Media gestión sin salir de la media
No son tiempos para que los cordobeses se acuerden que hay un Gobierno municipal que ya gastó media gestión, que cada vez les cuesta más caro y que a menudo sigue ausente a la hora de dar respuestas a las cosas básicas.
La provincia de Córdoba ardió por un conflicto provincial. El gobierno de José Manuel de la Sota flaquea, remueve funcionarios que parecían intocables, cambia discursos, revisa números que no cierran de ningún modo y paga costos políticos inimaginados hace apenas un mes y medio. En la Municipalidad capitalina, los ánimos son muy diferentes. Por primera vez en años la crisis que se desató en territorio cordobés no detonó en el Palacio 6 de Julio y la orden es no hacer olas. Hasta el Suoem parece acatar: sigue con su régimen de asambleas de rutina, pero es uno de los pocos gremios estatales que no salió a pedir un bono. No son tiempos para que los cordobeses se acuerden que hay un Gobierno municipal que ya gastó media gestión, que cada vez les cuesta más caro y que a menudo sigue ausente a la hora de dar respuestas a las cosas básicas. A las cosas más trascendentes, las políticas de Estado, las grandes ideas que transforman las ciudades o los planes estratégicos para el espacio urbano ya nadie los reclama en Córdoba. Y nadie los ofrece. Tampoco es tiempo para que se recuerde que Ramón Mestre emergió como líder del radicalismo cordobés al mismo tiempo en que se transformó en el opositor preferido del poder delasotista. Si la mitad de mandato es una bisagra a nivel de gestión, la crisis política que vive Córdoba es la prueba de fuego para Mestre como dirigente político: se sabrá cuánto de poder real y cuántas ideas puede generar todavía el radicalismo, más allá de las fantasías de los correligionarios nostálgicos que gastan horas en comparar a Mestre padre con Mestre hijo, como si la ciudad fuera la misma y el municipio tuviera algo que ver con aquel de la década de 1980. La alternativa de un frente político –planteada por Mestre tras el magro resultado electoral– tal vez sea la mayor novedad en el radicalismo cordobés. No comenzó bien el intento: la gestión perdió al único extrapartidario del gabinete, el exsecretario de Economía, Diego Dequino, quien logró poner en caja varios rubros de las alocadas finanzas municipales, pero no pudo controlar la resistencia radical. Ese reemplazo dará lugar a otros, que se anunciarán esta semana.La media gestión que pasó no sobresale de la media. Puede exhibir algunas mejoras, pero resulta más beneficiada en la comparación por las malas administraciones anteriores que por méritos propios. Mestre no concretó milagros; hay que reconocerle que tampoco los prometió.

