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La sombra de Santiago Maldonado

25 de agosto de 2017 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La sombra de Santiago Maldonado

“Es una angustia brutal que me quiebra la voz. No puede ser que, después de 40 años de lucha, tengamos que salir a pedir la aparición con vida de un joven”.

En estos días, cada vez que regresa a su casa Sonia Torres busca noticias sobre Santiago Maldonado, el joven que desapareció el 1° de agosto. Han pasado más de tres semanas con su rastro extraviado. Testigos lo vieron en la comunidad mapuche, en Chubut, cuando se desató una represión de Gendarmería.

Ayer, a pedido del Ministerio Público Fiscal, la carátula de la causa fue cambiada a “desaparición forzada de persona”. La nueva calificación asume la gravedad de la situación.

La sombra de la desaparición de Santiago opaca el ánimo de la celebración del primer aniversario de la histórica y luminosa sentencia por los crímenes cometidos en La Perla y otros centros clandestinos de detención.

Por eso, esta tarde, incluso, habrá una marcha hasta Tribunales federales, en el parque Sarmiento, y allí, un festival.

Las voces consultadas para evocar el significado del final de la megacausa han dejado constancia de lo perturbador que resulta el caso, a la luz de la traumática experiencia argentina sobre la que ha costado décadas acercar la redención de la Justicia.

Para el juez Jaime Díaz Gavier, presidente del tribunal de la megacausa, la desaparición de Maldonado “puede estar señalando la subsistencia de una concepción represiva que está siempre larvada en las fuerzas de seguridad”. Y esa concepción, sostiene, “es violatoria de los derechos humanos, justamente los que se deben preservar por encima de todo, porque de otra manera es imposible imaginar una sociedad civilizada. Podemos disentir y discutir, pero sabiendo que no nos vamos a matar porque pensemos distinto”.

Hace unos pocos meses, cuando el fallo de la Corte Suprema de Justicia planteó el dos por uno para los represores condenados, una gran reacción popular le puso límites a la medida. Se expresó en las calles y en las encuestas, que indicaron que un 85 por ciento de argentinos rechaza la posibilidad de que atroces criminales quedaran en libertad.

El 10 de mayo fue uno de esos días señalados en la conciencia argentina y en la memoria de las calles. A veces, las convicciones de los pueblos son capaces de estremecer: el terrorismo de Estado y sus fantasmas deben ser despejados para siempre de nuestro horizonte.

Eso es la certeza y la esperanza a la que se aferra este aniversario, al mismo tiempo que la inquietud por la suerte de Santiago comienza a convertirse en zozobra.