Manual para transformar las victorias en derrotas
Cuando la oposición provincial podía utilizar el resultado de Marcos Juárez para ocupar el centro del escenario, la novela Mestre-Juez le es funcional a De la Sota. El posicionamiento de la UCR y el PRO.
Desde que se enteró que perdía, y bien, la elección de Marcos Juárez, José Manuel de la Sota buscó por todos los medios maquillar ese resultado y presentarlo como si no se tratase de una nueva derrota, después de haberse involucrado y destinado muchos recursos a una elección municipal.
Lo que el gobernador no pudo lograr por sí mismo, lo consiguieron sus adversarios (o supuestos adversarios). El culebrón “reunión Ramón Mestre-Luis Juez” se ganó un lugar central en la discusión política y desplazó a segundo plano los movimientos que generó en la oposición provincial el resultado municipal en el sudeste.
Tal vez lo único que pareció entenderse de la novela de baja calidad fue la descripción de la comida árabe que hizo Miguel Nicolás, cuando contó un almuerzo con juecistas, y de la bebida que supuestamente le sirvieron a Juez en la casa de aquel, según el minucioso relato del senador nacional.
Lo concreto es que la existencia o no del encuentro ha devenido hace rato en abstracto, porque no hay posibilidad de acuerdo entre los líderes de la UCR y el Frente Cívico. Y el que más celebra eso no es otro que De la Sota. Tal vez esa sea la clave para entender el cruce de afirmaciones y desmentidas.
Después de Marcos Juárez, los radicales se juntaron para ver qué hacen. El almuerzo del lunes en el quincho del subsuelo de la Municipalidad de Córdoba fue para intentar la unificación de personería a la hora de definir la estrategia electoral. Salieron más o menos conformes.
Los radicales tienen dos dilemas: con quién aliarse y quién será el candidato.
Hay quienes dan por hecho la sociedad con el PRO de Mauricio Macri, y otros que relativizan esa posibilidad.
Mestre sigue diciendo que necesita tiempo para definir si competirá por la gobernación, mientras muchos de sus correligionarios entienden que tiempo no es lo que le sobra al radicalismo, en especial si De la Sota convoca a elecciones en el primer cuatrimestre del año que viene.
Es más, se analizó en la comida la posibilidad de que el presidente del partido, Jorge Font, le pida una audiencia al gobernador para preguntarle sobre el cronograma electoral.
Recuerdo
En el acto, saltó el recuerdo de aquel brevísimo cónclave del 1° de abril de 1998, cuando De la Sota y referentes del peronismo opositor fueron a preguntarle a Ramón Mestre padre sobre la fecha de la elección provincial. “No es momento para estar pensando en cronogramas electorales; es tiempo de gobernar”, los cortó el fallecido mandatario y la reunión terminó a los tres minutos de haber empezado.
Mestre padre convocó a elecciones para diciembre de aquel año, siete meses antes de la entrega del mando, y perdió ante De la Sota.
La premura por definir postulaciones y alianzas no es sólo de los radicales. Hay otros actores electorales que sostienen que, si en Córdoba se vota en mayo próximo, hay que tener los candidatos en la cancha bastante antes de fin de este año.
También les preocupa a los radicales si pasan de ser la fuerza que debe liderar una eventual alianza con el PRO a sentarse en esa mesa en una situación de debilidad.
Los macristas quedaron fortalecidos no sólo por encabezar la lista en Marcos Juárez, sino porque la oferta pública de una alianza que hizo Juez, cuyo abanico de posibles acuerdos va del kirchnerismo al PRO, les sube las acciones a los amarillos. Se sienten como un soltero que tiene dos chicas para salir un sábado a la noche.
Además, Macri encabeza en Córdoba la mayoría de los sondeos que se hacen sobre aspirantes presidenciales.
Hay macristas cordobeses que objetan la figura de Mestre. “Tiene que decidirse si se divorcia o no de De la Sota”, graficó una de las figuras principales del PRO en Córdoba, siguiendo con la lógica amorosa-política.
También De la Sota debe decidirse. No sólo sobre el cronograma, sino sobre su postulación. El gobernador ha sido enfático para negar un intento por un cuarto mandato, aunque hay muchos opositores que creen que terminará en esa carrera.
El gobernador tiene una ventaja, además de la funcionalidad opositora: es él quien decide.

