Despojado de cualquier freno inhibitorio, Javier Milei presentó ante la Asamblea Legislativa y ante todo el país su propia versión actualizada, ahora aún más desafiante y provocadora. Es el Milei modelo 2026.
El Presidente necesitó más de dos años y una elección triunfante de por medio para arribar a este presente de fortaleza política, que enrostró anoche en el Congreso y en cadena nacional en el prime time televisivo.
Ese nuevo estadio –impensado tras la derrota bonaerense de septiembre del año pasado– es la escenografía con la que el jefe del Estado dejó abierto el período de sesiones que considera refundacional para el país.
La dulce faena legislativa de fines de febrero fijó en otro escalón el presente político del oficialismo: control parlamentario y desgranamiento del frente opositor. Ese es el camino que buscará seguir asfaltando en su objetivo de continuar en el poder más allá de 2027.

Milei mixturó su discurso entre lo que consideró sus logros políticos y económicos y un ataque premeditado a sus adversarios. Sobre el futuro hubo pocas coordenadas. Sí ahondó en la Asamblea Legislativa el escarnio directo que a menudo le dispensa a quienes se atreven a criticarlo. Lo hizo sin ahorrar insultos ni descalificaciones. El Milei violento y bravucón que se tomó una pausa durante las elecciones legislativas por recomendación de sus asesores está de vuelta y recargado.
Condenada por corrupción, Cristina Kirchner volvió a ser blanco de las peores críticas del Presidente, aunque con un aditamento nuevo: Milei siempre cuestionó a la expresidenta, pero ahora que el control del Senado ya no está en riesgo, decidió acelerar para ligarse de manera más directa con el rechazo mayoritario que recoge la líder kirchnerista.
El peronismo K quedó entrampado en una dinámica que controló de punta a punta el Presidente. Pareció mejor la estrategia del año pasado, cuando dejó las bancas vacías y evitó la confrontación. Milei aprovechó la ventaja de monopolizar la palabra. Disfrutó, y lo dijo, de “domar” a los kirchneristas.
Se trató del mismo castigo que repartió en los días previos a empresarios a los que trató de “delincuentes” y “ladrones” por abusar del modelo económico proteccionista del pasado. Anoche los llamó directamente “corruptos”.
Desde ese lugar, al que ahora le sumó “la moral como política de Estado” –nuevo eje de debate para la consabida batalla cultural– habló Milei.
El Presidente se mostró confiado en que las reformas que impulsa podrán terminar de moldear en la práctica su propuesta de gobierno. Defendió el índice gélido que indica que el desempleo no se disparó pese a las decenas de miles de despidos, tanto en el sector público como en el privado, y las señales de consumo estancado y alto nivel de familias endeudadas.
El nuevo Milei empoderado que se vio anoche es el mismo que en los próximos días volverá a los Estados Unidos. Es lo que le mostrará a su aliado y rescatador Donald Trump, y también al FMI y al establishment financiero global. Tras dos años en desventaja en el Congreso y dudas sobre la sustentabilidad política, Milei exhibirá en la tierra que gobierna Trump que la segunda parte de su mandato la transitará con control de gobernabilidad parlamentaria, el reclamo central que le hacían sus aliados externos.

