Preocupados por el rumbo de Córdoba
Existe entre los empresarios el temor de que el acuerdo firmado por De la Sota con la Policía convierta a la sociedad en rehén permanente.
Hace una semana, antes de que el río de saqueos inundara la ciudad, un importante empresario de la construcción de Córdoba se encontró en la convención anual del sector en Buenos Aires con Jorge Capitanich. En una breve charla, el ejecutivo le pidió: "Por favor, convóquelo a De la Sota". El nuevo jefe de Gabinete le respondió con cuatro palabras: "Decíle que me llame". No se sabrá nunca cuánto de esa gestión unipersonal tuvo incidencia para que el próximo martes el gobernador de Córdoba y Capitanich se encuentren en la Casa Rosada, pero el intento voluntario deja clara la enorme preocupación existente a nivel gremial-empresario por la sobresaltada marcha de la gestión provincial, inquietud potenciada ahora por mil tras los sucesos del martes y el miércoles.Gran parte de lo ocurrido en estas horas aciagas no por sorpresivo dejaba de ser esperado por los hombres de empresa. No es que alguien entreviera a la violencia como resultado natural del proceso, pero el caos fue en parte también producto del obcecado enfrentamiento entre la Provincia y la Nación. Primero por la dilatada disputa por los fondos que Córdoba reclama; luego, por la falta de ayuda concreta en medio del caos.La aparición de Capitanich, como una figura "nueva" dentro del Gabinete de Cristina Fernández, había alimentado la esperanza de cambiarle el rumbo a la vieja pulseada. Sin embargo, el fuerte cruce por la no intervención de la Gendarmería parece estar dinamitando también ese puente. "Estoy desilusionado", confesó ayer un activo miembro del Grupo de los Seis, minutos después de haber avalado un extenso documento titulado "Las responsabilidades cívicas de lo que viene".Allí, con lógica gerencial, las organizaciones con mayor representatividad a nivel empresarial –sólo faltaría incluir a la Cámara de Industriales Metalúrgicos y a los ruralistas– plantean primero lo urgente: que este tipo de episodios "no vuelva a repetirse". Y luego van por lo importante: la erradicación de los reclamos sociales que apelan a prácticas extorsivas, como fue la demanda policial, y un llamado a la responsabilidad de la dirigencia política, en particular de aquellos que gobiernan.Frente a la Policía, existe entre los empresarios el temor de que el acuerdo firmado por De la Sota (en la práctica lo entienden como una cesión) convierta a la sociedad en un rehén permanente. "¿Cada vez que no les guste algo nos van a dejar a merced de las bandas?", se preguntan. Es allí donde talla con fuerza la hipótesis de un desborde "armado previamente", como sugirieron varios empresarios. Con el gobernador, en tanto, el malestar ya es poco disimulable. Le endilgan como mínimo no haber visto a tiempo la crisis policial, pero le achacan también la parálisis en la que ingresó la gestión, con la falta de resolución de temas varias veces conversados. "De todo lo que hablamos hace dos meses en una cena a la que él nos convocó, no se cumplió nada", le dijo el miércoles un dirigente a un ministro. Se refería a la infraestructura y al gasto público. Ayer, la Cámara de la Madera de Córdoba, integrada mayoritariamente por las Pyme afectadas por los incendios en las Sierras, dijo: "Hemos presentado propuestas y sus evaluaciones son muy lentas; pasaron tres meses y aún no nos ha recibido ni tuvimos respuesta como sector". Palabras casi calcadas.

