Si la casa paga, pagamos todos
“Un hotel de 30 habitaciones de estas características es inviable económicamente”, dijo un gerente de una firma hotelera.
Ya sea un giro de la ruleta, una tirada de dados, una mano de blackjack o una vuelta en las maquinitas tragamonedas, todos los juegos imaginados en un casino terminan reduciéndose a dos conceptos básicos de los juegos de azar: cuando los jugadores pierden, la casa toma sus apuestas. Cuando los jugadores ganan, la casa paga sus apuestas. Así de simple.
Si algo quedó al descubierto hasta aquí, en la polémica que se suscitó en torno al Ansenuza Hotel Casino & SPA construido en Miramar, es que los cordobeses en su conjunto –la casa– han pagado.
Hasta donde se conoce, el Gobierno, a través de la Lotería, gastó casi 336 millones de pesos en levantar el complejo, pese a que en las previsiones presupuestarias iniciales figuraban asignados 40 millones de pesos.
Por esta diferencia, parte de la oposición asegura que detrás de los mármoles y los lujos del hotel se esconde una montaña de sobreprecios. Para ratificar esa creencia, mañana habrá una presentación en ese sentido ante el fiscal Gustavo Dalma.
Volviendo a las pérdidas, la Lotería sólo pagó y en medio año no cobró ni un peso del canon por la explotación del complejo (debe percibir el 10 por ciento de las utilidades, según lo estipulado).
Recién a fin de este año, cuando se haga público el ejercicio anual de 2016, se sabrá cuánto más les salió a los cordobeses edificar un hotel que los administradores acaban de abandonar –en mutuo acuerdo con el Estado– tras haber perdido entre “seis y ocho millones de pesos” en sólo seis meses.
La firma Triple L, debutante en la explotación de hoteles, dijo que no hará juicios civiles en contra de la Lotería por los incumplimientos de los que dijo ser víctima y que, según aseveró el abogado que la representa, condicionaron el desarrollo del negocio. No es común este tipo de altruismo empresarial.
A los 336 millones de pesos erogados hasta noviembre último, habrá que sumarles al menos 43 millones de pesos. Ese monto está dispuesto a pagar la casa de juegos estatal por la construcción de los segundos 30 dormitorios del complejo, esenciales para intentar hacer sustentable la ecuación financiera.
“Un hotel de 30 habitaciones de estas características es inviable económicamente en Miramar, en Villa General Belgrano o en Mar del Plata. Y si le sumás 45 empleados como tiene el Ansenuza, directamente es de locos”. La frase la lanzó un gerente de una firma hotelera con décadas en el negocio. ¿Nadie pensó esto? ¿Quién asesoró a Marta Zabala –extitular de Lotería– para que se embarcara en este proyecto?
Mientras continúa el silencio de José Manuel de la Sota, principal impulsor del complejo a orillas de la “Mar de Ansenuza”, como le gusta al exmandatario llamar a la laguna, uno de los constructores que participó de la obra dijo con mucho sentido común lo que varios legisladores oficialistas aseguran por lo bajo: “Si la Lotería hubiera dicho de entrada que iba a gastar toda esta plata, la obra jamás se hubiera hecho”.

