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Mami te elige el auto

Después de la fiesta de consumo, todos intuimos que llegó el momento ineludible de ahorrar. 

25 de junio de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Mami te elige el auto

Hervidos en un paternalismo que ya casi nadie registra –demasiadas décadas lo tornan parte de la naturaleza–, ya ni siquiera asombra que una presidenta, dos ministros y el presidente de un banco oficial se tomen buena parte del día para anunciar por el aparato de medios estatales y paraestatales un nuevo plan para los hijos e hijas de esta tierra. Esta vez para que vuelvan a comprar autos. Cuando la montaña de propaganda se parte, sale un ratón: créditos al 17 por ciento anual durante tres meses para comprar uno de los autos de una lista taxativa. De casualidad no figura un Lada. El coro aplaude. Nadie explica cuál será el monto total que prestará el Banco Nación. No son créditos prendarios y por eso la entidad asumirá un riesgo extra que, aparentemente, los demás bancos prefieren eludir. ¿Para qué, si le pueden prestar al Banco Central al 27 por ciento anual?Si el monto global a prestar es enorme, puede que mueva las ventas, dicen en las concesionarias. Si no, nunca sabremos si clientes que, de todos modos, iban a comprar un auto, ahora lo harán apostando a que la inflación futura les licue las cuotas. A costa del Nación.En Argentina suele suceder todo al revés. Después de la fiesta de consumo, todos intuimos que llegó el momento ineludible de ahorrar. Ahorro retroactivo. Para pagar las deudas. Públicas y privadas. Por eso las tasas del Banco Central y las esquelas de los abogados a Nueva York.Pero Cristina Fernández necesita, sobre todo ahora, que el relato no decaiga. Así que riega un poquito el Sahara. Mientras, en Luque, un verdadero confín para la patria portuaria, industriales y trabajadores de Alladio que no están acostumbrados a pedir permiso para hacer cosas (en este caso, lavavajillas), aguardan, paraditos, durante mucho más de una hora, frente a una cámara. Por las dudas que la TV estatal los "ponche" en algún momento. Necesidades del relato. Ya habían tenido que suspender dos veces la inauguración, para acomodarse ellos a la agenda presidencial. La Presidenta se atribuye los hechos auspiciosos (como la inauguración en Luque) tanto como se saca de encima los tropiezos. Debería hacerse cargo de todo.Pero no. Termina el acto mofándose en la cara de ejecutivos y empresarios de automotrices y concesionarias sentados frente a ella. Les moja la oreja por no haber bajado precios y ofrecido mejor crédito, sin siquiera mencionar que su gobierno devaluó (reduciendo el poder de compra); determinó un impuesto extra (que encareció algunos coches); y disparó las tasas de interés (para absorber los billetes que, por otra ventanilla, el Banco Central le da a un gobierno que no para de quemar dinero inflacionario).Los súbditos no tienen micrófono. No les queda otra que escuchar. Como los chicos educados cuando la mamá los reta.