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Los “sí” de Sonia Torres

Ella, con la intuición que el dolor a ciegas había hecho crecer en su corazón de madre, convirtió a la respuesta en un sí. En un sí definitivo: su nieto está en este mundo.

06 de marzo de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Los “sí” de Sonia Torres

El país se había vuelto un impene­trable muro de silencio. Todas las puertas que alcanzaban a entreabrirse, todas las respuestas que inten­taban balbucear algo, se cerraban con un no. "No le recibo más ropa porque acá no han estado sus hijos; es una equivocación", le dijeron a Sonia Torres en la cárcel de barrio San Martín, una mañana de aquel otoño de la gran desolación, hace casi 40 años.Sus hijos eran Silvina Parodi y, por extensión, su esposo, Daniel Orozco. Habían sido secuestrados la tarde del 26 de marzo de 1976 y la joven de 20 años estaba embarazada de seis meses. Sonia, siguiendo el impreciso rastro de algunas señales, había llevado hasta la vieja Penitenciaría, entre otras cosas, un moisés y ropa para un bebé que no estaban cuando le devolvieron lo demás. "Se perdieron en el ­depósito", le mintieron. Ella, con la intuición que el dolor a ciegas había hecho crecer en su corazón de madre, convirtió a la respuesta en un sí. En un sí definitivo: su nieto está en este mundo."Fue un poco de alegría para mitigar tanto dolor", dijo hace casi tres años, cuando declaró en el juicio por los crímenes cometidos en La Perla. A las palabras y al momento, los trajo de regreso a la sala de audiencias el fiscal Facundo Trotta, el miércoles pasado, cuando expuso su conmovedor alegato sobre los secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones que sufrieron Silvina y Daniel, y el robo del hijo de ambos.En el aire, podía sentirse la espesura del tiempo que se ha cargado de una larga espera y que acude a dar a la luz uno de esos instantes con sentido histórico: a cuatro décadas de aquella tremenda escena en una casa de Alta Córdoba, uno de los instrumentos de la Justicia argentina, la Fiscalía, presentaba esta historia ante los jueces.Y allí sentada, atravesando una vez más los instantes del suplicio, mirando la sonrisa de Silvina en la eternidad de una foto, estaba Sonia Torres, la presidenta de las Abuelas cordobesas. Sobre el intenso y firme azul de su saco, en la solapa del lado del corazón, tenía prendido el pañuelo que identifica a esas valerosas mujeres argentinas, madres y abuelas. A su izquierda estaba el gobernador, Juan Schiaretti; a su derecha, el ministro de Justicia de la provincia, Luis Angulo (y junto a Schiaretti, su esposa y funcionaria, Alejandra Vigo). El gesto no podía ser más contundente: en la figura de la máxima autoridad de la Provincia estaba representado el respaldo de la institución política a la búsqueda de una Justicia que pueda poner tanto espanto, tanto crimen y tanto dolor al amparo de la claridad, no sólo ante los cordobeses que los padecieron –y aún padecen sus ­interminables consecuencias–, sino ­también, y en especial, como legado a los que vendrán.Fue la misma Sonia Torres la que le pidió a Schiaretti (expresó con lágrimas su emoción) que la acompañara en el trance. "La presencia del gobernador ­implica una enorme diferencia con lo que vivíamos 40 años atrás", diría ella ­después."En un principio, no pensábamos que íbamos a lograr esto, después de todo lo que pasó, de las leyes de Punto Final y tantas cosas. Soy una pequeñísima parte de un organismo que es Abuelas. Soy como cualquier madre a la que le quitaron su ­hijo y su nieto".Sonia Torres es un inmenso símbolo. Se dice una "privilegiada" por haber cosechado tanta solidaridad, tantos amigos en esa lucha de cuatro décadas a la que no le ha quitado el cuerpo ni un solo día. Tiene 87 años y sostiene que va a vivir hasta que encuentre a su nieto. Lo afirma con una convicción brava pero suave en sus modos; con esa sonrisa que no se cansa de corregir los rastros que el cansancio o el dolor dejan en su cara; con esa mirada que ofrece paz mientras busca la suya. El camino hasta su nieto también está atravesado por un muro de silencio, por la obstinación del no. Pero hay tantos "sí" que su corazón de madre y abuela han hecho florecer en los momentos más yermos, que se anima a presentir el último.