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Más claridad en la forma de votar, pero por ahora la caja no se toca

Macri puso el eje en la boleta electrónica y en eliminar las listas colectoras. Más auditores y una fiscalía para los gastos de campaña. El replanteo de la ley de financiamiento quedó para una segunda etapa.

03 de julio de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Más claridad en la forma de votar, pero por ahora la caja no se toca
Mutación. Se buscará dejar atrás la vieja y demonizada papeleta para votar. (la voz / archivo)

Un Mauricio Macri que iba camino al quirófano para una operación de rodilla –se lesionó jugando al pádel– anunció el pasado martes 21 de junio una reforma político-electoral muy ambiciosa en algunos aspectos y llamada a desterrar vicios históricos de los procesos de votación, pero que en otros ítems, como el financiamiento de los partidos, quedó tan renga como ocasionalmente lo estaba el propio Presidente. La propuesta oficial, que se discutió durante cinco meses con opositores y que se empezará a debatir en breve en el Congreso, apunta a mejorar sensiblemente la oferta electoral, cómo se visualiza esta por parte de los electores, y también cambia el instrumento para votar, pues deja atrás la vieja y demonizada papeleta por la Boleta Única Electrónica (BUE). Pese a todo, esta última sigue teniendo respaldo final en un papel. Transparencia La iniciativa avanza apenas tangencialmente en materia de transparencia económica, al no entrarle de lleno –al menos, no por ahora– a la oscura caja del financiamiento de los partidos y las campañas electorales.Todos los frentes que aborda la reforma macrista surgen de demandas ciudadanas de vieja data y apunta a flaquezas que el propio sistema electoral exhibió con todo desparpajo en el maratónico 2015, cuando hubo elecciones de distintos tipos en más de la mitad de los domingos del año.Por ejemplo, la mencionada decisión de ir hacia la BUE es hija directa de los problemas constatados de robo de boletas, de la falta de fiscalización y de la marginación de los partidos más chicos.A su vez, la eliminación de listas colectoras y de candidaturas múltiples pretende terminar con el bochorno de elecciones en las que el votante no tiene en claro qué ni a quién está votando, y luego, cuando lo hace, resulta que no ganó el postulante más votado, sino quizás otro que surge de la alquimia de sumatorias y lemas.Con un grado de problemática ciertamente menor, también el Gobierno busca garantizar que haya debates entre candidatos presidenciales y reglamentar las transiciones entre gobiernos, para darles previsibilidad.También propone repensar el sistema de las Paso (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias), con dos novedades a la vista: que la fórmula no quede cerrada de antemano y el postulante a vicepresidente se pueda agregar después; y que el elector se someta a una doble elección, marcando primero en qué primaria desea participar (que opte por un partido o alianza) y que recién después escoja candidato. A mitad del río Son avances que los propios votantes esperan y piden, y que hasta los partidos admiten que son impostergables. Macri tomó la iniciativa política y dice que en esto cumplirá sus promesas de campaña. Como quedó dicho, en lo que respecta al financiamiento, los cambios macristas apuntaron a mejorar algunas instancias y estructuras de control, pero sin abocarse todavía a un replanteo de la legislación. Aseguran que eso ocurrirá en una segunda etapa, sin plazos finos aún. Macri espera acotar la discrecionalidad con la que los partidos manejan sus fondos, con tres medidas: triplicar (lleva de ocho a 24) los auditores contables; fijar procedimientos precisos para sancionar infracciones y crear la figura de un fiscal exclusivo para que inicie acciones ante la Cámara Nacional Electoral. Primer paso Desde el propio oficialismo señalan estas acciones como imprescindibles, aunque admiten que se trata de un "primer paso" que deberá necesariamente completarse luego con una revisión integral de las leyes sobre financiamiento electoral.Esa instancia, casi seguramente la más difícil de traducir en un consenso entre toda la corporación política, es muy probable que no llegue a madurar antes de las legislativas de medio término del año que viene, en las que Cambiemos se juega una parada brava para mejorar desde el Congreso su esquema de gobernabilidad.El ministro del Interior, Rogelio Frigerio, dejó en claro que habrá una "segunda etapa" de reforma, orientada de manera central a la cuestión del financiamiento, admitido como unas de las patas más visibles de la corrupción.También ese turno contempla el debate de otras cuestiones, como poner coto a las reelecciones indefinidas, la unificación de calendarios electorales y la creación de un nuevo órgano, externo al Ejecutivo, que controle todos los procesos electorales.Por lo pronto, si los cambios sobre financiamiento se demoran, Macri podrá disfrutar, en su primera estadía en el poder, de la ventaja que supone el manejo del Estado para acceder a fondos generosos que solventen la campaña de Cambiemos en 2017. Se trata del mismo plus del que ya hicieron uso y abuso todos los anteriores oficialismos.

Presupuesto

Un cálculo preliminar del Gobierno nacional señala que para implementar la boleta única electrónica en todo el país harían falta unas 120 mil máquinas, con un costo total cercano a los 15 mil millones de pesos. El Ejecutivo anticipó que pretende tener un desarrollo propio de software y hardware, para no depender de una contratación a terceros en un tema tan sensible.