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Pague y después reclame

De la Sota ha instruido a su Gobierno para que camine en la cohabitación silenciosa porque no se avizora, todavía, lo que vendrá de la crisis. Mientras, su principal aliado en el gabinete nacional sentó en su despacho a los intendentes Ramón Mestre y Eduardo Accastello.

16 de febrero de 2014 a las 12:01 a. m.
Pague y después reclame

El dispendio es traicionero, diría el florentino. A fuerza de ejercer­se, se agota. Tras los años pródigos, nadie en la política que acompaña a Cristina Fernández se anima ahora a negar el doloroso ajuste de la economía.En las mesas de deliberación de los intelectuales orgánicos ya sólo se discute sobre una derivada: si el ajuste está siendo más o menos cercano a la ortodoxia, para la cual no mezquinaron desprecios en los tiempos lejanos de la prosperidad.En la contradicción, algunos de ellos han llegado a postular que con la devaluación de la moneda nacional el kirchnerismo se postró ante las corporaciones. Lo cual vendría a ­constituir –al mismo tiempo y para los mismos enunciadores– una perspicacia táctica acreedora de elogios como el más reciente y notable de los méritos oficiales.La discusión sobre la supuesta heterodoxia del ajuste no es más que eso: materia de una charla de café. La realidad demuestra que tras devaluar de un plumazo los salarios, el Gobierno convalidó oficialmente el aumento de los precios con un nuevo índice de inflación, sostiene al dólar enfriando la actividad con tasas de usura, se dispone a au­mentar tarifas y reanudar el en­deudamiento externo y opera sin remilgos para poner un techo a las paritarias.Se le escapó a la Presidenta en un latín macarrónico: Solve et repete . Pague y después reclame. El resto es literatura.En sus tiempos de prédica, Néstor Kirchner recomendaba atender a los hechos que producía, antes mejor que a sus palabras, para comprender cabalmente adónde iba.EstrategiaAunque Cristina enardezca en sus discursos contra conjuras destituyentes y envíe grupos de choque paraestatales a ejercer coerción sobre los comercios, el centro de su estrategia no reposa en los Precios Cuidados.Sabe que sin ajuste sobre el salario y alguna reducción del gasto, la inflación anualizada galopante que ahora admitió el Indec se asomará tarde o temprano. Con más del 25 por ciento anual, ella misma había profetizado un estallido.Como ha explicado el economista Alejandro Bonvecchi, el Gobierno está aplicando en desorden herramientas como las de 1988, sólo para la contención inflacionaria, con el modesto objetivo de llegar a un escenario recesivo como el de Carlos Menem, 10 años después. Navegando en la crisis para sobrevivir como un actor político activo.Sus adversarios, por conveniencia, comparten una visión parecida. El ajuste ya le estalló en las manos a un Gobierno que pudo haberlo evitado con medidas oportunas. De modo que la Presidenta no los tendrá para compartir costos con el gabinete de la precariedad, aunque sí como garantes de última instancia cuando se acerque demasiado al abismo.ConvergenciaEsta convergencia fáctica se ha transformado en el más reciente de losescasos activos políticos con que cuenta la Casa Rosada. Fiel a su estilo, Cristina lo comen­zó a malgastar más allá de sus límites y de un modo casi extorsivo, al abrir de nuevo una avanzada hostil contra la Corte Suprema de Justicia. Que ha dicho –este es el país real– que en Argentina se incumplen los fallos del máximo tribunal de la Nación.El nuevo escenario de la coinci­dencia en el vértice se observó en los últimos gestos de la política provincial. Con ostensibles requiebros, la Presidenta advirtió en su último mensaje que el protocolo indicaba un saludo de cortesía a la vicegobernadora Alicia Pregno, por primera vez ubicada entre los actores del comando mediático a distancia que suele caracterizar a las cadenas nacionales de necesidad y urgencia. La segunda autoridad de la pro­vincia le transmitió, a su vez, los plácemes de su jefatura política.De la Sota sólo ha tenido desde diciembre expresiones públicas cautelosas sobre la crisis nacional. Pronunciamientos módicos que, según sus interlocutores, se tiñen de escepticismo en sus conversaciones más reservadas.Pero ha instruido a su Gobierno a que camine en la cohabitación silenciosa, porque no se avizora todavía lo que vendrá de la crisis. Lejos de los devaneos de la intelectualidad porteña, los sindicatos cordobeses cerraron su semana con una movilización masiva donde le llamaron ajuste al ajuste y advirtieron que el costo para solventarlo habrá de salir, si de ellos depende, de unos cuantos bolsillos ajenos.En plan de desactivar conflictos, el Gobierno provincial acordó con la empresa Monsanto aplicar un ­presupuesto ambiental con base cero para aminorar las presiones de las organizaciones ambientalistas, mientras eleva la vara de las exigencias normativas.Nuevos códigosLa convergencia suele ser también conveniencia de doble vía. En dos semanas, el principal aliado de De la Sota en el gabinete nacional sentó en su despacho a los intendentes Ramón Mestre y Eduardo Accastello.Jorge Capitanich reconoció en el intendente de Villa María el instrumento más adecuado para hacer cabeza de playa con los nuevos códigos de cohabitación entre peronistas de Córdoba. De esa reunión mano a mano con Accastello, devino una segunda con la delegación completa de kirchneristas cordobeses, en las que el jefe de Gabinete instruyó sobre los flamantes modales de la relación Nación-Provincia.Accastello sobresalió sin ocultar sus aspiraciones. Su posición, más cercana a la estructura del peronismo, lo favorece ahora, tras los meses de apogeo del camporismo paladar negro. Aquellos en los que la exrectora de la UNC Carolina Scotto fue una depositaria, menos exitosa, de cuanta ensoñación política podía emitir el entonces inagotable "pesoducto" del Estado nacional.MutacionesCon Mestre fue distinto. Si alguna certeza pudo llevarse el intendente, es que la reducción de subsidios es una hipótesis cierta de la adminis­tración nacional. Por eso avanzó sin contemplar retrocesos para acoplar la tarifa del transporte urbano al ritmo acelerado de la inflación.En ese marco, el apuro de la conducción radical por sentarlo en una alianza con el senador Luis Juez es una presión de segunda ­magnitud. Mestre, de todos modos, podría no dar por sentada la unidad de los radicales en torno de ese propósito. La reciente reunión de la UCR discutió si cerraba las puertas a un diálogo opositor más amplio, que abarque a Mauricio Macri. El diputado Oscar Aguad respondió ayer con un gesto de apertura.Sostienen allí que el peronismo en mutación suele declamar sus llamas y ocultar sus conciliaciones. Como en la economía, sospechan, para dar pelea en 2015 nada sobra.