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Papá, ¿el futuro existe?

Hoy es el día después, tiempo de buscar las razones más profundas de lo que ocurrió. Es la hora, también, de acercarse a reflexionar sobre cómo no repetir los momentos de dolor. Mantener la paz social es, al fin, responsabilidad de todos.

05 de diciembre de 2013 a las 01:37 p. m.
Redacción La Voz
Papá, ¿el futuro existe?

"LA MAFIAAAA A DESPEERTAAADOO. LAA POLII A DESAPARESIIDOO EL PUEEBLOO TA DE FIESTAAAAAAA". Textual del muro de Facebook de una piba que no aparenta más de 16. A 10 personas les gusta este posteo de las 7.34 de ayer. A esa hora, la ciudad de Córdoba ardía en barricadas que armaron las víctimas del saqueo y el descontrol junto con aquellos que no lo habían sido y que no querían serlo.La policía llevaba ya mucho tiempo ausente de las calles, en una huelga inédita, incomprensible.La chica se jacta, con fotografías, de lo que obtuvo en los robos. Más aún, anticipa que volverá a salir junto a otros.Son pibes de las periferias, pero no de las barriales sino de las sociales, víctimas de mil formas de marginalidad que la sociedad se esmeraba en invisibilizar. Son habitantes de las periferias del corazón, definiría el papa Francisco. Desconocidos u ocultos, están criados en tribus con una concepción primitivista: la ruptura del orden establecido es lo que mejor "garpa", lo que posiciona. Habitantes de las redes sociales, allí cultivan sus vínculos, allí lucen sus aventuras y se conduelen de sus desventuras; allí se igualan todos.Por eso, la chica andaba por Facebook disfrutando de ser una de las que ganaron las calles en medio del caos para romper todos los límites.Y –con seguridad sin darse cuenta– dejar expuesto que la cadena ética y moral aparece rota en muchos eslabones. Un psiquiatra podría explicarlo en la ausencia de modelos paternales, de padres que, aunque no sean los biológicos, marquen los límites, señalen los caminos del bien. Pero no, los padres –los verdaderos padres– trabajan horas y horas mientras sus hijos quedan solos. De los modelos políticos y sociales, que podrían asimilarse a las figuras paternas, absolutamente nada.¿Qué más se puede esperar de una sociedad que privilegia el vale todo para obtener lo que sea? Dinero, fama, mediatización, fórmulas de éxito sin fondo ni sustancia.Este vacío de motivación, apuntaría el profesional de la salud, lleva a aprovecharse de cualquier ausencia de control social y estatal. Un tipo que rompe el vidrio, otro que hace la punta y toma lo que no es propio y una turba que se arma y se desarma al son de las marquesinas destrozadas.Se podría alegar que lo mismo hacen los políticos: trasponen los límites porque, total, el castigo llega muy tarde, si es que llega. Vale todo porque no me va a pasar nada, es la perversa lógica del común de los mortales.La Patria jamás demandó a nadie, se amparan muchos gobernantes.Pero no. No puede ser tal el consuelo en estos tiempos de desconsuelo. Hay que recobrar la vertical, que es la forma de mirar de frente y a los ojos.Es cierto que resulta muy difícil no contagiarse con el llanto de Daniel Mercado, el director del hospital San Roque de Córdoba, adonde llegó con un tiro en el pecho el joven de 20 años que luego murió.También resulta difícil explicar lo que pasó; claro que sí. Pero es imprescindible para el padre angustiado enfrentar el desafío de contener a sus hijos. Se trata de que comprendan que deben contribuir al combate de la marginalidad que se expresa mucho más allá de la pobreza. Se trata, también, de admitir que muchos de los que armaron las barricadas para defender Nueva Córdoba eran otros pibes, pero los mismos pibes a los que, cualquier fin de semana, se los cuestiona porque la joda molesta a los vecinos. Que eran muchos, además, los que ayer a la tarde ayudaban a limpiar las calles del barrio. Basta verlo en Twitter.Que hay malos porque fueron empujados a ese lado.Que hay buenos, aunque creamos que son malos porque nos incomodan.Papá, ¿el futuro existe?Sí, claro que sí. Aunque para llegar a él haga falta un largo dolor y un largo silencio (Cesare Pavese, poeta y novelista italiano, dixit ).Hoy debemos levantarnos sobre el dolor de la muerte y el daño y reflexionar, en silencio, sobre cómo encarar esta construcción colectiva de corazones abiertos, de manos extendidas.