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Socio en minoría, con rendición pendiente

En su evaluación de los resultados, destacó otra cosa, que no es menos cierta. Junto a Massa, logró reunir una cantidad de votos que los convierte en pieza relevante de los comicios de octubre.

10 de agosto de 2015 a las 12:01 a. m.
Socio en minoría, con rendición pendiente

El gobernador de Córdoba concluyó ayer su carrera presidencial. Cayó derrotado frente a Sergio Massa en la disputa interna del espacio UNA. Le ganó a este en Córdoba, donde dejó bien atrás a la fórmula de Daniel Scioli y Carlos Zannini. Y frenó por poco a Mauricio Macri, con un resultado trabajoso, en un territorio que le debería ser propio con amplitud. José Manuel de la Sota enfrenta así el final de un ciclo político personal que imaginó desde el mismo momento en que ingresó como ganador, por primera vez, a la antigua Casa de las Tejas. Debía terminar en las puertas de la casona rosada de Balcarce 50. No será así.En su evaluación de los resultados, destacó otra cosa, que no es menos cierta. Junto a Massa, logró reunir una cantidad de votos que los convierte en pieza relevante de los comicios del 25 de octubre. Allí estarán las voluntades que necesitan Scioli y Macri para clausurar la elección en primera vuelta o abrir la posibilidad de un balotaje el 22 de noviembre.En su módico despacho de la Casa Rosada (en el que para ir hasta un baño, aun más pequeño, había que salir por el balcón más célebre de la mitología peronista), el recientemente fallecido Juan Carlos Mazzón solía imaginar estos juegos de fintas.Fue Mazzón el que pergeñó para Eduardo Duhalde la interna desembozada del PJ, que en las elecciones generales de 2003 dejó a Carlos Menem expuesto a la sentencia del balotaje. En otras palabras: hizo a Néstor Kirchner presidente en primera vuelta. En busca de acuerdos similares, visitó Gualeguaychú en febrero de este año y cenó con Emilio Monzó, mientras radicales y macristas creaban la coalición Cambiemos. En esa mesa polarizada, comenzó el declive de Massa, que sólo alcanzó a coagular ayer.Massa y De la Sota (que tanto le debió a Mazzón, su mejor contacto en la Rosada) ejecutarán desde ahora la herencia de su manual de instrucciones. Pero a la inversa, para tallar en toda posible negociación. En ese emprendimiento, el peronismo cordobés será apenas un socio minoritario.Hasta allí lo alcanzado por el gobernador de Córdoba para sostener su espacio en el nuevo escenario nacional.Visto desde la perspectiva de una elección presidencial, es un logro más bien modesto. Para los cordobeses, bien cabe una legítima evaluación de costos.En tono de confesión, el gobernador de Córdoba deslizó en su reciente biografía un cálido reproche familiar: "Los De la Sota siempre se consideraron patricios". Orgullosos de que uno de sus ancestros haya participado en la batalla de la Vuelta de Obligado y de que otro repose con reconocimiento de héroe de la Armada en un cementerio bonaerense.El mandatario cordobés se consideró heredero –en cambio– de la transgresión de su padre, que desde su acercamiento al peronismo fue un hombre de partido, comprometido con el sacrificio que impone una estructura política.Refiere De la Sota que cuando desafió al conductor partidario, Raúl Bercovich Rodríguez, en los primeros años de la democracia restaurada, había recaudado aportes por 80 mil pesos de la época y gastó 220 mil. Y cuenta que increpó entonces a su equipo de campaña."No se preocupe", le dijeron. "No debemos nada a nadie"."¿Cómo me voy a quedar tranquilo?", respondió. A regañadientes, le revelaron que su padre había cubierto el bache.Anoche, el gobernador terminó su empeño presidencial. Sembró algunas ideas con las que su provincia puede identificarse y prácticas que entrarán al pasado como áspera contradicción.Pero su campaña concluyó. Sólo quedan los hechos. El pueblo cordobés, el soberano al que juró servir, espera el balance.¿Cuánto se invirtió en este esfuerzo? ¿Cómo podría quedarse tranquilo el soberano sin una rendición de cuentas?Aunque a Córdoba le expliquen que no se debe nada a nadie, sería mejor que aquella conducta recordada sea honrada ahora de la mejor manera. Dejando en claro quién cubrirá el bache.