como ha sucedido con los estudiantes mejicanos desaparecidos, cinco meses después seguirá siendo un tema candente? Nadie lo sabe, pero es más probable que se asemeje a un reclamo que perdurará, como en México.
* Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

