
Milei y el difícil objetivo de recrear las expectativas
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Redacción La Voz
Casi el 60% de los argentinos admite haberse atrasado en algún pago en los últimos meses. Según un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica de Argentina, el 21,5% empezó el año con atrasos en alguna factura de servicios públicos y el 55,3% tiene dificultades para encarar un arreglo o mejora urgente en la vivienda.
Las dificultades para pagar la cuota completa de la tarjeta de crédito están estresando al sistema financiero en general y a todo el ecosistema de fintech. Se encendieron las alarmas, todas recogieron el piolín y bajaron límites drásticamente hasta que se sanee la situación. Ergo, no hay saldo disponible para comprar, lo que resiente aún más el consumo masivo.
En febrero del 2026, según el informe sobre bancos publicado por el Banco Central el 24 de abril, el ratio de irregularidad del crédito al sector privado fue del 6,7% en febrero cuando en febrero del 2025 estaba en 1,8%. Al distinguir por tipo de deudor, la irregularidad del crédito a las familias fue 11,2%, mientras que para empresas totalizó 2,9%. Entre las fintech, el panorama es peor, con una mora que escala hasta el 27%, el cuádruple de lo que registraban un año atrás. Reportes recientes indican que Mercado Pago registra una mora cercana al 15%, mientras que Ualá ha reportado picos de irregularidad de hasta el 40% en ciertos segmentos.
En marzo de este año, el 36% de las sucursales cordobesas de uno de los bancos privados más grande de la Argentina perdió plata. Desde el 2001 a esta parte, la morosidad de las personas es la más alta de la que se tenga registro. “La de empresas ya desde marzo empezó a bajar, pero la de particulares sigue alta”, admitió el gerente.
¿Qué está pasando? ¿Pasó ya lo peor? ¿Hay algo más que exceda el indiscutible argumento de que a las familias no les alcanza la plata?
Salarios que ajustan por detrás. El Gobierno no convalida paritarias por encima de la inflación y los que no tienen paritarias, corren por detrás. Los salarios, según el índice de salario real del sector privado, a diciembre de 2025 están todavía 2,3% abajo de noviembre de 2023. Y si se considera el ingreso disponible (el salario después de pagar tarifas, servicios esenciales y alimentos), está 11,5% abajo. Si la inflación abortó su camino de descenso e hilvana, por el contrario, 10 meses de continua suba, las familias que recurrieron al crédito se encuentran con dificultades para pagar el resumen de la tarjeta, porque la necesidad de flujo en el mes es cada vez mayor. Ergo, se empieza a retacear el pago del 100% del resumen y se va al mínimo, hasta que se hace insostenible.

Factor electoral. “Como consecuencia de la corrida típica de los períodos eleccionarios hacia el dólar, se secaron los pesos en el sistema. En ese momento subieron las tasas de captación, es decir, para buscar pesos los bancos tuvieron que pagar más. Y eso generó la lógica consecuencia: subieron las tasas de los préstamos, y lo vimos en ese momento”, explica Claudio Cesario, presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina. Hasta 2024, los bancos tenían un tope del 122% TNA para refinanciación, pero en el 2025 quedaron libres para fijar la tasa y, ante la emergencia, volaron en 2025. “La gente, antes de las elecciones, fue masivamente al dólar y eso provocó que faltaran pesos en el sistema”, agregó.
El Costo Financiero Total escaló a un pico de 215-245% y para refinanciar una tarjeta, se cobraba 240% efectiva anual. Impagable, porque el interés triplicaba la inflación del mes. En febrero de este año bajaron al 84% TNA para refinanciar la tarjeta: bueno, pero todavía muy caro.
Fin del "licuado". Durante 20 años, los créditos se licuaban con la inflación. Las familias estaban acostumbradas a que lo comprado con la tarjeta quedara congelado y que el peso del resumen de la tarjeta se fuera licuando con la suba salarial y eso ahora no ocurre. La consecuencia de una menor inflación es, obviamente, una menor licuación; más si se combina con salarios que van por detrás. Ese “chamanismo” financiero, desconocedor de los principios más elementales de una economía normal, se terminó. Entonces, es lógica la suba de la mora.
Hubo error de cálculo. Muchos bancos y billeteras virtuales hicieron una mala previsión de la mora: subvaluaron la tasa, de modo que no alcanzó lo previsto para pagar la pérdida estándar del sistema. Cuando esa pérdida se agravó tras las elecciones, el sistema entró en modo pánico. También pasó que, en el fragor de la vuelta a la normalidad –promociones, descuentos, cuotas, financiación de bienes que hasta el 2023 no ingresaban a la Argentina– se alentaron gastos que las familias no pudieron luego afrontar.
Falta cultura financiera. Hay consumidores que, con tarjeta en mano, gastan por encima de sus posibilidades y, cuando las compras llegan todas juntas para pagar, no hay plata que alcance. Muchos de esos consumidores estuvieron años excluidos del sistema de créditos, que ahora sí lo tienen de la mano de una billetera virtual y que no conocen exactamente cómo usar o caen presos de su propio entusiasmo. ¿A quién no le gustó comprar en Shein? Otros cayeron en el pago del mínimo y, con la escalada estrepitosa de las tasas, la deuda impaga se duplicó en poco tiempo.
“El incumplimiento muchas veces no responde a una falta de voluntad, sino a descalces financieros momentáneos. Nuestra cartera es más saludable: mientras que en el sistema el crecimiento del saldo deudor promedio por usuario creció un 52% en términos reales, en Naranja X ese incremento fue del 28%”, indican desde Naranja X. “Logramos asistir la necesidad de consumo sin empujar al usuario a una deuda insostenible, actuando como un regulador de su capacidad real de pago”, agregan. Implementaron pronto el uso de modelos de Machine Learning, con reentrenamiento permanente, para mirar el "endeudamiento sistémico". “Buscamos evitar activamente que el usuario caiga en un sobreendeudamiento que comprometa su salud financiera a largo plazo”, agregan.
Así, los bancos y fintech han respondido a la crisis por dos vías. La primera, es achicando el margen para endeudarse. Si la tarjeta permitía compras por cinco millones al mes, hoy bajó a dos millones.
La otra prioridad está en bajar la cuota para evitar el default del cliente: el objetivo es lograr que la cuota “entre en el sueldo” y activar “rescates tempranos”. Así, están unificando la deuda de préstamos vigentes y tarjetas en un solo crédito, alargando plazos y con tasas algo más pagables y permitiendo que el cliente vuelva a tener crédito: menor, pero la tarjeta disponible al fin. Para quienes ya están atrasados (hasta 90 días) hay planes que van de 60 a 72 cuotas. En casos extremos, han ofrecido quitas de capital o intereses: el banco prefiere perder algo antes que no cobrar nada.
“El sistema salió a buscar aquellos clientes con problemas para tratar de encontrar soluciones, reestructurando y refinanciando sus deudas”, dice Cesario. En el sistema dicen que en abril la situación empezó a revertirse y que estos rescates de los bancos han permitido a las familias volver a contar con el esperado crédito para activar el consumo. Habrá que esperar: las velas a todos los santos están prendidas.