Scioli y la concesión de su última milla
Es probable que Scioli haya capitulado en su última milla porque todavía le quedaba, hasta el sábado, la amenaza de Florencio Randazzo.
La principal coalición opositora debatía cómo absorber el tropiezo de Santa Fe cuando el oficialismo aceleró la nominación de Carlos Zannini como compañero de fórmula de Daniel Scioli. La diferencia de velocidad tiene sus razones. La oposición ha cerrado un acuerdo plural. Tanto que le cuesta disimular sus desórdenes. En el oficialismo prima una decisión uninominal.
Esa decisión personalísima es la de Cristina Kirchner, presidenta y electora de su sucesión, hasta la hora de las urnas. Que Scioli haya pedido la designación de Zannini como compañero de fórmula confirma que ha quedado entrampado en el cerrojo que diseñaron para controlarlo, Cristina como conductora y el propio Zannini como ejecutor.Es probable que Scioli haya capitulado en su última milla de autonomía porque todavía le quedaba, hasta el sábado, la amenaza de Florencio Randazzo. Un candidato, valga recordar, apadrinado hasta ayer por el secretario Legal y Técnico de la Presidencia. Tanto se redujo el margen de maniobra del gobernador bonaerense que todas las opciones que lo rodean lo conducen a una candidatura (quién sabe una presidencia) heterónoma, vicaria, supervisada por una jefatura política que no será votada en octubre. Las elucubraciones de Carta Abierta sobre la fragilidad de Scioli si Máximo Kirchner era su candidato a vice, fueron perfeccionadas con la maniobra de ayer.Para decirlo en el dialecto de Horacio González: Zannini, a diferencia del hijo de la Presidenta, acredita la "pedagogía de saberes" requerida para acechar a Scioli desde el umbral más cercano de la sucesión presidencial.Frente a esta jugada de altísimo voltaje político, en el comando opositor, Mauricio Macri no anunció su vice, pero dejó trascender su preferencia por Marcos Peña, su secretario más próximo. Un alter ego , tan propio y porteño que excluirá la posibilidad de ampliar en la fórmula del PRO los límites políticos e ideológicos de la coalición que integra. Macri decide su destino como si ya hubiese ganado. Con el país en la mano, Cristina hace lo mismo.

