50 años del Golpe. La lucha por la memoria que mantienen los jóvenes

Santiago Reyes y Santiago Vaca Narvaja son nietos de desaparecidos. Forman parte de una generación que nació 20 años después de finalizada la última dictadura militar, pero crecieron atravesados por su historia familiar y emprenden una lucha activa por la memoria.

23 de marzo de 2026 a las 07:49 p. m.
La lucha por la memoria que mantienen los jóvenes
Como cada 24 de marzo, en todo el país hay manifestaciones en contra de la dictadura de 1976. Santiago Vaca Narvaja y Santiago Reyes coinciden en "ejercitar la memoria" para no olvidar aquel pasado oscuro. (La Voz / Archivo)

Para una persona de 25 años, 50 es el doble de su vida. Santiago Reyes esperó casi dos vidas para encontrarse con los restos de su abuelo, Oscar Omar Reyes, identificado en las excavaciones de La Perla hace 15 días. Santiago Vaca Narvaja, en cambio, sigue esperando por saber cuál fue el último destino de su abuelo, Miguel Hugo Vaca Narvaja (p).

Los objetos materiales y los recuerdos acumulados en estos 50 años fueron los que le permitieron a muchos jóvenes darle forma a las figuras que no tenían una presencia terrenal, pero que mantuvieron, mantienen, una omnipresencia. El punto de partida es la reconstrucción, donde los recuerdos permiten que los nietos descubran, atesoren y honren a sus familiares desaparecidos. Hoy emprenden desde la plena adultez su propia lucha por mantener la memoria de una sociedad entera.

Santiago Vaca Narvaja y Santiago Reyes tienen 27 y 29 años. Pertenecen a la misma generación, ambos son cordobeses, pero tienen un lazo común aún más fuerte que su propia vida y es la historia que los antecede: ambos son nietos de víctimas del terrorismo de estado. Cada uno, desde su lugar particular, mantienen una lucha activa por la memoria de sus abuelos paternos.

La memoria de Oscar Omar

Santiago Reyes es nieto de Oscar Omar Reyes, desaparecido durante el último golpe de Estado. Oscar Omar es una de las 12 personas que el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó en “La Perla” en marzo de este año. Era Ingeniero mecánico, obrero de la fábrica automotriz FIAT, militante del Partido Comunista; estaba casado y tenía 5 hijos.

Oscar Omar Reyes junto a su esposa y 3 de sus hijos
Oscar Omar Reyes junto a su esposa y 3 de sus hijos (Gentileza)

Santiago construyó la figura de su abuelo a través de las postales que Oscar enviaba durante sus viajes con el partido, de fotos familiares, de las anécdotas de su padre y sus tíos, y de un espacio particular cargado de simbolismo: la casa de sus abuelos.

A esa casa, Santiago la describe como un lugar de encuentro donde siempre había mucha gente y se daban conversaciones intensas sobre política, la familia, la vida. Aún después del secuestro de su abuelo, aquella casa continuó siendo un espacio de encuentro: “En esa casa se respiraba ese ambiente, y era más que política en sí. Era una casa que tenía una sensación de comunidad que podés encontrar cuando militás, cuando sos parte de una causa colectiva y podés ser parte de algo. Yo lo veo de esa forma. Él siempre estuvo presente también con esa casa”, dice Santiago.

Encontrar respuestas, 50 años después

Los primeros días del mes de marzo de este año, Patricia Reyes, tía de Santiago, recibió el llamado de la Fiscalía que confirmaba el paradero de los restos de su padre. El primer sentimiento que primó para Santiago fue la alegría: era el comienzo del cierre de una herida y de una incertidumbre que lo había acompañado toda su vida. Luego aparecieron otras emociones, una mezcla de tristeza y alivio: “Estás contento porque sí, pudiste confirmar qué le pasó, pero también estás enojado. La madre de él parió un hijo y ahora le devuelven nada, un pedazo de tierra. Y eso genera bronca.”

El casamiento de Oscar Omar, rodeados de familiares y amigos.
El casamiento de Oscar Omar, rodeados de familiares y amigos. (Gentileza)

Los huesos de Oscar Omar le dieron a Santiago otra certeza, la del legado: “Fue confirmar que mantuvo su postura hasta el final, y eso me genera mucho orgullo. Me gustaría que como sociedad se empiece a valorar más eso, que cada uno puede sentir o vivir las cosas de distinta manera y está bien defenderlo. Pero no está bien, como está pasando ahora, desprestigiar al otro; tratar de reducirlo, de adjetivarlo. Hoy estás de un lado o del otro; y no se trata de eso. Es poder respetarnos, buscar la mejor manera para que todos podamos vivir en paz, tranquilos y en libertad, creo que eso es lo que todos queremos“.

“Creo que (los discursos de odio) vienen de una frustración económica; y tiene que ver con la poca capacidad que tuvo la política para hacerse cargo de la realidad de los argentinos en los últimos años. Y en esa situación en la que no te alcanza y estás todo el tiempo pensando cómo sobrevivir, es muy fácil que se reviva el odio. Del odio no sale nada, no hay mucho para encontrar ahí, porque con el odio solo se destruye. Y destruir es muy fácil y reconstruir tarda mucho tiempo”, dice Santiago.

Oscar Omar Reyes en un evento familiar en marzo de 1976.
Oscar Omar Reyes en un evento familiar en marzo de 1976. (Gentileza)

La memoria de Miguel Hugo padre y Miguel Hugo hijo

Santiago Vaca Narvaja es hijo de Gonzalo Vaca Narvaja, nieto de Miguel Hugo Vaca Narvaja (p) y sobrino de Miguel Hugo Vaca Narvaja (h). Es primo del juez que dirige las excavaciones en La Perla, Miguel Hugo Vaca Narvaja (n). Porta el apellido de una familia que vivió en carne propia la persecución política, con 26 miembros exiliados durante la dictadura militar. Su abuelo y su tío fueron secuestrados, torturados y asesinados por el terrorismo de Estado.

