Mercado libre, secuestrado y mareado
Hay alrededor de 90 impuestos distintos, tres autoridades fiscales, trámites engorrosos y costosos: no pagar es negocio y liquida al que no evade.
En la cubierta de un barco llamado Argentina suenan los violines electorales. Abajo, en las bodegas, suceden cosas. Sobre todo, se repiten. Y se agravan. Una de esas cosas quedó expuesta con la decisión de Mercado Libre, el martes, de suspender las compras electrónicas que consumidores cordobeses quieran realizar en comercios establecidos en otras provincias, porque rechaza ser agente de percepción del Impuesto a los Ingresos Brutos que cobra el fisco provincial en una de sus modalidades de cobro. El mismo lío ocurre en otras provincias, con Mercado Libre y con otras empresas.Pero esa es apenas una anécdota en una estructura impositiva caótica, sistemas recaudatorios ineficientes, una presión impositiva que ahoga al que está en blanco y una evasión que aniquila al que paga. Presión impositiva real El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) estimó, sobre datos oficiales, que la recaudación de la Nación, las provincias, los municipios y los sistemas previsionales nacional y provinciales equivalió en 2013 al 38,7 por ciento del Producto Interno Bruto. Es 34 por ciento mayor a la de 2004. Evasión Pero a esa torta no contribuyen todos. Nadie sabe bien cuánto se evade. Se deduce que alrededor del 35 por ciento de la economía está en la informalidad, porque esa es la cantidad de gente que, estima el Indec, trabaja en negro. El efecto es perverso: la alta presión impositiva real es pagada sólo por quienes operan en blanco. Para ellos, la presión es muy superior y una irremontable competencia desleal. Sería ideal que hubiera mercados libres. Pero para todos, no sólo para algunos. Dos ejemplos del Iaraf: el 44 por ciento de lo que paga el consumidor final de una gaseosa en una cadena completamente en blanco es puro impuesto. Si compra un auto de gama media, el 52,7 por ciento serán impuestos.Las empresas que pagan impuestos están secuestradas por el fisco en Argentina. Estructura Pero, además de secuestradas, están mareadas, perdidas en un laberinto de unos 90 impuestos, contribuciones y cargos, de tres autoridades fiscales distintas (Nación, provincias, municipios). Excepciones como el ministro de Finanzas de Córdoba, Ángel Elettore, han tenido la piedad de impulsar un Código Tributario que busca unificar criterios municipales. Cada impuesto da a pasillos de puertas múltiples, con infinidad de modalidades de pago, tasas diferenciadas por región, pagos a cuenta, actividades de una misma empresa que tributan ciertas cosas y otras que tributan otras, y dobles imposiciones. Municipios –entre los que el de Río Cuarto fue puntero– han transformado las facturas de servicios públicos en un rosario de impuestos, estableciendo, de hecho, aduanas internas prohibidas por la Constitución. Provincias como la de Córdoba contribuyen con fondos para el fuego y tasas viales. Administración tributaria Pero no sólo eso. Las agencias recaudatorias han ido armando una telaraña indiscernible y muy costosa. Muchas empresas cargan sobre sus espaldas con el trabajo que no hace un Estado que no sabe estar presente ni para cobrar. Algunas son agentes de percepción, de retención y/o de cobro de los tributos. Si un comerciante en blanco compra con tarjeta una computadora en un súper que usará en su negocio, se entra en un enredo de percepciones y retenciones por el que, al final, el súper probablemente termine teniendo tres pagos a cuenta a su favor, lo que le generará un saldo a favor. Para cobrarlo, tendrá que esperar tres o cuatro meses en los que el tic-tac de la inflación le comerá el saldo, siempre que él –y no el fisco al que ayudó– haga el trámite, que se puede iniciar por Internet pero que normalmente requiere presentar documentos físicos.Todo eso es carísimo. "Las empresas grandes emplean equipos enteros de contadores para poder cumplir", dice José Arnoletto, expresidente del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Córdoba.Según el Banco Mundial, en 2014 las empresas argentinas gastaron en promedio 405 horas para preparar y pagar el Impuestos a las Ganancias e IVA y las contribuciones a la Seguridad Social. En Chile, gastaron 291. En el Reino Unido, 110.Pero la falta de simplicidad de los impuestos afecta también al ciudadano de a pie. Quien tenga la suerte de contar con dos propiedades y pague el Impuesto sobre los Bienes Personales no logrará hacerlo sin un contador. Y tendrá que pagarle al profesional probablemente más que el monto a tributar. El contador cuesta más que el Estado.Y más vale que no cometa un error. Cuando tienen que embargar 100 pesos, algunas agencias recaudatorias traban no una sino todas las cuentas bancarias del afectado. Es innecesario, pero genera un rebote de cheques, peleas con proveedores y un lío de órdago. Revertir un error es cosa reservada a superhéroes. Los contadores terminan recomendándoles a sus clientes que cierren los ojos y pasen todo a pérdida.¿Alguien escuchó a alguien proponer una reforma de fondo a todo este caos?

