50 años del Golpe. La memoria como impulso para una democracia justa
“Nunca más a la violencia de la dictadura” y “siempre más” a una democracia justa.
En estos días se cumplen 50 años del inicio de una de las etapas más oscuras, dolorosas y trágicas de nuestra historia como sociedad.
Este aniversario no sólo nos convoca al recuerdo, sino también a una reflexión profunda.
Es una buena oportunidad para que la memoria nos comprometa con el presente y nos proyecte hacia el futuro; que nos permita dimensionar el sufrimiento de nuestro pueblo y comprender que la respuesta que debemos construir es, ante todo, moral y ética, antes que política o ideológica.
Así lo exige la historia, pero fundamentalmente lo demandan quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado. Recordar seguirá siendo, entonces, una forma de interpelarnos como comunidad: una comunidad que aspira a ser próspera, profundamente humana y solidaria.

Este pasado también debe impulsarnos a dar un salto de calidad como sociedad, evitando caer en la resignación de administrar la decadencia. Ese salto requiere afirmar con claridad algunos pilares fundamentales que orienten un futuro mejor para nuestra querida Argentina:
*El trabajo, como base estructurante de la dignidad social, económica y cultural. Estamos convencidos de que la mejor política social es el empleo de calidad, porque restituye la dignidad humana como eje central de la democracia.
*El diálogo, como herramienta esencial para construir acuerdos que superen las grietas y nos permitan consolidar una sociedad armónica, previsible, justa y en paz.
*Una democracia justa, que reconozca que ningún pueblo puede ser plenamente feliz si parte de sus integrantes vive en la marginalidad, el desempleo o la desesperanza. El individualismo desintegra, empobrece el espíritu, profundiza las desigualdades y debilita a las sociedades.
*La libertad, entendida como condición indispensable para el desarrollo y el progreso digno de los pueblos. Una libertad que sólo se realiza plenamente en el encuentro y la integración, especialmente de los más vulnerables.
*La memoria, como fuerza activa que nos compromete frente a los desafíos de un presente atravesado por el odio y la fragmentación, muchas veces alimentados por construcciones políticas que deben ser rechazadas con firmeza. Es esa misma memoria la que debe impulsarnos hacia una democracia más justa.

Por eso, el “Nunca Más”, en este 50° aniversario del golpe militar, debe traducirse en un compromiso renovado con nuestra joven democracia, que sigue firme y que encuentra su sentido en garantizar la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para todos, como evoca el preámbulo de nuestra Constitución Nacional.
“Nunca más a la violencia de la dictadura” y “siempre más” a una democracia justa, como lo expresa la Conferencia Episcopal Argentina en su mensaje a 50 años de aquel fatídico 24 de marzo de 1976. Ese es nuestro desafío de hoy.
Por Martín Llaryora
Gobernador de Córdoba

