Lo que mostró cada candidato en el debate
Estuvieron estructurados, sin agresiones, reprochando la ausencia de Scioli. Macri mostró gestión. Massa, sólido en propuestas. Stolbizer, auténtica. Del Caño, coherente. Rodríguez Sáa, sin propuestas concretas.
Más allá de la saludable novedad, lo más sonoro del primer debate presidencial de la historia que reunió en la noche del domingo a cinco de los seis candidatos alrededor de varios temas básicos que hacen al futuro de la Argentina fue la ausencia de la voz de Daniel Scioli.
Y no porque sus contrincantes hayan hecho maravillas dialécticas en sus intervenciones o hayan mostrado cartas sorpresivas, sino porque la defección del candidato oficialista le pegó muy fuerte a quienes buscaban tener un término de comparación homogéneo entre todos.
En general, a este primer debate se lo podría criticar por haber sido muy estructurado a la hora de seguir una rutina de la que casi ninguno quiso salirse, pero obviando la mecánica resultó ser un saludable ejercicio democrático que careció de agresiones, justamente una de las excusas que usó el gobernador bonaerense para no asistir.
Pese a algunos momentos de cierto vuelo propositivo, los cinco candidatos presentes abusaron demasiado de los "hay que…", que sonaron repetitivamente más a expresiones de deseos que a explicaciones que incluyeran un "cómo".
El candidato Nicolás del Caño resultó ser el más coherente con sus ideas, aunque se lo notó muy cerrado ideológicamente a la hora de escuchar las propuestas de los demás.
Por su parte, Adolfo Rodríguez Saá lució como el más pobre en cuanto a sus propuestas y, pese a su experiencia, se pareció más a un partenaire que a un futuro Presidente.
En cambio, como gobernante de un distrito tan importante como es la Capital Federal, Mauricio Macri fue el único que pudo aprovechar la situación para anclar su discurso en la gestión y en esos pasajes se mostró más que ningún otro con segura vocación presidencial.
En tanto, Sergio Massa estuvo muy sólido a la hora de mostrar propuestas y logró un gol de impacto cuando prefirió hacer silencio en el tramo que le correspondía a Scioli, mientras que fue el autor de una de las pocas chicanas de la noche, cuando trató de incomodar a Macri en el rubro contrataciones, juego que éste desactivó.
Por último, Margarita Stolbizer fue quien mejor mostró su autenticidad, se salió del libreto de los otros y le agregó sal y pimienta a la noche, ya que fue quien más salió con los tapones de punta contra la corrupción, poniendo además por delante la necesidad de generar acuerdos entre todos.
Está claro que, como candidato oficialista, Scioli no podía hacerse cargo de explicar cómo va a hacer para arreglar desde diciembre mismo un modelo que se ha ido descascarando con los años, ni hablar de los precios, ni del cepo, ni de la pobreza, ni de la corrupción, pero aun entendiendo ese punto, la falta de respeto a los ciudadanos fue el mayor de todos sus pecados. En situaciones en las que siempre se trata de saber quién ganó y quién perdió en el tironeo de temas o en la consistencia de las propuestas, lo más simple sería decir que quien más perdió fue el candidato ausente.
Sin embargo, al final de la noche la gran perdedora parece haber sido toda la ciudadanía interesada, la que quedó huérfana de comparación. Y aunque es probable que la factura hacia el candidato no sea tan grande porque el rating quizás no fue masivo, sería mucho peor si éste fue su cálculo a la hora de decidir la no asistencia.

