Prometen participación pero guardan las urnas
En medio de tanta declamación, es bastante poco probable que el oficialismo y la oposición provincial decidan sus principales candidaturas en internas. La mesa de negociación sigue siendo más determinante.
Hubo un proceso político traumático en Córdoba, que amenazó con alumbrar mayor calidad institucional para la provincia. Fue aquella controvertida elección de 2007, que obligó a una reforma, que hoy está claro resultó incompleta y fragmentada. Un primer elemento curioso para arrancar: aquel proceso complejo y enrevesado, que culminó en una elección reñida el 2 de septiembre de 2007 con más de un mes de indefinición sobre el ganador, comenzó en diciembre de 2006 con una controversia municipal. Vicios en la convocatoria a la elección municipal de Yacanto determinaron la suspensión de esa votación. Cuando algunos memoriosos en la Justicia provincial se toparon la semana pasada con el caso Villa Allende, la evocación fue inmediata. Muchos de los protagonistas siguen siendo los mismos en distintos lados del mostrador.Otro tema que surge de la incompleta reforma política provincial es que no se avanzó en mecanismos que permitan la participación ciudadana con reglas claras y control estatal en la definición de los candidatos de cada fuerza, como ocurre a nivel nacional y en varios distritos con las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias.Es entonces que tanto el oficialismo como la posible alianza opositora hacen de la interna un elemento más declamativo que de real participación. A este ritmo, es casi un hecho que ni los afiliados peronistas e independientes elegirán en las urnas a los candidatos de Unión por Córdoba ni tampoco lo harán independientes y afiliados a las fuerzas que conforman la posible coalición UCR-PRO-Frente Cívico-Coalición Cívica y otros. Sin papeles La interna opositora para definir el candidato de una eventual alianza no tiene fecha, ni mecanismo, ni reglamento. Y tampoco tiene casi entusiasmo en los que deciden. Mauricio Macri llegarámañana a Córdoba con el discurso de que lo importante es que haya alianza opositora provincial, que se priorice la unidad y que se escuche a la gente. No lo dirá, pero el líder del PRO no quiere saber nada de la interna que la UCR terminó proponiendo Ramón Mestre cuando vetó el mecanismo de la encuesta para decidir el candidato a gobernador. Pero como, al menos por ahora, no quiere hacer nada que le empañe su acuerdo nacional con la UCR, aceptará la interna.No lo hará en forma neutra. Pone en cancha otro precandidato, un empresario de filiación radical como Ercole Felippa, mientras sigue esperando sobre la decisión de su radical preferido, Oscar Aguad, con quien Mestre no quiere saber absolutamente nada.En el mismo momento en que Macri hará eso caminando por la peatonal de Córdoba y dando entrevistas a los medios, encuestadores de la consultora nacional que contrató tocarán timbre en los domicilios seleccionados para saber cuántos porotos tiene cada uno de los anotados.El precandidato presidencial será prudente al hablar del resto de los postulantes, pero sus operadores no descartan gestos que marquen sus preferencias, además de tenerlos al lado a Felippa, Felipe Lábaque y Héctor Baldassi.El veto a Mestre no será público, pero está presente en cada conversación que mantienen los macristas con distintos interlocutores.En esa negociación, parece haber más vetos que votos.Macri reforzará su relación con el Frente Cívico de Luis Juez. Este fin de semana largo, dirigentes del Frente Cívico y el PRO mantuvieron varias reuniones para preparar juntos una propuesta de borrador para la interna que vaya a saber si se hace. No obstante, todo parece indicar que Macri quiere a Juez en su espacio, aunque no necesariamente de candidato a gobernador.Juecistas y macristas dicen que es condición indispensable que en esa interna se elijan todos los candidatos: desde la fórmula de gobernador y vice, legisladores hasta el último candidato a intendente. Eso anticiparía los tiempos en la ciudad de Córdoba, donde Mestre pretende votar lo más alejado de la elección provincial, que sería en julio, además de desbaratar la hipótesis de una doble candidatura (gobernador-intendente).Los radicales no han explicitado qué quieren. Mestre sostiene que eso y el candidato que llevarán a la interna lo deben decidir los órganos partidarios, sobre los cuales el intendente tiene el control. Una forma elegante de decir que él será quien determine. Los suyos dicen que nada ni nadie lo bajará de la precandidatura a gobernador.Ayer, el precandidato presidencial y titular del radicalismo nacional, Ernesto Sanz, envió un comisionado para sondear los ánimos. El sanluiseño Walter Ceballos se reunió con referentes partidarios, sin lograr definiciones concretas.Además de la visita de Macri del jueves, ese día estará en Córdoba Sanz.El peso partidario que tiene el radicalismo se contrapone con la incidencia de la figura de Macri, que se siente el gran elector por su posicionamiento nacional, aunque parece no entender los tiempos y las formas de la fuerza centenaria. Tironeados En el peronismo se regocijan de esas desventuras opositoras, pero sin el panorama claro hacia adentro con un ruido más sordo pero no necesariamente menor. José Manuel de la Sota no termina de armar el elenco con el que buscará garantizar la continuidad de su proyecto político, aunque se mantiene la fórmula Juan Schiaretti-Martín Llaryora, por ahora como inamovible. Pero no es proclamada, y le corren cada semana el arco de la interna que no será tal para la consagración. En algunos departamentos, hay delasotistas que desconocen esa fórmula y amagan con ir solos a una interna.Eduardo Accastello dijo ayer que ya se decidió a competir por afuera del justicialismo provincial en la general, aunque fue muy cauto, y hasta elogioso, en sus conceptos a De la Sota, quien también viene ponderando al villamariense. Por ahora, es sólo una puerta entreabierta para usar en casos de emergencia. Pero abierta que está.La Capital es, por enésima vez, el gran problema para el peronismo cordobés. De la Sota está decidido a jugar con Esteban Dómina, Olga Riutort está una vez más con un pie afuera y Schiaretti podría jugar con otro precandidato.

