Los jueces y el santo temor de Dios
Macri quiere armar un fideicomiso para las empresas que tenía antes de acceder a la función pública. Los Kirchner nacieron al mundo empresarial desde la presidencia y a causa de ella.
Bien que forzado por las circunstancias, el anuncio del presidente Mauricio Macri sobre la creación de un fideicomiso ciego para la administración de su patrimonio durante su ejercicio como funcionario debe ser bienvenido por quienes han venido reclamando mejores estándares para la ética pública. Es un precedente valioso que ya no podrá ser desconocido por sus sucesores.
Macri reaccionó tras el requerimiento de instrucción presentado por el fiscal federal Federico Delgado para determinar si el Presidente omitió maliciosamente declarar su participación en una sociedad inscripta en un paraíso fiscal.
Horas después, su antecesora, Cristina Fernández, fue imputada en la causa por lavado de dinero en la que se investiga a Lázaro Báez.¿Han quedado los dos últimos presidentes argentinos ubicados en situación de paridad frente a las averiguaciones de los jueces federales? La cuestión puede ser analizada al menos desde dos puntos de vista. El primero atañe exclusivamente al ámbito de las responsabilidades legales. Desde la perspectiva jurídica, Macri será investigado por la presunta omisión que advirtió el fiscal Delgado. Cristina tiene más de una imputación y por la supuesta comisión de delitos más graves. El miércoles está citada en el juzgado de Claudio Bonadio por las maniobras pergeñadas durante su gestión y desde el Banco Central para la venta de divisas subvaluadas. Sin embargo, las complicaciones son mayores en otras dos causas que tienden a converger.En una de ellas, se investiga el circuito de retornos supuestamente pagados por Báez a Cristina mediante la contratación millonaria de habitaciones en los hoteles patagónicos de la familia Kirchner. Es la denominada "causa Hotesur".En otra, conocida como "la ruta del dinero K", el testimonio del valijero arrepentido Leonardo Fariña ha revelado que esos dineros turbios habrían sido lavados en la financiera conocida como La Rosadita, donde el hijo de Báez aparecía contando millones de dólares en los años astringentes en los que el resto de los argentinos lidiaba con las restricciones del cepo cambiario.A Cristina la complican especialmente estas causas que marchan, por ahora, en paralelo, aunque tiendan a cruzarse tan pronto como los jueces adviertan que los actores públicos y privados en los delitos investigados son los mismos.¿Pudo Cristina haberse protegido con un fideicomiso ciego como el que inauguró Macri? Es inútil que sus seguidores se planteen ese ejercicio de ucronía. Macri puede armar hoy un fideicomiso para administrar las empresas que tenía desde antes de acceder a la función pública. Los Kirchner nacieron a la prosperidad del mundo empresarial durante su estadía en la presidencia y a causa de ella. La segunda perspectiva es de índole política. ¿Están igualmente dañados Macri y Cristina después de las imputaciones de sus respectivos fiscales? El actual presidente no ha salido ileso del escándalo Panamá Papers. Se le ha criticado la demora de su acción declarativa de certeza sobre lo actuado en las sociedades offshore de su padre. Sin embargo, aún parece contar ante la opinión pública con el beneficio de la duda, a la espera de esas definiciones judiciales.Cristina viene de una larga historia de conflictos con la Justicia, a la que intentó controlar al punto de acumular el deshonroso récord de haber impulsado leyes con ese objetivo, que luego fueron declaradas inconstitucionales por la misma Corte Suprema de la que el kirchnerismo se ufanó de renovar con personalidades probas.Ahora en el llano, sólo sus seguidores más cercanos se oponen a que rinda cuentas ante los tribunales en la misma condición que implicaría a un ciudadano común.Por otra parte, su liderazgo partidario está cuestionado por el fracaso de la estrategia de resistencia confrontativa que ordenó desde su abandono del poder.El peronismo –que ya no sabía dónde ubicarla, para que no estorbe, antes de las actuales complicaciones judiciales– ahora protagoniza un debate en las sombras de la subrepción: ¿el desprestigio provocado por las causas de corrupción en las que está involucrada Cristina terminará clausurando la posibilidad de una recuperación temprana del justicialismo tras la última derrota electoral?En su momento de gloria, la expresidenta arengaba a sus funcionarios contra los jueces recomendándoles que sólo debían temer a Dios. Y a ella, un poquito. Muerto en las urnas ese escalafón del miedo, ahora los jueces tal vez rezan, pero seguro preguntan. La única variable táctica de aquellas que propuso Cristina que aún podría verificarse sería una profundización de la crisis económica que sembró con esmero. Y es el único temor de Macri.

