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A nadie le gusta que le toquen el bolsillo

La masiva marcha de ayer dejó en evidencia que las negociaciones salariales con los gremios no serán fáciles este año. 

15 de febrero de 2014 a las 02:15 p. m.
Marcela Pistarini
A nadie le gusta que le toquen el bolsillo

La masiva marcha de ayer dejó en evidencia que las negociaciones salariales con los gremios no serán fáciles este año. Acostumbrados a ir un paso adelante de la inflación, los sindicatos se enfrentan ahora a un escenario diferente: la economía está en recesión y las arcas públicas no tienen margen para satisfacer sus apetencias. En este contexto se inscribe el llamado a la unidad de la CGT nacional lanzado ayer por el secretario del SEP, José Pihen, y la consigna de la movilización –defender los salarios y las fuentes de trabajo– detrás de la cual se encolumnaron todos. Los gremios agrupados en la CGT Regional Córdoba, la CGT Rodríguez Peña y las regionales del interior marchando juntos son quizá la imagen más significativa de la movilización de ayer. Les tocaron el bolsillo y por arte de magia desaparecieron las diferencias políticas y rencillas internas. Viejo conocedor de tantas batallas, Pihen sabe que el panorama no es bueno para la economía y que ya no se trata de estimar la inflación anual y acordar una suba salarial en consecuencia, sino que lo que está en riesgo es la fuente de trabajo. Basta con repasar lo que sucedió en las últimas semanas, con suspensiones y adelantos de vacaciones en empresas como Estancias del Sur, ­Renault y Matricería Austral. Por primera vez después de varios años, el poder adquisitivo de los estatales está amenazado. Nadie sabe de cuánto será la inflación anual, y la suba de 3,7 por ciento en enero del nuevo índice de precios no hace más que sembrar mayor incertidumbre, en una negociación que recién empieza y que nadie sabe cómo ­terminará. Frente a este escenario, el sindicalismo cordobés parece haber optado por el camino de la unidad. En la volteada, cayeron todos: Nación, Provincia, municipio y empresarios. Todos ellos son, para los gremios, los culpables y quienes tienen que pagar el ajuste. Hay inflación y los estatales no quieren perder el privilegio de haber sido de los pocos trabajadores que en los últimos años les ganaron a la suba de precios.