El vínculo de Santiago con la historia de su abuelo comienza desde muy pequeño. “Quería ser abogado como él. Recuerdo esa fuerza innata de querer ser como mi abuelo. Una figura que no conocía personalmente, pero sí estaba en mi como un superhéroe, una figura potente y entrañable”, dice.

“Cuando hablo de este tema me es imposible no pensar en las ganas que tengo de abrazarlo. Y es re loco porque es una persona que no conozco, y a la vez es tan potente y tan fuerte su figura, es tan trascendental en mi vida, que hay momentos que no los puedo explicar ni los entiendo. Cuando pienso en él, pienso en discursos de amor”, dice Santiago

Miguel Hugo Vaca Narvaja (p) junto a su hijo Miguel Hugo (h)
Miguel Hugo Vaca Narvaja (p) junto a su hijo Miguel Hugo (h) (Gentileza)

Santiago Vaca Narvaja encontró respuestas en tres espacios fundamentales: la sobremesa, los cuentos y las fotos.

Las mesas largas, de una familia numerosa, fueron espacios donde siempre había un registro y un espacio para esa herida. Allí, su abuela Susana y su tía Raquel fueron dos figuras muy relacionadas con la permanencia de los relatos, con historias que aún recuerda con ternura y nostalgia. Sus padres, artistas y docentes, le enseñaban a partir de cuentos infantiles “qué dolores tenía que honrar y retratos familiares que tenía que seguir abrazando.”

“Tengo una foto de mi tío que está al lado de una pared, con un huecazo en el medio, que fue raíz de una bomba que tiraron en su estudio jurídico. Y la figura de él está de pie y sonriente, con una sonrisa tan pícara. Y es la misma sonrisa que después tiene mi abuelo en otro retrato. Todo lo que me llega a mi es que eran muy buenas personas”

Parte de la familia Vaca Narvaja
Parte de la familia Vaca Narvaja (Gentileza)

A pesar de haber sido muy golpeados por el terrorismo de Estado, Santiago describe a los Vaca Narvaja como familia que milita el amor, con diversidad de pensamientos que tiene una conexión en el orden de lo popular. “La acefalía que estos siniestros y miserables quisieron hacerles sufrir con el secuestro y fusilamiento de los dos hombres más longevos de la familia, la sortearon desde el amor. 26 miembros de mi familia sobrevivieron en el altillo de la cancillería esperando el asilo político en México. Fue una película de terror, pero a mí me llegó como una película de aventuras, con mucho amor. Esa herida no es como una carga, sino como una responsabilidad de seguir buscando, de seguir estos cuentos de amor y estas películas de aventura”.

Ante los discursos negacionistas, Santiago dice: “Este tipo de discursos que pretenden separarnos más que juntarnos, que quieren hacernos creer que es inviable que todos tengamos acceso a lo mismo, a nivel económico, cultural y político, siempre van a existir, y mi convicción está atada a demostrar lo contrario. No hay película que no sea así: siempre es el bien versus el mal, y yo elijo estar del lado del bien. Los discursos de odio no van a dejar de existir, pero tampoco van a dejar de existir los discursos de amor. Yo creo que seguimos con fuerza y lo haremos siempre, no nos van a quitar eso.”

La familia Vaca Narvaja aún continúa con la firme esperanza de encontrar los restos de Miguel Hugo padre, el abuelo de Santiago.

Miguel Hugo (p) junto a su esposa, Susana Yofre, en el casamiento de su hijo Miguel Hugo y Raquel Altamira.
Miguel Hugo (p) junto a su esposa, Susana Yofre, en el casamiento de su hijo Miguel Hugo y Raquel Altamira. (Gentileza)

La paz fundada en la memoria

Para Santiago Reyes, la necesidad hoy está puesta en continuar transmitiendo los mensajes de memoria, verdad y justicia, y de mantener la presencia de los desaparecidos en la generación de los más jóvenes. “Capaz no hace falta militar en un partido político pero sí sentarte y charlar con tus amigos, con tu círculo, con la gente de la facu, con quien sea que tengas alrededor. Es importante hablar de política. El bienestar viene de un conjunto de lo colectivo. Es tomarlo como bandera y decir “si yo quiero vivir mejor, ¿qué puedo hacer para vivir mejor?” dice Santiago.

Como trabajador de la industria audiovisual, Santiago Vaca Narvaja reconoce en estos espacios un lugar donde puede volcar parte de esa responsabilidad e influencia que lo habita, no como un deber ser, sino con una conciencia de no dejar de creer en una sociedad más justa y equitativa. Promueve “decirle a toda la juventud, que está más cercana al olvido, que había una juventud que quería cambiar el mundo”.

Ambos reconocen una necesidad común: continuar con la línea de Abuelas e Hijos asistiendo a las marchas, conversando con los pares sobre lo sucedido, pero también habitar los nuevos formatos; así como también los espacios de educación pública, de cultura, de cine, libros, teatro y música. Colocar una rosa roja los 24 de marzo, leer un poema, un texto o un libro de historia.

“Decir esto no estuvo bien, fue terrorismo y encima de parte del Estado, que es el que se supone que nos tiene que cuidar a todos, porque capaz nosotros lo vemos muy lejano, pero puede volver a suceder, más en estos tiempos tan extremos” afirma Santiago Reyes.

“Hay que seguir refundando los símbolos que son un gran vehículo para la memoria y habitar esos formatos desde el amor, no desde el odio”, en palabras de Santiago Vaca Narvaja.