Macri tiene un plan definido
El Estado no pondrá un peso más por la televisación del fútbol y hará todo lo posible para que se cristalice la Superliga.
El fútbol fue para Mauricio Macri un trampolín para llegar al poder. Primero a la jefatura de Gobierno porteño y después a la Casa Rosada. Sin embargo, por estos días, el fútbol es un dolor de cabeza para el Presidente.
Está claro que no es un tema más para Macri. Sus hombres más cercanos, quienes lo escuchan en largas charlas, asado de por medio, luego del “picadito” de los miércoles en la quinta presidencial de Olivos, aseguran que el extitular de Boca tiene un plan concreto: el Estado no pondrá un peso más por la televisación del fútbol y hará todo lo posible para que se cristalice la Superliga.
Esta última jugada tiene una connotación política. Como el próximo mandamás de AFA no sería del riñón macrista, con la Superliga como referencia ineludible y conducida por un CEO sin ambiciones políticas si se cumple el plan de Macri, el futuro titular de la casa de calle Viamonte ya no será un factor de poder.
No es que el fútbol ya no le importe a Macri. Le sigue importando, y mucho. Pero si no puede imponer a un hombre de su confianza, hará todo lo posible para que aspirantes ambiciosos como Marcelo Tinelli o Hugo Moyano no se sienten en el influyente sillón que dejó el fallecido Julio Humberto Grondona.
Uno de los macristas que conoce de cerca la realidad del maltrecho fútbol argentino le hizo llegar, por un intermediario, una advertencia al jefe de Estado: “Ojo. Si el fútbol no arranca en febrero ya no será un problema de la dirigencia del fútbol, será un problema político para el Gobierno”.
En este contexto, la semana que viene la Nación pagará los 350 millones de pesos de la última cuota del programa Fútbol para Todos.
Los macristas creen que con 180 millones de pesos se podrá resarcir el fin anticipado del contrato vigente hasta 2019. Los presidentes de los clubes amenazan con llegar a la Justicia, pero saben que ese camino sería largo y ellos necesitan la plata ya.
En medio de la preocupación que muchos tienen por la realidad del fútbol argentino, dicen que el presidente de la Nación tiene una mirada positiva. “Las crisis pueden ser una oportunidad. Se tienen que ir todos los corruptos y los inútiles del fútbol”, habría razonado Macri en la intimidad, con un cacho de optimismo entre tanto desbarajuste.
El mandatario sueña con una realidad parecida al fútbol español e inglés. Desde la Rosada impulsan la reforma del estatuto, que permitiría la creación de un nuevo campeonato, con manejo gerencial y profesional, en principio, sin escindirse de la AFA.
El gran escollo son los clubes chicos y las ligas del interior, que resisten perder el poder que les dio Julio Grondona en el seno de AFA. Pero hay una amenaza latente que blanden desde el Gobierno: la intervención de la Fifa.

