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Sobra todo, menos confianza

Aguad y Schiaretti parecen arrancar la campaña con un poco de ventaja sobre el resto. Ambos tendrán internas y las ventajas/desventajas de tener sendas gestiones por detrás.

19 de junio de 2013 a las 02:00 p. m.
Sobra todo, menos confianza

Sin que sea algo definitivo, y mucho menos holgado, el radical Oscar Aguad y el justicialista Juan Schiaretti empezarán la campaña para diputados nacionales con un poco de ventaja sobre sus competidores, pero también con cuestiones que pueden ser tanto oportunidades como riesgos.

Las tratativas al cierre de la presentación de listas, que vence el sábado, son un reflejo de las modestas expectativas de las principales fuerzas en la doble instancia electoral de las primarias del 11 de agosto y las generales del 27 de octubre. Es que en el peronismo y el radicalismo se negoció y negocia en función de que para entrar al Congreso hay que estar en los tres primeros lugares de la lista de nueve. En anteriores elecciones, el que ganaba se llevaba cuatro y hasta cinco diputados nacionales.

Ahora, la oferta electoral está atomizada. Además del PJ y su coalición Unión por Córdoba y de la UCR, aparecen con diferentes grados de posibilidad de lograr al menos una banca el Frente Cívico y Social, con Ernesto Martínez apadrinado por Luis Juez; el Frente para la Victoria, con Carolina Scotto;

La Fuerza de Córdoba, de Olga Riutort, y el PRO, que debuta en Córdoba con Héctor Baldassi de candidato.Un elemento que los diferencia a Aguad y Schiaretti de sus competidores externos es que tendrán competidores internos en las primarias de agosto.

El intendente de San Francisco, Martín Llaryora, anunció que dará batalla al exgobernador, en el PJ, y lo mismo hizo el riocuartense Miguel Abella frente a Aguad, en la UCR.

La competencia en primarias puede ser una ocasión para que haya algo más de movilización de estructuras y mayor atractivo para los votantes, porque hay algo en juego. Esto puede implicar un aumento del caudal de sufragios que se saca en la interna, como agrupación, para quedar posicionado para la general.

Pero genera un par de peligros: uno, que el rival interno tenga una actuación destacada y deje al candidato “oficial” debilitado para la general; el otro es que, si se hace el cálculo de votos obtenidos en las primarias por candidato y no por partido, los que tengan competencia queden en desventaja respecto de los que van solos.

En cada partido ha habido por estas horas argumentos en ambas direcciones.

El otro denominador común, con diferentes graduaciones, es que Schiaretti y Aguad tendrán dos gestiones por detrás. Schiaretti tiene más que estrecha relación con esta administración provincial, ya que es el sucesor/antecesor de José Manuel de la Sota, además de ser ministro en el primer mandato y vicegobernador en el segundo. A Aguad lo separa un poco de distancia del gobierno de Ramón Mestre en la ciudad de Córdoba, pero la presencia del intendente en campaña se la acortará.

También allí aparecen ventajas y desventajas. Por un lado, la posibilidad de capitalizar éxitos de gestión y de contar con la enorme estructura estatal en función de campaña. Pero, por otra parte, cada dificultad de gestión puede impactar duro sobre el candidato, más allá de que ambos intenten nacionalizar su discurso y dejar en segundo plano las cuestiones locales.

Y si faltaba una señal de la inmensa preocupación con que las principales fuerzas encaran la campaña, Schiaretti ya comenzó a emitir avisos televisivos, cuando por ley ese tipo de publicidad es costeada y repartida por el Estado y recién un mes antes de la votación.

La gambeta a la norma electoral que plantea el PJ puede generarle alguna adhesión, pero deja al desnudo que entre los estrategas del oficialismo provincial abunda todo, menos la confianza.