Segunda quincena de julio y hay funcionarios de primera línea de la Municipalidad de Córdoba que –aseguran– recién el viernes 17 cobraron el sueldo de junio. No todo, y del aguinaldo, todavía ni noticias. El pago del sueldo complementario a los empleados que no son planta política se demoró tres días, lo que motivó la protesta del caso.
La situación en el municipio que gobierna Daniel Passerini es de extremo ahogo financiero, al punto que, como publicó La Voz, busca autorización de Nación para emitir deuda por U$S 120 millones. La explicación oficial es que se emitirá para pagar los vencimientos de deuda que se aproximan, pero está claro que hay severas dificultades a la hora de enfrentar los compromisos corrientes.
¿Se busca deuda para eso? ¿Cuál es la situación real de las cuentas municipales?
Es difícil trazar un panorama, dada la escasa información oficial que ofrece la segunda ciudad del país. Los números publicados referidos al stock de deuda financiera y vencimientos son de junio de 2019. En el Presupuesto 2026, se informa que el 50% del bono internacional por U$S 150 millones de Ramón Mestre, tomado en 2016, fue cancelado con recursos propios a septiembre de 2025.
En realidad, es el bono renegociado por Guillermo Acosta durante la administración local de Martín Llaryora, con ocho pagos semestrales de los cuales se cumplieron cinco. Queda uno ahora en septiembre y otros dos en 2027.
Causas del ahogo
Pero el ahogo es más grave por tres cosas: pesan los aportes de las obras que la Provincia hizo en la ciudad –la contraparte que exigía Juan Schiaretti, que se descuenta de coparticipación– y pesan los vencimientos de las letras L, LI y LII emitidas durante la gestión de Llaryora. Según el Presupuesto 2026, vencen $ 203.337 millones este año, entre capital e intereses, y $ 168.015 millones en 2027.
La tercera razón es una inexplicable baja de la recaudación en la Tasa de Comercio e Industria, que no se condice con lo que ha recaudado la Provincia de Ingresos Brutos de esa misma cantera de contribuyentes. La Provincia se ha puesto a mirar con lupa ese comportamiento disociado. ¿Rebelión fiscal incipiente? ¿Qué pasa ahí?
De todos modos, si al grueso de las obras las está haciendo la Provincia –firmó un acuerdo de $ 130 mil millones para bacheo y pavimentación– o la Empresa Provincial de Energía (Epec) con el arreglo y reposición de luminarias, ¿en qué está gastando la ciudad que no puede pagar en tiempo y forma aguinaldos? ¿Para qué quiere endeudarse? ¿Pretende hacer alguna obra de peso en la ciudad?
En el portal de datos abiertos, figura apenas una planilla de gastos y una de ingresos a abril de este año. Los ingresos corrientes suman $ 567.038 millones frente a $ 552.654 millones de gastos corrientes. Si los datos fueran ciertos, tendría (al menos hasta abril) un superávit corriente casi simbólico de $ 14.384 millones. Justo, pero ahí, lo cual no es poco.
El aumento del boleto urbano se inscribe en esa línea. Las empresas estaban pidiendo más subsidio o amenazaban con cortar el servicio de noche, por lo cual el municipio les concedió una suba del 25% de un saque: $ 2.125 desde el sábado 18 de julio, con aviso de prensa. Ni siquiera a las empresas les informaron que se venía un aumento.
Es cierto que hacía nueve meses que la tarifa no se movía, pero en la Provincia pusieron el grito en el cielo por el salto, que incidirá en el índice de inflación, la brújula para ajustar los salarios y jubilaciones de los estatales. Siempre, aconsejan, son mejor los ajustes graduales.
¿Y entonces? No hay manera de saber a ciencia cierta dónde está el nudo del problema. Este diario pidió la palabra del secretario de Economía, Sergio Lorenzatti, pero este mandó a decir que no hará declaraciones.
Algunas hipótesis
Podrían servir, entonces, algunas hipótesis: la primera es que nada de lo publicado sea real. Los números, sobre todo los que aparecen en el portal –que son tan globales–, pueden esconder demasiado. Muchos señalan que existe algo que las cuentas no muestran: la deuda flotante, como por ejemplo, los $ 1.000 millones que se le deben a la contratista que hizo el hospital Príncipe de Asturias. Pasa lo mismo con los contratistas de obras pequeñas: como no se les paga, abandonan y dejan todo a medio terminar.
El gasto en personal, al menos lo que exhibe el municipio, representa apenas el 29% del gasto total del municipio: $ 190.714 millones para el primer cuatrimestre. Nunca tuvo un intendente una situación tan holgada en materia salarial. Obviamente que ese no es el número final: hay alrededor de cinco mil becarios trabajando, más un número desconocido de monotributistas y otro tanto de contratados.
Ese universo conforma la cuenta de servicios no personales, no tan lejos de lo que demanda la partida de sueldos: fueron $ 156.146 millones entre enero y abril, aunque ahí también está la recolección de residuos, otro número que nadie conoce a ciencia cierta. Esa partida es inmensa y totalmente cerrada.
En obras y trabajos públicos, no hay demasiado: $ 43 mil millones en cuatro meses; lo grueso lo está haciendo la Provincia. El título de Ramón Mestre en 2016 buscó aprovechar el viento de cola cuando Nación y Provincia salieron a colocar deuda, en la Argentina post-default, después de haber arreglado con los bonistas. Mestre no quiso quedar afuera y emitió deuda por U$S 150 millones, al igual que Juan Schiaretti colocó U$S 725 millones en 2016 y U$S 616 millones en 2017.
Pocos recuerdan qué hizo Mestre con ese título que tanto cuesta pagar. Por eso, aunque tiene la autorización presupuestaria para colocar deuda en letras por U$S 100 millones, hasta U$S 300 millones en financiamiento de mediano plazo y hasta U$S 350 millones en caso de renegociación, debiera darse una explicación pública de qué se hará con esa plata y por qué urge pedirla. Sobre todo si, como es sabido, no será Passerini quien la tendrá que pagar.

