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Mansos como serpientes, astutos como palomas

Ya no estaban ni los viejos ni los nuevos desertores. Por el costado del oficialismo, demasiadas filtraciones para el arca de Noé.

11 de agosto de 2014 a las 12:01 a. m.
Mansos como serpientes, astutos como palomas
Ilustraciones de Gustavo Dagnino.

“Si con irme de aquí pago precio como cualquier otro de los luchadores de mi partido; si este es el precio por el honor de haber presidido este bloque magnífico, que es una reserva moral del país, han cobrado barato; fusilándome, todavía estaríamos a mano”.

En su sesión del 29 de septiembre de 1949, la Cámara de Diputados de la Nación, presidida entonces por Héctor José Cámpora, aprobaba el desafuero de Ricardo Balbín, jefe de bancada de la UCR, el principal bloque opositor.

Radical de verbo filoso, había sido demandado por el expre­sidente Juan Perón por de­sacato. Del Congreso, fue a la cárcel. En su discurso de despedida, Balbín hablaba con la misma furia de quienes lo perseguían. Argentina era esa furia y acaso nunca la abandonó. La violencia del fusil dejó de ser una figura retórica.Un cuarto de siglo después, consciente del daño que esa grieta había provocado al país, Balbín despidió a Perón con otro discurso, tal vez más conocido.En ambas ocasiones, sin embargo, hablaba con un antiguo sentido de responsabilidad por el ejercicio de la representación política.Representar a la ciudadanía en el Congreso era una carga civil irrenun­ciable y un deber con la ­patria –que, según refieren en estos días– viene a ser el otro.Una razón personal para la defección debía tener una envergadura terminal y trágica. Enmudecer con­formaba una vergüenza. Porque nunca se hablaba por sí mismo, sino por el sujeto político representado. Foto de época La dimisión reciente de una diputada por Córdoba ha puesto en cuestión el nuevo estado de situación de la fuerza polí­tica que la impulsó hasta el Congreso. ¿Qué es lo inexplicable o, peor aún, lo indecible, que ­exhibe esa renuncia sin argumentación política?No fue justificada ni por una ética de la convicción ni por una de la responsabilidad. El kirchnerismo cordobés, que no entregó en tiempo y forma el último balance de fondos electorales pero alcanzó a ver su búnker de campaña sobre el sótano de una mesa de dinero, tampoco balbuceó una excusa. No obstante, la naturaleza antipolítica de ese reciente abandono expresa mucho de la credibilidad de los discursos que descienden desde el poder.Los cordobeses pueden observar la conducta del kirchnerismo en la provincia para evaluar en perspectiva las banderas que propone para una nueva inmolación.Patria o buitres, ha enarbolado la Casa Rosada como motivación de fin de ciclo. Acompaña el enunciado con avances fácticos de una diplomacia insólita: la demanda contra Estados Unidos ante el tribunal de La Haya no duró un suspiro. ¿Qué sigue ahora? ¿La declaración y el inicio de hostilidades?Es ostensible, a esta altura, el divorcio entre la conducción del oficialismo y sus estratos dirigenciales. La Presidenta convoca a la última y más sacrificial de sus patriadas imaginarias, mientras sus referentes políticos ensayan el repliegue y la retirada.Acaso porque conocen el paño, saben que no son muy creíbles, ni el generalato, ni la arenga. Game of words , diría la filosofía del lenguaje.Abanderado de las razones personales, el candidato más votado del kirchnerismo en las últimas elecciones es hoy un wedding planner en el ho­rario central de la televisión abierta, ya liberada en virtud de la ley de medios.Y, también por razones personales, el vicepresidente de la Nación fue de nuevo procesado. El estratega inicial de la pelea con los buitres, se sabe ahora, además se distraía escamoteando ilegalmente un auto en su juicio de divorcio. Sin aliados Otro legislador cordobés, el senador Luis Juez –que tampoco podría explicar a quién el Estado le compró la imprenta Ciccone– se solaza en la indefensión del oficia­lismo, donde ya no hay argumentos para defender la con­tinuidad de Amado Boudou. Lejos se encuentran para la Casa Rosada los tiempos en que lo tenía de aliado, como a todo el peronismo cordobés y los radicales abducidos por la transversalidad.En el último acto público del kirchnerismo, ya no es­taban ni los viejos ni los nuevos desertores. Por el costado del oficialismo, demasiadas filtraciones para el arca de Noé. A espaldas de Carlos Zannini, formaban el sindicalista Mauricio Saillén y su abogado, a la sazón, conjuez de los tribunales federales. El legado Mientras, los hechos también diluvian. ¿Se anotició algún fiscal de Justicia Legítima de que, aun con custodia policial, se fugó el hábil declarante del narcoescándalo que estalló en la última campaña electoral? El legado del kirchnerismo es como una confusión bíblica en la que todo se hizo al revés: el beneficio, la astucia, la mansedumbre y el daño.El cardenal francés Richelieu atravesó esa contradicción. El bien que hizo, lo hizo mal. Y el mal que hizo, lo hizo bien. Sostienen que nunca lo admitió. En cambio lo advirtieron rápido los que quedaron para padecer su herencia.De inmediato, se lo escribieron como epitafio.