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Macri y Cristina, piso y techo de la escena

Cuando reconocer errores se transforma en un atajo discursivo que opera como obstáculo para dejar de cometerlos, el gobierno pone en riesgo la imagen del Presidente.

13 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Macri y Cristina, piso y techo de la escena
(Ilustración de Gustavo Dagnino)

Al menos en Córdoba, Mauricio Macri aún cuenta con la paciencia del electorado como capital político. Y a Cristina Fernández se le haría difícil caminar por la peatonal. A seis meses de su asunción, Macri –no todo su gobierno– mantiene niveles de aceptación popular elevados. Cristina –no el peronismo– atrae la mitad más una de las opiniones muy negativas.En ese contraste, los cordobeses resumen, por ahora, el debate del nuevo liderazgo nacional.Cuando la consulta alude a la situación provincial y municipal, las imágenes de los referentes políticos tienden a alinearse con la percepción sobre su gestión.Cara El alto nivel de rechazo a Cristina es un cepo para el proceso de recuperación política que intenta el peronismo. Porque se combina con un piso de aceptación que tampoco es sencillo conseguir.Piso alto y techo bajo es la peor combinación para un proyecto político que viene de gobernar una docena de años sin oposición.En consecuencia, gobernadores, congresistas, intendentes, sindicatos y sacerdotes peronistas se han distribuido roles en la estrategia de oposición. Necesitan que el gobierno fracase. De otro modo, su perspectiva electoral se reducirá aún más el año que viene. Pero necesitan que el fracaso se produzca de modo tal que no sea adjudicable al peronismo. Que tiene una fama bien ganada de hacerle la vida imposible a cualquier gobierno que no sea el propio. En el peronismo, hacer oposición salvaje no es un demérito, sino todo lo contrario. Para luego reclamar la patente de única fuerza política capaz de garantizar la gobernabilidad.La última referencia célebre a ese estilo, fue la que hizo Cristina como presidenta, al revelar el manual de desestabilizaciones que su partido siempre tiene a mano para poner en práctica.El modo de deterioro más eficiente que ha encontrado el peronismo ahora es maximizar el costo fiscal de cada medida que impulsa Macri. Lejos de reconocer su responsabilidad en la explosiva herencia económica, cada fracción justicialista cotiza su apoyo al Gobierno con la tarifa de nuevas decisiones, tan justas como costosas.El PJ, que tras 12 años de gobierno dejó un ­Estado en condiciones de insolvencia africana, reclama ahora medidas de solidaridad escandinava. Y si el Gobierno no accede, activa la protesta callejera, la presión de hecho.Y cruz Pero también para el oficialismo la popularidad de Macri puede convertirse en problema. Lo es si no logra trasladar a decisiones concretas rápidamente ejecutables la alta expectativa política que concentra aún la figura del Presidente.Cuando se yerra en el cálculo en estimaciones tan sensibles como la tarifa del gas en invierno.Cuando se dispone aumentar la nafta el Día del Trabajador o dictar normas restrictivas para la libre expresión y corregirlas en el Día del Periodista. Cuando se publicita la ayuda económica a la Iglesia, dejando la pelota servida para un desplante. Cuando la comunicación oficial vacila entre el contagio de buenas ondas al estilo Durán Barba y el pronóstico apocalíptico al modo de Elisa Carrió. Cuando se publicita a los seis meses la herencia recibida mientras ya convendría revelar la sorda trama reaccionaria que el Gobierno padece hoy. Cuando la respuesta oficial a la demanda de honestidad de sus dirigentes empantana en explicación tardía. Cuando la construcción territorial de la coalición Cambiemos se limita a oportunidades fotográficas con los líderes del peronismo que ya han sorteado un semestre de tempestades sin ceder un ápice de poder político. Cuando reconocer errores se transforma en un reiterado atajo discursivo que opera ya como obstáculo para dejar de cometerlos. Entonces, el Gobierno pone en riesgo la imagen del Presidente. Que es, hoy por hoy, su principal recurso institucional.