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Si no se quejan, que después no se quejen

El Presupuesto de gastos y recursos marca, como ninguna otra ordenanza, el norte que decide tomar la gestión: cómo y cuánto prevé recaudar, a quién le cobrará más, en qué pretende gastar y con qué criterios.

21 de noviembre de 2013 a las 02:00 p. m.
Redacción La Voz
Si no se quejan, que después no se quejen

Pocas discusiones hay en el año en el ámbito del Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba que conciten tanta atención y dedicación de los ediles –o al menos se supone que así debería ser– como la aprobación del paquete económico que regirá a la administración municipal durante todo el año subsiguiente.

El Presupuesto de gastos y recursos marca, como ninguna otra ordenanza, el norte que decide tomar la gestión: cómo y cuánto prevé recaudar, a quién le cobrará más, en qué pretende gastar y con qué criterios. Es, en definitiva, la hoja de ruta que delinea todas las demás variables de la gestión.

Increíblemente, la mayoría de los concejales capitalinos parece no entenderlo así. O, por lo menos, eso es lo que trasunta la pobrísima participación que vienen teniendo en estos debates, en teoría relevantes como pocos.

Nobleza obliga, al oficialismo actual hay que reconocerle la predisposición, que se repite año tras año para esta época, de poner a todo el gabinete económico en la Comisión de Hacienda del cuerpo, para que los ediles pregunten y se saquen dudas sobre los números de la administración.

Todo indica que los concejales opositores no tienen casi dudas, que no manifiestan disidencias o que no consideran necesario formular interrogantes a los funcionarios.

Obvio que no todos son especialistas en cuestiones económicas ni tienen por qué saber de finanzas. El tema es que no plantean ni siquiera dudas surgidas del sentido común, que reflejen al menos la lectura de los proyectos.

El resumen del encuentro de ayer es más que elocuente: una pregunta de Juan Manuel Rodríguez (Eva Duarte), otra de Alejandra Vigo (PJ) y un largo mano a mano de Esteban Dómina (Frente Cívico) con el secretario de Economía, Diego Dequino.

Una síntesis oficialista de la reunión podría decir que está todo tan bien en materia de números que los cuestionamientos opositores fueron insignificantes. Y una mirada externa hasta podría sugerir que para la próxima vez, en lugar de convocar una reunión de comisión, se podrían reunir en una mesa de café sólo las tres o cuatro personas realmente interesadas en debatir estas cuestiones. Esto último sería más productivo.

Eso sí, quienes no abren la boca en las sesiones o instancias institucionales del Concejo para opinar, después atiborran las casillas de correo de las redacciones con furibundos comunicados en el que fijan su posición ante los temas bajo análisis.

En el lugar y momento en que deben “parlamentar”, no lo hacen, pero igual eso no los inhibe para plantear reclamos posteriores. Corresponde alertarlos: si no se quejan (ahora), después no se quejen.

En medio de tanta nada que dejó la reunión de ayer en el Concejo, lo más interesante surgió de la comidilla de pasillos que definía la presencia de Dequino en el recinto como una de sus últimas acciones como secretario de Economía. ¿Definió el Presupuesto 2014, pero no será quien lo ejecute? La versión de su renuncia sonó con fuerza y nadie salió a desmentirla.