Razones de la payadora perseguida
Los jefes de los bancos centrales son parecidos a los jueces supremos de un país o a los mandamases de los servicios de inteligencia. Son las terminales del poder. Son los que aplican formas variables de la razón de Estado. Tienen una especie de inmunidad.
Razonablemente, Cristina Fernández prefirió encarar una defensa política antes que jurídica en la causa en la que está imputada por defraudación contra la administración pública junto a Axel Kicillof y el expresidente del Banco Central Alejandro Vanoli. Están los tres acusados de perjudicar al Central con las ventas de dólares futuro a precios artificialmente bajos y en un mercado acotado. La actitud de la expresidenta es lógica. Porque esta es, por lejos, la causa judicial más débil en su contra.Los jefes de los bancos centrales son parecidos a los jueces supremos de un país o a los jefes de los servicios de inteligencia. Son las terminales del poder. Son los que aplican formas variables de la razón de Estado. Tienen una especie de inmunidad. Sus actos no están sujetos a revisión o lo están sólo de manera formal o parcial. Un juez supremo puede decidir si una ley del Congreso viola la Constitución. Un jefe de espías puede ordenar operaciones que ponen al Estado a la sombra de las leyes. Un banquero central es el croupier de la economía. Está autorizado a intervenir con todo su poder para determinar nuestras vidas fijando la tasa de interés, manipulando la cantidad de dinero en la calle, comprando o vendiendo nuestras divisas de respaldo, bajando o subiendo el pulgar a cada banco. Impresor del FPV Como los jueces supremos y los jefes de Inteligencia, no es que los banqueros no estén sujetos a norma alguna, pero tienen amplios márgenes de discrecionalidad. Por definición. Por eso se espera de quienes ocupan esos puestos la máxima honorabilidad, una pizca de patriotismo e independencia para no ponerse en forma abusiva la camiseta de ninguna facción política. Porque pueden inclinar peligrosamente la cancha de la democracia. Es exactamente lo que hizo Vanoli bajo las órdenes de Cristina Fernández. Su única función en el Banco Central fue evitarle a la expresidenta un ajuste del gasto público que ella misma sabía necesario (al punto que lo había anunciado ya en 2011 con el rótulo de "sintonía fina").Vanoli se olvidó de la gente cuyos billetes debía cuidar, para ser imprentero del Frente para la Victoria, pagador de los cheques de Kicillof. En apenas 14 meses de gestión, Vanoli aumentó la base monetaria en 51 por ciento. Cuando entró, había 14,75 pesos por cada dólar en reserva; cuando se fue, había 25 pesos por dólar.La venta a futuro de dólares –ya no le quedaban más dólares de verdad para vender en el día– fue el último manotazo de ahogado para evitar que la expresidenta se fuera del Gobierno con una devaluación –que era el corolario inevitable de su propio gasto desbocado– y, de paso, dejársela en puerta al nuevo gobierno. Un costo extra estimado en 60 mil millones de pesos para un Central al que de por sí dejaron en quiebra. Sería miseria, no delito Eso es el colmo de la miseria política, de la mezquindad ególatra en nombre del pueblo. Pero ¿constituye una asociación ilícita entre Fernández, Kicillof y Vanoli, como dice Bonadio? Casi seguro que no. Ni aquí ni en la China. Para serlo, Bonadio debería probar que Fernández tramó con Vanoli vender tal día a tal y cual comprador tantos dólares a tal precio. Pero no robaban para ellos. Sólo financiaban su irresponsabilidad política para llegar al 10 de diciembre y dejar plantada una bomba.Cristina lo sabe mejor que nadie. Por eso desechó los argumentos jurídicos. No los necesita en esta causa. En cambio, prefiere declararse payadora perseguida. Mejor hacerlo con esta causa, porque en casos como los de Hotesur le resultará más difícil explicar por qué Aerolíneas Argentinas contrató en los hoteles K, por cada día hábil e inhábil de varios años, 18,7 pernoctaciones para sus empleados.Para entonces, le conviene haber instalado ya la "persecución". Capaz que Bonadio le haya prestado un gran servicio ayer. Gracias a él y a la imputación en su contra que aparece con menor sustento, la expresidenta selló ayer el pacto con sus adherentes más verticalistas y ortodoxos. ¿PJ estás? Para el Gobierno de Mauricio Macri, no está tan mal. Volver a escuchar el tonito de Cristina en lo que se pareció a una de aquellas cadenas nacionales también es un catalizador para quienes la rechazan. En el medio, vuelven a quedar decenas de peronistas que aspiran a ser los próximos jefes y candidatos del PJ. Necesitan liberarse –y, por ende, diferenciarse– del cristinismo, al que, ellos lo saben, sólo una incineración de Macri en el plano de la economía podría devolver a una mayoría sólida. Por eso, ayer ni aparecieron.

