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Política

En primera persona. Rumbo correcto, pero tragando sapos: ¿no hay otra?

El rechazo a las formas de Milei y los escándalos de Adorni conviven con una realidad indiscutible: el modelo anterior dejó una economía estancada, sin dólares y al borde del colapso. El mercado interno se sobredimensionó y es muy costoso ordenarlo.

04 de mayo de 2026, 18:40
Rumbo correcto, pero tragando sapos: ¿no hay otra?
MIlei en el Congreso, con respaldo a Adorni.

Vamos a hablar acá exclusivamente de la economía. Estamos bien de acuerdo que no nos gustan las formas del Presidente, ni que cierre la sala de prensa, ni que su hermana Karina esté presente hasta en la sopa. Está mal que siga como jefe de Gabinete Manuel Adorni. Es un sapo enorme el que estamos tragando. Una cantera de sapos si le parece. Estamos de acuerdo. OK.

En los gobiernos anteriores había sapos más o menos similares, pero, encima, el rumbo económico estaba mal. Íbamos a contramano del mundo y de la región. Mientras los países vecinos nos superaron en crecimiento económico y reducción de la desigualdad social, nosotros nos estancamos.

Peor: retrocedimos. Tuvimos la oportunidad de crecer en serio, pero nos comimos el relato de la soberanía alimentaria, del vivir con lo nuestro y de que la patria es el otro. Después de la gran crisis de 2001, estaban dadas las condiciones para dar el salto.

La economía rebotó, estaba desindexada y teníamos infraestructura suficiente para aumentar la productividad. Pero el kirchnerismo incrementó el gasto público del 20% al 37% del PIB, reestatizó empresas que habían pasado a manos privadas y las llenó de militantes, como hizo con todas las dependencias del Estado. Otorgó moratorias a cuatro manos, y los jubilados pasaron de 3,2 millones a 6,5 millones en tres años. Le puso trabas a la exportación y, como no tenía dólares suficientes, los reservó sólo para los amigos. Al resto, pan y cepo.

La dirigencia cabalgó sobre un relato de país rico y se lo terminó creyendo. La verdad llegó cuando se acabaron las cajas, los dólares de las reservas, los impuestos por inventar y hubo que acelerar la impresión de billetes. Fue una explosión económica, sin cacerolazos ni marchas sangrientas. El catalizador fueron las elecciones de 2023, cuando llegó un outsider desconocido que ganó diciendo que había que ajustar.

Y eso hizo: el gran ajuste de 2024 recayó sobre los que tenemos ingresos fijos, asalariados y jubilados. Marginalmente, la casta. Aun bajando a cero el gasto de la política, no alcanzaba si no se licuaban salarios y jubilaciones. ¿Había otra salida menos cruenta? La convertibilidad tuvo lugar porque antes hubo un plan Bonex que confiscó los ahorros a los argentinos; y 2001 confiscó ahorros y destruyó empleo, con tasas del 27% de desocupación.

Ahora aparecen las quejas porque la economía marcha a dos velocidades y no se calienta el consumo. Vamos en forma de K.

Primero, el Central no podría estar haciendo su tarea (que reclamábamos en 2025) si no “volaran” la energía y la minería y, en este trimestre, el agro. En abril compró U$S 2.770 millones y lleva U$S 7.155 millones en lo que va del año. Todo, con un tipo de cambio en torno de los $ 1.400, que da lugar incluso a compras más agresivas de reservas.

Como contraparte, la industria, la construcción y el comercio no logran levantar cabeza, y esa sería la fase negativa de crecer en forma de K. Es probable que mucho de lo que hoy no repunta no vaya a reflotar por la sencilla razón de que el mercado interno estaba sobredimensionado. Funcionaba sobre la base de prebendas, de permisos, de paraguas proteccionistas y de muchos pesos que le quemaban en la mano al consumidor.

No todo, por supuesto, pero mucho no podrá sobrevivir porque cambió por completo el modelo económico.

Este rumbo va por la desinflación, la apertura económica, la caída de privilegios para los sectores protegidos (OK, faltan algunos), el incentivo a las inversiones competitivas y una obsesión enfermiza por cuidar el superávit fiscal.

¿Gusta? En la transición duele. Estaba subdimensionado el sector exportador, ese que provee de los dólares que la Argentina necesita (y que quieren tanto los argentinos) y estaba absolutamente inflado el mercado interno. La reversión, que está ocurriendo, es cruenta para muchos. ¿Hay lugar para las Fate? Es durísimo decirlo, pero probablemente no.

Tiene que aparecer el crédito accesible para que esos sectores puedan reinventarse. No los Madanes Quintanilla, pero sí las pymes que no tienen la culpa de haber recibido los incentivos incorrectos.

Hay algunas señales que dan a entender que el Gobierno ha aflojado un poco su obsesión en la desinflación aun a costa de matar al enfermo. Tasas más bajas, reducción de encajes para estimular el crédito y, ahora, un subsidio adicional del 25% a los usuarios de gas natural (tendrán 75% en mayo) para atemperar el impacto de los precios por la guerra en Irán.

Son correcciones que no alteran los pilares del plan económico.

Argentina exportará en tres años el equivalente a tres pampas húmedas hoy. Fueron las políticas erradas las que nos llevaron al borde del abismo. ¿Funcionará? No lo sabemos todavía. Sí sabemos que lo anterior no. Lo deseable sería rumbo correcto sin tragarse sapos. ¿Pasará alguna vez?